May oculta qué hará si el Parlamento no aprueba su acuerdo con Bruselas

Su campaña para lograr el voto causa extrañeza por su alejamiento de Westminster


londres / colpisa

En la comedia humana del brexit la protagonista, Theresa May, ha acuñado un papel por el que será recordada. Refrescada en las montañas de Snodownia, en el norte de Gales, decidió tras la Semana Santa de 2017 convocar unas desastrosas elecciones para ampliar su mayoría, en cuya campaña fue bautizada como «maybot», un robot adiestrado para repetir incesantemente que el país necesitaba un Gobierno fuerte y estable.

Ahora, cuando se juega con más certeza su posición y su reputación, «maybot» ha sometido a los diputados de un comité de la Cámara de los Comunes al tormento de pasar la mañana haciendo preguntas sobre las alternativas posibles en caso de que su acuerdo con el Consejo Europeo sea rechazado, y que rebotasen en May: «Yo estoy centrada en lograr que se apruebe este acuerdo...».

Los puntos suspensivos son el resumen de los intentos de May de recitarles a los miembros del Parlamento su completa explicación de las virtudes de lo logrado, repetida con mínima variación en los últimos días. «Ya lo hemos leído, gracias», le interrumpía uno para insistir en las alternativas. «Sí, pero lo que yo quiero saber...», le decía otra diputada.

La laborista Yvette Cooper inició su pregunta recordando a la primera ministra que se conocen de antiguo. Han ocupado carteras opuestas en el Parlamento y es notorio que no se caen bien. «Conociéndola desde hace 20 años, simplemente no creo que sea usted una persona que, si se rechaza su acuerdo, vaya a llevar al país fuera de la UE sin acuerdo. ¿Me equivoco?», le preguntó.

«La decisión sobre el acuerdo ha de tomarla el Parlamento y en lo que yo estoy concentrada...». May frustró a todos negándose a ofrecer a los diputados, en un momento tan importante para la vida del país, qué planes tiene en el caso de que su acuerdo sea rechazado. Forma parte de alguna estrategia diseñada para ganar el voto y encaja bien en su personalidad.

Nick Clegg, viceprimer ministro en el Gobierno de coalición de David Cameron, salía de las entrevistas con la entonces ministra de Interior sin saber si estaban de acuerdo. Es muy reservada, socialmente rígida. La primera decisión que le forzó su asesor más importante en su ascenso a la cima del poder fue que dedicase al menos una hora semanal a tratarse con sus correligionarios en el Parlamento.

Los cronistas no entienden qué trama. En una campaña en la que el electorado son los diputados, otros líderes hubiesen pasado mucho tiempo en el salón de té de Westminster, halagando a los que se le acerquen, contando chascarrillos sobre Michel Barnier, midiendo apoyos y rechazos, convenciendo a tan sofisticados votantes. Pues no. May vuela a las naciones británicas, habla con ciudadanos convocados para la foto con ella y se va ahora a Argentina por la obligación de estar en la cumbre del G20. Y logra que el primer ministro de Japón o el Financial Times [«con reticencia»] se expresen en favor del acuerdo.

El colofón será un debate con Jeremy Corbyn. Pugilistas con historial, promueven su combate con una divergencia sobre qué televisión debe acogerlo, la BBC (May) o ITV (Corbyn). El argumento del laborista es que la audiencia será más diversa, o sea más suya, porque en ITV llegaría antes del episodio final de Supervivientes, mientras que en la BBC se plantaría en hogares sentados para ver la nueva serie de vida animal de David Attenborough.

Barnier asegura que no habrá renegociación

c. porteiro

El acuerdo de retirada del Reino Unido no se renegociará, advirtió ayer Michel Barnier tras comparecer en la Eurocámara y pasar revista al resultado de las negociaciones. Para aplacar la insistencia de la bancada eurófoba, el francés puso tierra de por medio y lanzó un mensaje al promotor del divorcio, Nigel Farage. «La UE nunca quiso el brexit. Hasta la fecha nadie ha podido demostrar su valor añadido. Dadas las circunstancias este es el el mejor y el único acuerdo posible», le recordó afeándole su visión de las negociaciones. «Aquí no hay vencedores y vencidos. Todos perdemos». En contra de la tónica habitual, el eurófobo británico no cargó tintas contra la UE sino contra la primera ministra, Theresa May, a quien acusó de dejar vendido a su país. «Reino Unido será rehén de la UE durante muchos años. Es el peor acuerdo de la historia del país», aseguró antes de advertir a la Eurocámara de que el texto de retirada será rechazado «por amplia mayoría» en Westminster.

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