El motín en Downing Street gana adeptos

Gove lidera un grupo de cinco ministros que intentan torpedear el pacto del «brexit» como sea


redacción / la voz

El primer golpe en la mesa de Theresa May para contener la rebelión de sus propios compañeros conservadores dio resultado. La sangría de críticos se limitó a cuatro bajas. Pero la victoria fue pírrica. Mientras Jacob Rees-Mogg intenta reunir a los 48 diputados necesarios para activar la moción de censura interna contra la primera ministra, Michael Gove, uno de los eternos opositores a May, lidera desde dentro del Ejecutivo un grupo de cinco ministros dispuestos a torpedear a cualquier precio el pacto del brexit en marcha.

La facción más euroescéptica del Gobierno británico presiona a May para que trate de modificar el acuerdo al que ha llegado con Bruselas y urgen a la jefa del Ejecutivo a que vuelva a la mesa de negociaciones con la Unión Europea, una opción que ella ha descartado.

El primero de los objetivos de los críticos de May es que renegocie el mecanismo de seguridad pactado para que no se levante una frontera en Irlanda del Norte.

El grupo de ministros euroescépticos quiere que el Reino Unido pueda romper unilateralmente esa cláusula en caso de que una vez termine el período de transición del brexit, en diciembre del 2020, Londres y Bruselas aún no hayan llegado a un acuerdo comercial que permita una aduana fluida entre las dos Irlandas.

Esos tories amenazan con votar en contra del pacto cuando se presente en el Parlamento británico si en la cumbre extraordinaria convocada en Bruselas el próximo día 25 para ratificar el borrador no se modifica el texto que define los arreglos para Irlanda del Norte.

Dudas sobre los apoyos

A pesar de que el sector crítico del Gobierno mostró ayer su respaldo a May, se mantiene la amenaza de que suficientes diputados del Partido Conservador inicien una moción de confianza contra su liderazgo. Más de una veintena de tories han reclamado ya esa votación y en los próximos días se podría llegar a las 48 peticiones necesarias -el 15 % de los diputados conservadores en el Parlamento-. Según algunas fuentes, la cifra se alcanzará la próxima semana, ya que habría al menos 70 dispuestos a enviar la carta contra May.

La primera ministra recalcó que su objetivo es ahora «finalizar» el acuerdo de salida acordado con Bruselas y «ejecutar un brexit que funcione para todo el Reino Unido». «La gente dice: ‘Si pudiera usted hacer las cosas de forma algo distinta y apostara por un modelo como el de Noruega o el de Canadá, este problema de la cláusula de seguridad (para Irlanda del Norte) desaparecería. Pero no desaparecería. El problema va a seguir estando ahí», dijo la jefa de Gobierno.

«Este no es el pacto ideal para todo el mundo, eso nunca lo vamos a conseguir», admitió May, que insistió en que es el mejor que podía ser negociado. «No mandaremos más enormes sumas de dinero a Bruselas, acabaremos con la jurisdicción del Tribunal de Justicia Europeo, saldremos de la política agraria común, de la política comunitaria de pesca, de la unión aduanera y del mercado único», dijo la jefa de Gobierno.

May, que fue ministra de Interior entre el 2010 y el 2016, resaltó además que el acuerdo pondrá fin a la libre circulación de personas entre la Unión Europea y el Reino Unido. «Durante seis años, como ministra de Interior, hice todo lo que pude para reducir la inmigración, pero tenía una mano atada a la espalda, porque no podía hacer nada sobre la gente que viene de la Unión Europea. Ahora podemos. La libertad de movimiento acaba», afirmó esgrimiendo esta baza como uno de los puntos fuertes de su plan.

Hasta los laboristas rompieron ayer su equidistancia para reclamar una renegociación de las condiciones de divorcio, aunque tampoco consiguieron demasiados avances.

Theresa May desplegará la próxima semana su energía para convencer a los británicos de que su acuerdo con Bruselas representa «el interés nacional», mientras le persigue el veredicto de Camilla Cavendish, colaboradora del ex primer ministro, David Cameron, en el Financial Times: «La cualidad que más se admira en la señora May es la misma que puede arruinar al país: su rechazo a cambiar de dirección».

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