Las cumbres iberoamericanas, más de un cuarto de siglo de turismo político-diplomático

La XXVI Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada la pasada semana en la ciudad de Antigua (Guatemala), como las 25 anteriores, pasará a la historia de las relaciones internacionales con más pena que gloria. El debate sobre los gravísimos problemas que, directa o indirectamente, afectan a todos los convocados a este foro político-diplomático, brillo por su ausencia.


A CORUÑA

El lema del encuentro sonaba bien: «Una Iberoamérica próspera, inclusiva y sostenible». Según cuentan las crónicas del evento, todo se quedó en pura retórica diplomática. La crisis migratoria en todo el continente, sin precedentes en la historia de la región, la deriva autoritaria de Nicaragua y la de Venezuela, agravada en el caso venezolano por una atroz crisis humanitaria, pasaron prácticamente inadvertidos a la hora de los pronunciamientos oficiales de los 22 países representados, 14 de ellos ellos por sus respectivos jefes de Estado o de Gobierno.

A ello contribuyeron, en buena medida, las anunciadas ausencias de Mauricio Macri (Argentina), Sebastián Piñera (Chile), Iván Duque (Colombia) y Nicolás Maduro (Venezuela), así como  la del nicaragüense Daniel Ortega, que a última hora optó por no acudir.

Tampoco estuvo presente el nuevo mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, quien optó por descansar de su primera gira como gobernante de Cuba que, en busca de alianzas, lo ha llevado a geografías bien distantes de América Latina,  con Rusia, China, Corea del Norte, Vietnam y Laos. La suya era una ausencia más que previsible: el Jefe de Estado de Cuba no participa en una de estas citas desde la celebrada el 2000, cuando durante la Cumbre de Panamá Fidel Castro denunció una trama para atentar contra su vida en la que estaba implicado el presunto terrorista Luis Posada Carriles.

No faltaron Pedro Sánchez que se estrenaba en este foro  y Felipe VI quienes echaron mano de los clásicos tópicos de «defender los valores de la democracia frente al autoritarismo» y «el respeto a la diversidad, la solidaridad y el encuentro», sin hacer ninguna referencia explícita a las dictaduras de Venezuela o Nicaragua, como le reclamaban sus víctimas. El presidente del gobierno español tampoco aprovechó  su presencia en la región para explicar el bochornoso papel que su antecesor, Rodríguez Zapatero, está jugando en la crisis venezolana. Un Rodríguez Zapatero que en la cumbre de 2007 celebrada en Chile ya dio muestras de sus especiales dotes de templagaitas en el rife-rafe protagonizado por Chávez y el hoy rey emérito con aquel «por qué no te callas», que había acaparado más titulares que toda la cumbre.

Del combo bolivariano solo acudió el boliviano Evo Morales quien en su discurso ante el pleno no hizo ninguna referencia a sus socios venezolano y nicaragüense, prefirió centrarse en la crisis migratoria y en la lucha contra el cambio climático, «consecuencia -dijo- del consumismo y del capitalismo».  No se olvidó de criticar a EE.UU. por ser «el país que más contamina del mundo» y haber abandonado los objetivos del planeta para luchar contra el cambio climático.

La secretaria general iberoamericana, Rebeca Greenspan, principal responsable de la organización del evento, calificó la cumbre como la más exitosa en la última década de las cubres de este tipo, gracias a dos situaciones: La asistencia de los países miembros y el contenido de la discusión.

La declaración final suscrita por los representantes de los 22 países convocados recoge los compromisos tan etéreos como:  Promover la inclusión de las personas con discapacidad, no tolerar la violencia contra las mujeres, fortalecer los mecanismos permanentes de diálogo y concertación de los pueblos indígenas, reconocer la contribución de los Laboratorios de Innovación Ciudadana en la producción de soluciones innovadoras para el cumplimiento de la Agenda 2030, avanzar hacia una agenda común iberoamericana de migraciones.

Estas cumbres, cuyo origen se remonta al año 1991. siempre han sido una excelente oportunidad para practicar el turismo político-diplomático con cargo al erario público de los respectivos países participantes. La anterior fue en Cartagena de Indias. En el 2005 se congregaron en Salamanca y para el 2020 -a partir de 2014 se convirtieron en bianuales- se han citado en Andorra la Vieja.

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