Camboya hace justicia al condenar a dos líderes de los Jemeres Rojos por genocidio

Nuon Chea y Khieu Samphan, altos dirigentes de los Jemeres Rojos, fueron condenados por genocidio a cadena perpetua


SHANGHÁI / COLPISA

No todos los dictadores y genocidas mueren plácidamente en sus camas. Algunos son juzgados y condenados antes. Los dos últimos, ayer en Camboya. Nuon Chea y Khieu Samphan, altos dirigentes de los Jemeres Rojos, fueron condenados por genocidio a cadena perpetua en un juicio que muchos comparan con el de Núremberg. Su sentencia llega con casi cuatro décadas de retraso y no se traducirá en una condena demasiado larga, porque tienen 92 y 87 años respectivamente, pero ayuda a que el país asiático cicatrice las profundas heridas infligidas entre 1975 y 1979 por uno de los regímenes más sanguinarios del siglo XX.

Con Pol Pot al frente, este movimiento maoísta acabó con la vida de al menos 1,7 millones de personas, casi un tercio de la población camboyana. El «hermano número uno» falleció antes de enfrentarse a un tribunal internacional, pero el «hermano número dos» y el ideólogo del régimen han vivido suficiente como para escuchar cómo ayer el tribunal los consideraba culpables de genocidio, un cargo que se suma al de crímenes de lesa humanidad por el que ya habían sido condenados a la misma pena de ayer en el 2014.

Nueva definición

Esa nueva definición de genocidio, nunca antes utilizada en Camboya, es relevante porque se prueba que, tal y como está definido el término, los Jemeres Rojos trataron de exterminar a grupos concretos por su nacionalidad o etnia. Concretamente, Nuon Chea fue condenado por los crímenes cometidos contra la minoría musulmana cham y contra la comunidad vietnamita del país, mientras que Khieu Samphan recibió su sentencia solo por los crímenes contra los vietnamitas, ya que el tribunal consideró que su rango no era suficiente como para poder haberlos impedido.

Muerte masiva de civiles

Según diferentes analistas mencionados por la BBC, alrededor del 36 % de los 300.000 habitantes de la etnia cham fueron asesinados durante el régimen de los Jemeres Rojos. Por su parte, la comunidad vietnamita fue deportada -aunque sus integrantes hubiesen nacido en Camboya y tuviesen esa nacionalidad-, y los 20.000 miembros que decidieron quedarse fueron aniquilados. Según el tribunal, los condenados «propiciaron, incentivaron y legitimaron las políticas criminales que resultaron en la muerte masiva de civiles». Además, los responsabiliza de las constantes torturas que sufrían sus víctimas y que detalló a fondo.

«Los prisioneros eran llevados a las salas de interrogatorio esposados, con grilletes en los pies y con los ojos tapados. Allí se les torturaba con varas de bambú, piedras, y cables eléctricos. Se les sometía a descargas eléctricas, asfixia, y a la extracción de uñas de los pies y de las manos. Finalmente, muchos eran ejecutados bajo las órdenes de altos mandos como Nuon Chea», afirmó el juez Nil Nonn en referencia a las víctimas del régimen que pasaron por la tristemente famosa prisión de Tuol Sleng, que ahora se ha convertido en un museo que recuerda la barbarie de aquella época para evitar que se vuelva a repetir.

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