Angela Merkel visita Chemnitz, la zona cero de los ultras, con tres meses de retraso

La canciller reivindicó su política migratoria en uno de los feudos del AfD y admitió que «los errores se cometieron antes del 2015»


BERLÍN / E. LA VOZ

«Estoy convencida de que tenemos que acercarnos a la gente para explicarles nuestra gestión, si no queremos perderles aún más». Así se expresaba ayer la alcaldesa de Chemnitz, la localidad que se convirtió en escenario de una ola de protestas ultraderechistas el pasado agosto, tras la muerte de un alemán de 35 años presuntamente a manos de inmigrantes. La xenofobia es habitual en todo el este del país, donde los ciudadanos se sienten víctimas de una reunificación que jamás llegó a completarse. Pero la solución no es «observar de modo estupefacto casi desde hace tres años», como la socialdemócrata Barbara Ludwig cree que ha hecho Angela Merkel.

La canciller germana pisaba Chemnitz ayer, casi tres meses después de las imágenes que mostraban a grupos de ultras dando caza a extranjeros y que activaron las alarmas tanto dentro como fuera de Alemania. Era de esperar que la jefa del Gobierno hubiera venido rápidamente para hacerse su propia imagen de la situación, opinan Ludwig y otros representantes de la ciudad ubicada en el estado federado de Sajonia, donde el partido xenófobo AfD fue el más votado en las elecciones regionales del 2017. Sin duda, era una visita incómoda para Merkel, que decidió posponerla, según ella, para cuando «la situación se hubiera calmado un poco», a la vista de los constantes ataques contra locales judíos, persas y turcos.

Sin embargo, la canciller no solo se defendió a sí misma, sino sobre todo su política migratoria. «Los errores no radicaron en ayudar a los refugiados a corto plazo. Se cometieron antes del 2015, cuando no nos preocupamos lo suficiente por que los refugiados tuvieran una vida digna en sus países», declaró Merkel en un encuentro con unos cien lectores del diario local Freie Presse. Allí se tuvo que enfrentar a muchas preguntas relacionadas con su decisión de abrir la frontera, que le valió el apodo de nueva líder del mundo libre por parte de Obama. «¿Qué tipo de canciller habría sido si hubiera dicho que no podíamos superar el reto? Además, después no me quedé con las manos cruzadas», alegó.

La mandataria reiteró la importancia de la solidaridad europea y advirtió de que, pese a los esfuerzos, nunca será posible eliminar por completo la inmigración irregular. «Tenemos que reaccionar ante peticionarios de asilo que infringen la ley», respondió la canciller para calmar los ánimos, al ser cuestionada por una reciente violación colectiva en el suroeste de Alemania y por el asesinato de Chemnitz, ambos perpetrados supuestamente por extranjeros que tenían antecedentes y falsificaron su documentación. La canciller calificó los sucesos de «crímenes espantosos», aunque insistió en que no justifican los delitos durante las marchas ultras.

Merkel aprovechó su segundo viaje a Chemnitz desde el 2009, para instar a los ciudadanos insatisfechos a que se distancien de los xenófobos de extrema derecha. Casualmente, no muy lejos, grupos ultras se congregaban contra su política de acogidas.

La CSU bávara elegirá nuevo presidente el 19 de enero

Si las predicciones de Horst Seehofer se cumplen, 2019 será «el año de la renovación» para su partido. Así lo aseguró ayer el líder de la Unión Cristianosocial bávara (CSU), cuando en un escueto comunicado anunció que el 19 de enero dejará su cargo tras una década al frente de la formación hermanada con la CDU de Merkel.

Ese día la CSU celebrará un congreso extraordinario para elegir a su nuevo presidente, después del varapalo que recibió al perder en su bastión por antonomasia diez puntos en las elecciones regionales del 14 de octubre. «Las bases tendrán oportunidad suficiente para discutir cómo recuperar la confianza de la población», subrayó Seehofer.

El político de 69 años adelantó que el próximo 17 de diciembre la cúpula ejecutiva de la CSU se reunirá para preparar el congreso. Seehofer no hizo mención alguna a su futuro como ministro del Interior, aunque el lunes ya advirtió que tiene intención de mantener la cartera. «He tomado nota con respeto a su decisión y le agradezco los 10 años de intensa cooperación», escribió en Facebook la canciller. Ello, a pesar de que su socio más a la derecha en la gran coalición no ha dejado de criticarla por su política migratoria y de exigirle que endurezca el asilo desde 2015.

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