Bruselas ultima el castigo a Italia por sus presupuestos populistas

Holanda arremete contra el Gobierno de Conte y pide a la Comisión que intervenga


BRUSELAS / COLPISA

Ni un ápice. El Gobierno italiano se ha negado a mover las líneas maestras de su plan presupuestario, un decálogo de medidas de dudosa eficacia que ponen en peligro la salud de las finanzas públicas italianas y, por ende, de toda la zona euro. De nada han servido las reiteradas advertencias de Bruselas ni la amenaza de la apertura de un expediente que podría llegar en las próximas semanas. Italia seguirá adelante con sus cuentas y la Comisión Europea hará lo suyo: preparar el terreno para el castigo.

El ministro italiano de Economía, Giovanni Tria, comunicó a las autoridades europeas que no habrá marcha atrás. Italia apuesta por llevar el déficit al 2,4 % de su PIB. Un margen fiscal amplio para gastar a raudales con la excusa de atajar de forma «prioritaria y urgente» las dificultades sociales y los niveles de pobreza entre los ciudadanos.

La melodía suena bien, pero la letra ya se la conocen los expertos. El desvío significativo del déficit (Bruselas cree que llegará al 2,9 %) encarecerá la financiación del país en los mercados, endeudando y empobreciendo todavía más a los italianos.

Roma confía en que la economía del país se recupere mágicamente haciendo cuadrar el círculo entre el déficit y la deuda. Bruselas lo descartó el pasado 23 de octubre tras tumbar sus cuentas. Las autoridades comunitarias asisten inquietas al pulso desatado por el Gobierno de Giuseppe Conte. No es para menos. A pesar de las riñas internas de la coalición, la ultraderecha Liga y el antisistema Movimiento Cinco Estrellas van de la mano cuando se trata de plantar cara a la Comisión Europea.

La paciencia del Ejecutivo de la UE está llegando a su límite. El próximo 21 de noviembre pasará revista a los presupuestos nacionales, incluido el italiano. Bruselas ultima los preparativos para abrir el expediente al país por negarse a corregir la insostenible senda de la deuda (hoy en el 131.2 % del PIB). En los cuarteles de la Comisión escuece más la actitud pendenciera de las autoridades italianas que las propias cifras. Sienta un precedente muy peligroso. Más cuando se trata de la tercera potencia del euro, en pleno brexit y con el aliento de los eurófobos en la nuca a seis meses y medio de las elecciones europeas.

Los países, vigilantes

Las cancillerías siguen vigilantes ante un posible contagio en los mercados. Quieren evitar a toda costa que los delirios presupuestarios italianos acaben arrastrando al abismo a otras economías. El ministro de Finanzas holandés, Wopke Hoekstra, arremetió ayer furioso contra el Gobierno de Conte por su irresponsabilidad: «Estoy muy decepcionado. Las cuentas están desequilibradas. Este presupuesto es una violación del Pacto de Estabilidad», denunció antes de pedir a Bruselas que intervenga: «Le toca dar nuevos pasos», deslizó invocando la posibilidad de abrir un expediente urgente que puede derivar en sanciones de entre el 0,5 y el 0,8 % del PIB.

El ministro italiano del Interior, Matteo Salvini, respondió a su modo, desafiante y provocador: «Seguiremos adelante. En Bruselas seguirán mandándonos cartitas. Si quieren sancionar al pueblo italiano, lo han entendido mal», aseguró antes de reprochar las críticas de Bruselas:

«Nos faltan inspectores, los cascos azules de las Naciones Unidas y las sanciones contra Italia», deslizó con sarcasmo solo un día después de celebrar descorchando una botella de vino este último pulso a las autoridades de la Unión Europea.

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