América Latina, cunde la insatisfacción y el desencanto con la democracia

Solo un 48 % de latinoamericanos -un 5% menos que el año pasado- prefieren la democracia sobre otras formas de gobierno. Un 15% se decanta por un régimen autoritario. El 28 % se muestra indiferente. El apoyo a esta forma de gobierno disminuyó, un año más, en 14 de los 18 países de la región.


A CORUÑA

Este es el crudo mensaje que ha puesto de manifiesto por el Latinobarómetro 2018, un sondeo de opinión que anualmente realiza en 18 países la encuestadora Corporación Latinobarómetro, junto al Instituto para la Integración de América Latina y El Caribe (INTAL) y que fue presentado el pasado viernes en Buenos Aires.

De una lectura detenida de las datos de este estudio se desprende, de entrada, algunas conclusiones altamente preocupantes: las recientes elecciones presidenciales de México y Brasil -los dos mayores países del subcontinente americano- en las que han ganado de forma clara, contundente y legítima López Obrador, un candidato con postulados políticos de izquierda que ya lo había intentado antes, sin éxito, en dos ocasiones y Messías Bolsonaro, un esperpento de extrema derecha, que hasta hace no mucho era un perfecto desconocido, a pesar de llevar muchos años en política, no fueron el resultado de una borrasca pasajera, sino una evidencia clara de un cambio climático político que se está extendiendo con mayor o menor intensidad por todo el planeta.

En el caso concreto de Latinoamérica, desde  noviembre del año pasado, en nueve países se han celebrada elecciones en las que se han reelegido presidente o elegido nuevos. En aquellos donde aún rigen las normas democráticas más elementales, estas elecciones fueron libres e imparciales. En otros los ciudadanos pudieron votar pero no elegir. Ese fue el caso de Venezuela donde, en mayo, Nicolás Maduro. se reeligió en una votación manipulada y fraudulenta que casi nadie reconoció, pero ahí sigue.

No fue el único. La reelección de Juan Orlando Hernández en Honduras, en noviembre no fue  precisamente un modelo de transparencia y limpieza. En Cuba simplemente se transfirió el poder de un dictador a otro.

El desencanto político generalizado de los latinoamericanos,  según este estudio respaldado por 20.000 entrevistas, realizadas cara a cara entre el 15 de junio y el dos de agosto pasados, aparece estrechamente ligado a la insatisfacción, derivada del estado de la economía de los  distintos países. El crecimiento del PIB per cápita ha sufrido una baja abrupta desde la crisis financiera global en 2009. La economía de Venezuela ha implosionado y la de Brasil sufrió entre 2014 y 2016 una recesión sin precedentes.

Las preocupaciones económicas ocupan el primer lugar de las inquietudes de los ciudadanos en la mayoría de países. Solo en Venezuela más de la mitad de las personas dice que no tiene suficiente para comer. El promedio regional es de un 27%.

La delincuencia es la segunda principal queja, pero lidera la lista de preocupaciones incluso en algunos países relativamente seguros, como Chile y Uruguay. La corrupción es otro gran mal que percibe claramente la ciudadanía. Dieciocho ex presidentes y vicepresidentes han estado implicados en escándalos de este tipo en Argentina, Brasil, Ecuador y Perú. Esto ha derribado la credibilidad de las instituciones. Solo las fuerzas armadas y la Iglesia, que ya eran poderosas antes de que llegara la democracia en forma extensa, conservan gran respeto. La mitad de los latinoamericanos cree que todos o casi todos los presidentes y legisladores están involucrados en corrupción. La proporción de personas que piensa que las élites gobiernan para su propio beneficio ha aumentado firmemente durante la última década.

Cada vez más los votantes se desligan de la política. Por tercer año consecutivo, la cantidad de personas que dice que no va a votar por ningún partido político es mayor que la que indica que sí lo hará por uno.

La gente pobre está más alejada de la política que los ricos y la clase media. Los jóvenes son más escépticos que la gente mayor, lo que es de mal agüero para la democracia. Unos 200 millones de latinoamericanos con bajos niveles de educación, alrededor del 30% del total, son los votantes más proclives a arremeter contra los políticos y partidos establecidos, y a elegir a líderes que prometen resolver los problemas con una varita mágica, señala Latinobarómetro en una nota analítica que acompaña los resultados.

En Brasil, donde la satisfacción con la democracia es la más baja entre 18 países, la desilusión le abrió el camino a Jair Bolsonaro -un ex paracaidista que elogia la dictadura que se extendió de 1964 a 1985- para ganar la presidencia el mes pasado. Tuvo un fuerte apoyo de los brasileños con buena educación.

En aquellos países cuyos líderes están desmantelando la democracia, la ciudadanía la aprecia más. Aunque solo el 12% de venezolanos está contento con el modo en que funciona, el 75% prefiere la democracia a cualquier otro sistema. En Nicaragua, donde el régimen cada vez más dictatorial de Daniel Ortega ha reprimido las protestas desde abril, la satisfacción con la democracia cayó del 52% el año pasado al 20%, pero más de la mitad de las personas todavía respalda el sistema. Los prósperos Uruguay, Costa Rica y Chile, donde el imperio de la ley está relativamente bien establecido, son los países que están más satisfechos con el modo en que funciona la democracia.

La gran esperanza para apuntalarla recae en aquellos líderes que no aseguran que poseen varitas mágicas. Entre ellos cabe destacar a Lenín Moreno en Ecuador y Martín Vizcarra en Perú, quienes han emprendido campañas contra la corrupción. Sebastián Piñera, el Presidente de centroderecha de Chile desde marzo, está tratando de hacer reformas a la economía y programas sociales. El Presidente de centroizquierda de Costa Rica, Carlos Alvarado, derrotó a un cristiano fundamentalista y está tratando de arreglar el sistema tributario. Iván Duque, el Presidente conservador de Colombia, está empezando. Si tienen éxito, darán un impulso a los índices de aprobación de la democracia como también a los de ellos mismos.

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