Estados Unidos decide mañana si está harto de Trump o lo apoya

Los republicanos reducen su desventaja en los sondeos y lograrán retener el Senado


NUEVA YORK / CORRESPONSAL

A 24 horas de la cita con las urnas, mientras republicanos y demócratas se multiplican para convencer a los últimos indecisos, la pelea por cada asiento en la Cámara de Representantes, el Senado y las gobernaciones estatales está más abierta que nunca.

Los pronósticos actuales coinciden en que los republicanos perderán la mayoría en la Cámara de Representantes y se quedarán con el control del Senado. El propio presidente de EE. UU., Donald Trump, lo reconoció la semana pasada en un mitin en Virginia Occidental. «Puede ocurrir», dijo entre los lamentos de sus seguidores. La última encuesta que confirmó este escenario fue la publicada ayer en The Washington Post. Según los datos recabados por sus expertos, los candidatos demócratas liderarán la Cámara Baja con un 52 %, mientras que los republicanos se quedarán con el 44 %. La ventaja eso sí, se ha estrechado considerablemente a ocho puntos, desde los 14 de diferencia que se registraban en agosto.

Otro sondeo de NBC y The Wall Street Journal resalta que los progresistas lideran la carrera sobre los conservadores en cuanto a votantes registrados, siendo los primeros un 49 % y los segundos, un 43 %. La web especializada en sondeos FiveThirtyEight concede a los demócratas un 84,5 % de posibilidades de ganar la Cámara de Representantes, y a los republicanos un 84,7 % de mantener el Senado.

El presidente se agarra a la próspera situación económica para movilizar votos Cada partido tiene elementos a su favor en estos comicios: los demócratas cuentan con un repunte de la participación tras la apatía de su electorado en las dos últimas elecciones, las del 2014 y las del 16; los republicanos apuestan por el impacto de la figura de su líder, Donald Trump, y la próspera situación económica, con el porcentaje de desempleo más bajo desde los años sesenta. La ventaja demócrata puede ser engañosa dado el acusado descenso que han experimentado en las encuestas desde el pasado mes de agosto, cuando su ventaja se disparó hasta los 14 puntos, según la encuesta del Post y ABC News. Con todo, se espera que estos comicios sean los que registren un mayor índice de participación desde el 2006, cuando comenzaron a publicarse estos datos, con porcentajes que podrían llegar al 70 % de los votantes registrados. 

Desafío demoscópico

Las elecciones presidenciales del 2016 significaron un antes y un después en la manera de funcionar de las empresas de sondeos electorales, así como para los medios de comunicación. Las midterm se presentan mañana como una oportunidad para que las compañías se recuperen de los errores de cálculo y pronóstico que cometieron después no solo de no apostar por Trump, sino de, en algunos casos, dar a Hillary Clinton probabilidades de victoria superiores al 90 %. Según los expertos, una de las lecciones más importantes que aprendieron de aquellos cálculos es que el modelo de participación era mucho más importante de lo que se pensaba inicialmente.

En aquel momento, las encuestas no reflejaron con precisión el nivel de educación como una medida de quién iría a votar y esto, por ejemplo, fue fundamental en los estados de Míchigan y Pensilvania, donde ganó Trump a pesar de que los cálculos daban la victoria a la demócrata. A aquel tirón de orejas para las empresas de sondeos le siguieron muchos meses de estudio de cifras y perfiles al milímetro. Ahora los profesionales del sector creen que ha habido un cambio. «Algunos encuestadores a nivel estatal han cambiado su metodología para intentar no volver a caer en los errores del 2016. El sector ha cambiado», opina la directora de investigación del Centro Pew Courtney Kennedy.

El modelo de participación, el cambio de voto la última semana antes de los comicios, el tener en cuenta que el votante de Trump no siempre reconoce que lo es son algunos de los puntos que las encuestas actuales sí han tenido presentes en sus análisis.

Ocasio-Cortez aspira a convertirse en la congresista más joven del país
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Las mujeres se preparan para hacer historia en EE.UU.

Empujadas por una ola feminista que se ha gestado en los últimos tiempos, las mujeres serán un factor clave en las elecciones legislativas de mañana.

Las razones que han servido de catalizador son fácilmente reconocibles. Por un lado, la victoria de Donald Trump en las presidenciales, a pesar de la filtración del audio en el que presumía de poder tocar a las mujeres sin permiso, y también la derrota de Hillary Clinton, que podía haber sido la primera mujer presidenta de Estados Unidos. Por otro lado, y de manera más reciente, fue fundamental la irrupción del movimiento MeToo y sus denuncias de abusos sexuales en sectores de poder como Hollywood o la política.

En este sentido, fue decisiva la polémica confirmación del juez del Tribunal Supremo Brett Kavanaugh, acusado de acoso sexual por parte de tres mujeres en sus épocas de adolescencia. De esta manera, las féminas han presentado un número de candidaturas récord: hasta 22 para el Senado, 235 para la Cámara de Representantes y 40 para 36 gobernaciones. En total, y solo en el Congreso, 257 candidaturas de las cuales el 75 % se presentan por el Partido Demócrata. «Su desembarco se debe a que muchas de ellas creen que las candidatas existentes no las representan, por lo que han decidido representarse a sí mismas», explica la profesora de Ciencias Políticas del Meredith College de Raleigh, Whitney Ross. 

Deeb Haaland quiere ser la primera indígena en la Cámara de Representantes
Deeb Haaland quiere ser la primera indígena en la Cámara de Representantes

El peso femenino

Pero la importancia de este fenómeno radica en que el peso femenino no solo es de candidaturas, sino también de votantes. Así, los últimos sondeos apuntan a un llamativo fenómeno por el cual se ha reducido buena parte del apoyo femenino de tipo conservador, de manera que las votantes que se identifican como republicanas pasaron de sumar un 39 % en el año 2010 a ser un 32 % en el 2018. En cambio, las votantes demócratas aumentaron de un 54 a un 58 % en el mismo período.

La diversidad también acompaña a este auge femenino, ya que, con tan solo 29 años, la candidata Alexandria Ocasio-Cortez podría convertirse en la congresista más joven de Washington. Y la demócrata Deborah Haaland, de Nuevo México, podría ser la primera indígena del Congreso, y Rashida Tlaib, de Míchigan, la primera musulmana. En Vermont es Christine Hallquist quien podría ser la primera gobernadora transexual de la historia de Estados Unidos.

Beto O'Rourke, el bajista punki que sueña con ser el Kennedy de El Paso

M. G.

Los trumpistas apuestan por que las familias hispanas son más conservadoras que el candidato que promete legalizar la marihuana y proteger el derecho al aborto

¿A qué suena el punk texano? Para saberlo había que pasarse la semana pasada por el Cowboy Dancehall de San Antonio, donde Los Callejeros de San Anto daban botes en el escenario y mezclaban letras en inglés y en español para su Piñata Protest. Abrían la noche para Beto O'Rourke, un bajista punki reconvertido a la política que ha devuelto la esperanza al partido de Obama en este bastión republicano. 

Los trumpistas apuestan por que las familias hispanas son más conservadoras que el candidato que promete legalizar la marihuana y proteger el derecho al aborto. Beto ni siquiera es uno de los suyos. Es «un pretender», le acusa el empleado de banca de Houston Eric Khan. «Un farsante», insiste en todos los idiomas.

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