Nueva Caledonia no se irá de Francia, según los sondeos

Todas las encuestas dan ganador al no a la independencia, hipótesis que no finalizaría el inédito proceso descolonizador en la historia francesa


parís / colpisa

«¿Quiere usted que Nueva Caledonia acceda a la soberanía plena y sea independiente?». Es la pregunta del referendo de autodeterminación, pactado y con supervisión de la ONU, que se celebra hoy en ese archipiélago del Pacífico sur bajo soberanía de Francia desde 1853. Todas las encuestas dan ganador al no a la independencia, hipótesis que no finalizaría el inédito proceso descolonizador en la historia francesa. Los acuerdos con París abren la posibilidad de otras dos consultas en el plazo de cuatro años en el caso de respuestas negativas.

Son 174.154 los electores convocados para pronunciarse sobre el destino de uno de los 17 territorios no descolonizados existentes aún en el mundo, según los criterios de la ONU. El 46 % de este censo específico para el referendo está formado por la comunidad kanaka autóctona, que representa el 39 % de los 267.767 habitantes de la población total, frente a un 27 % de europeos.

La mayoría de los partidarios de romper amarras con una metrópoli distante 16.740 kilómetros se agrupa en el Frente de Liberación Nacional Kanako y Socialista (FLNKS). El proyecto de esta coalición secesionista, que llama a «concluir un combate que dura 164 años», se orienta a una independencia bajo la forma de un Estado asociado a Francia. El Partido Laborista, facción más radical y minoritaria, preconiza «una no participación masiva» para boicotear una consulta que juzga demasiado abierta a los no aborígenes.

Los leales a París esgrimen como argumento el riesgo de perder los 1.300 millones anuales procedentes del Estado, equivalente al 15 % del PIB del archipiélago. Tras el sector público, la segunda fuente de ingresos es la explotación del níquel, metal fundamental en la fabricación de productos electrónicos del que el subsuelo caledonio conserva la cuarta parte de las reservas mundiales.

«El sistema social local es un paraíso comparado con el de los países de la región, donde la esperanza de vida es diez años más baja», alega la propaganda unionista. Además, enarbola el atractivo del pasaporte europeo y profetiza que el nuevo Estado caería pronto en las garras de China, en plena expansión de su influencia política y económica en el Pacífico.

Según los sondeos, entre el 63 y el 75 % del electorado votarán contra la independencia, aunque un 15 % todavía dudaban en vísperas del escrutinio. En todo caso, sea cual fuere el resultado, el pueblo kanako conservará el derecho a la autodeterminación reconocido por las leyes internacionales.

En caso de victoria del no, está previsto que un tercio de los miembros del Congreso caledonio puedan pedir un segundo referendo dentro de dos años e incluso un tercero un par de años después si la respuesta es de nuevo negativa. Si triunfa el sí, Nueva Caledonia se transformaría en un Estado de pleno derecho denominado Kanaky. Al cabo de un período transitorio, recuperaría las competencias exclusivas ejercidas por la metrópoli: defensa, Justicia, policía, asuntos exteriores y moneda. En la actualidad el territorio goza de una amplia autonomía resultante de la transferencia progresiva de numerosas competencias en educación, comercio exterior, derecho civil y seguridad.

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