Michael arrasa Florida a 250 por hora

El peor huracán en la zona desde 1851 ha dejado ya al menos dos muertos


nueva york / colpisa

Sentado en el Despacho Oval con los brazos cruzados y el ceño fruncido, Donald Trump escuchaba este miércoles con cara de pocos amigos al director de la Agencia de Emergencia Federal (FEMA), Brock Long, que le explicaba los preparativos para responder al huracán Michael en Florida. Entonces apuntó a la prensa: «Están diciendo que es el peor de la historia, ¿es eso cierto?», le interrogó. «Es el peor en esta zona de Florida desde 1851», corroboró Long. El presidente no daba crédito. «Pero el sábado decíais que iba a ser solo una tormenta, ¿no?».

Como él, los habitantes de ese recodo del Golfo de México en Florida llamado Panhandle se acostaron pensando que se enfrentaban a un huracán de categoría 2 y se levantaron con un monstruo que casi rozaba la categoría 5, la máxima en la escala de Saffir Simpson que se inventó en los años 60. No tuvieron tiempo de ir a comprar tablones de madera para apuntalar las ventanas ni de aprovisionarse de linternas y víveres. Los puentes de Panamá Beach estaban cerrados, no había manera de abandonar la zona costera. Solo les quedó poner los colchones en las ventanas y rezar. Michael ha dejado ya dos muertos. Un hombre murió al caer un árbol sobre su vivienda y en Georgia falleció un niño aunque las circunstancias exactas de su muerte todavía se desconocen, según la NBC.

«Si decidiste quedarte en casa y los árboles la aplastan o la marea la inunda, no llames ahora en busca de ayuda, que ya no queda nadie que pueda responder», advirtió el sheriff David Morgan ofuscado. Pocos habían escuchado su aviso de que el fenómeno que se había formado en el Caribe tenía el potencial de volverse catastrófico por la cantidad de humedad que recogería del mar. Por fortuna, avanzaba a gran velocidad sin encontrar ninguna gran ciudad a su paso, salvo a las casas de los residentes de esta zona empotrada entre Georgia y Alabama que se conoce como la Costa Olvidada. Los que pudieron, alquilaron una habitación en algún hotel del interior al que aún se pudiera llegar. Los que no, se refugiaron en la bañera con un colchón encima y siguieron rezando.

Michael tocó tierra en México Beach, una playa de apenas 2.000 habitantes y enfiló como un cañón hacia la base naval de Norfolk, en Virginia. Atravesará después Georgia y las Carolinas, aún como un huracán de categoría 2. Tal es la fuerza que llevaba cuando tocó tierra. Con vientos sostenidos de 249 kilómetros por hora y rachas de hasta 280, todos los árboles, barcos, coches y objetos que encontró por el camino se convirtieron en proyectiles que lanzó contra las casas.

El viento soplaba con la fuerza sostenida de un tornado y por las ventanas se oía como el motor de un avión a punto de despegar. Solo que la mayoría de los tornados duran menos de diez segundos y Michael se prolongará horas.

Florida no es un Estado como Puerto Rico. El primero tiene la llave electoral de la Casa Blanca y el segundo ni siquiera vota. Trump explicó que su Administración había preparado más de mil camiones con toneladas de comida para distribuirlas «inmediatamente». El gobernador, Rick Scott, le pidió de antemano que declarase el territorio zona de desastre y dijo tener listas 3.500 efectivos de la Guardia Nacional y otros mil miembros de los equipos de rescate. En el Despacho Oval la secretaria de Seguridad Doméstica, Kirstjen Nielsen, aseguró que catorce compañías de todo el país estaban preparadas para restaurar el servicio eléctrico al millón de habitantes que lo perdieron solo ayer. Michael amenaza a veinte millones de personas en cinco Estados y algunos pueden tardar varias semanas en recuperar la luz. Un mal menor si se logran evitar las víctimas mortales que acompañaron a otros fenómenos de esta categoría como María, Katrina, Andrew o Florence, una familia devastadora.

Los desastres causan pérdidas de 2,24 billones en 20 años

Las pérdidas económicas directamente provocadas por desastres climáticos aumentaron un 151 % en los últimos veinte años y se elevaron a 2,24 billones de dólares, según un informe de la ONU presentado ayer del que informa Efe y que pone en evidencia el aumento en la frecuencia y severidad de este tipo de catástrofes. Las perdidas materiales causadas por ese tipo de desastres representan el 77 % del total atribuido a todos los desastres naturales registrados entre 1998 y 2017.

«Para valorar las pérdidas económicas por un desastre hay que analizar su impacto en diferentes sectores, como la agricultura, el energético, el transporte; así como en la educación y la sanidad», expuso el especialista de la Agencia de Naciones Unidas para la Reducción de Desastres, Ricardo Mena. Según informó, el aumento de la población, de propiedades e infraestructuras en áreas costeras propensas a inundaciones y huracanes hará que haya cada vez más gente vulnerable y más activos expuestos a los desastres.

Los desastres vinculados con el clima de las últimas dos décadas representan el 91 % de los 7.255 desastres contabilizados en total. De ellos, inundaciones y tormentas (categoría que incluye huracanes y ciclones) fueron los más usuales.

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