Tensión entre Merkel y Erdogan en el inicio de la visita de este a Alemania

Nunca en una visita de Estado en Berlín se habían expresado las discrepancias entre invitado y anfitriones tan abiertamente


berlín / colpisa

El presidente de Turquía, Recep Tayip Erdogan, fracasó ayer en su intento por recomponer las maltrechas relaciones bilaterales con Alemania en su visita oficial a Berlín, en la que fue confrontado con críticas abiertas por las constantes violaciones de derechos humanos y la falta de libertad de prensa en su país. Nunca en una visita de Estado en Berlín se habían expresado las discrepancias entre invitado y anfitriones tan abiertamente. La propia canciller, Angela Merkel, reconoció nada más comenzar una rueda de prensa conjunta la existencia de «profundas diferencias» en cuestiones relacionadas con el funcionamiento del Estado de derecho y exigió una solución rápida para los cinco ciudadanos germanos detenidos en Turquía.

«He presionado para que estos casos se resuelvan lo antes posible», dijo Merkel mientras Erdogan mantenía una tensa sonrisa. Un gesto que tampoco cambió cuando al poco de comenzar el encuentro con la prensa fue escoltado fuera de la sala por personal de seguridad un fotógrafo turco que no cesó de gritar «yo no he hecho nada». Adil Yigit, reportero exiliado en Hamburgo, llevaba una camiseta con el texto en turco «Libertad para los periodistas», con el quería recordar a los más de 150 colegas que se encuentran encarcelados en Turquía.

La denuncia de su régimen fue una constante de la visita. El presidente federal, Frank Walter Steinmeier, encargado de recibir a Erdogan con honores militares, abordó también en la posterior entrevista de rigor el caso de los alemanes detenidos en Turquía. Aunque el Gobierno alemán lo piense y no lo diga abiertamente por motivos diplomáticos, los medios locales y la opinión pública los considera rehenes de un presidente cada vez más autócrata.

Erdogan exigió en la comparecencia ante los medios la entrega a Turquía de seguidores del movimiento del clérigo Fetulá Gulen, exiliado en EE.UU., al que acusa de instigar el fallido golpe de Estado del verano de 2016. En Alemania se cuentan por centenares, pero también son miles los ciudadanos turcos, muchos de ellos diplomáticos y militares, que han recibido asilo político.

El presidente turco reclamó igualmente la extradición del periodista Can Dündar, exdirector del rotativo crítico Cumhuriyet exiliado en este país desde hace dos años y al que acusó de alta traición por supuestamente revelar secretos de Estado. Dündar publicó un reportaje con pruebas de cómo el Ejército turco entregó en Siria armamento a guerrilleros de Al Qaida y Estado Islámico. Los mismos a los que ahora protege en la región al norte de Idlib, fronteriza con Turquía. «Es un agente que ha revelado secretos de Estado», dijo Erdogan en presencia de Merkel, cuyo rostro parecía el de una esfinge.

Dündar estaba acreditado para la rueda de prensa en la cancillería y no acudió para evitar que Erdogan se ausentara ofendido. Eso posibilitó que los periodistas alemanes preguntaran abiertamente al presidente turco si había pedido disculpas a Merkel por llamarla «nazi» en el pasado, cómo se había tomado que Alemania organice en vez de Turquía la Eurocopa de 2024 o por qué Turquía es el país del mundo con más periodistas en prisión. No contestó a una sola de esas cuestiones.

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