Conservadores y ultraderecha se unen para echar al primer ministro sueco

El socialdemócrata Stefan Löfven paga sus malos resultados en las últimas elecciones


redacción / la voz

Centroderecha y ultraderecha unieron ayer sus fuerzas en el Parlamento sueco para expulsar del Gobierno al primer ministro socialdemócrata Stefan Löfven pocas horas después de que los extremistas entregasen sus votos al conservador Andreas Norlén para que se hiciera con la presidencia de la Cámara. La destitución, fruto de una moción de censura, estaba en parte descontada por la debilidad que sufre tras el correctivo en las últimas elecciones, y no le impedirá mantenerse al frente de un Ejecutivo en funciones a la espera del resultado de las negociaciones para formar nuevo Gobierno.

Sin embargo, sus opciones de revalidar el mandato empiezan a torcerse. Igual que ocurre en Alemania y en Holanda la derecha y la izquierda mantienen un cordón sanitario para no valerse de la colaboración con el xenófobo Demócratas de Suecia (SD) y no cesan de defender el diálogo entre los dos bloques moderados para mantener consensos de Estado en asuntos como los presupuestos. Pero esta línea roja hasta ahora no traspasada se da de bruces con la rivalidad entre Löfven y el dirigente conservador Ulf Kristersson, quienes aspiran a convertirse en primer ministro con el apoyo del otro.

Krirstersson prometió mantenerse fiel a este esquema y no cooperar en modo alguno con los ultras pero lo cierto es que la matemática parlamentaria es una tentación muy grande. Una parte de sus bases están a favor de acuerdos puntuales con los xenófobos y estos últimos no dejan de enviarle mensajes favorables a cooperar a cambio de que se asuman aspectos de su ideario, especialmente en materia de inmigración. «Estamos dispuestos a negociar y a encontrar compromisos con todos los partidos pero haremos todo lo posible porque fracase cualquier intento de formar gobierno que no nos conceda una influencia acorde a nuestro peso», declaró el jefe del SD, Jimmie Akesson.

Con todo, la entente con los ultras no está libre de riesgos para Krirstersson ya que, con toda probabilidad, pondría fin a la alianza que ahora unifica el centroderecha. Los socios centristas y liberales ya le han avisado de que se oponen firmemente a una coalición con los ultras y podrían aceptar las invitaciones que les ha hecho la izquierda.

Esta es la baza que juega Löfven. «Si el centroderecha intenta gobernar siendo el bloque más pequeño, dependerá completamente del SD», dijo tras ser destituido para recordar a la Alianza su promesa de no llegar al poder con el apoyo de los ultras. Löfven considera además «del todo improbable» que estos acepten apoyar a la Alianza sin pedir nada a cambio.

La situación, por tanto, no puede ser más incierta. El presidente del Parlamento, que en Suecia tiene la prerrogativa de dirigir las conversaciones para formar gobierno, dispone de hasta cuatro intentos para encontrar un candidato capaz de suscitar el respaldo mayoritario de la Cámara. Si eso no sucede, algo histórico en Suecia, se convocarían elecciones anticipadas en tres meses, algo que, según un sondeo del diario Aftonbladet del que se hace eco Efe, creen que ocurrirá el 49 % de los suecos

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