El papa alerta en Lituania del auge de los extremismos que buscan aniquilar al otro

Francisco rindió homenaje a las víctimas del genocidio nazi en Vilna


vilna / colpisa

El papa Francisco se topó ayer de frente con el horror producido por los totalitarismos. Lo vio cara a cara en un lugar de infausta memoria para generaciones de lituanos: el Museo de la Ocupación y la Lucha por la Libertad, el nombre con que se conoce desde 1992 al edificio donde tenía su sede en Vilna el KGB, los servicios secretos soviéticos. Es un lugar infame, pues antes de convertirse en el símbolo de la represión había sido utilizado por la Gestapo durante los años de ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial.

Jorge Mario Bergoglio visitó las celdas (algunas de 60 centímetros cuadrados) y el lugar donde se llevaban a cabo los fusilamientos de los opositores al régimen soviético y rezó por las más de 1.000 personas que fueron torturadas y perdieron la vida entre sus paredes. Entre ellos hay dos obispos considerados mártires por la Iglesia.

La misma suerte pudo correr el prelado que acompañó ayer al papa por el edificio. Se trata del jesuita Sigitas Tamkevicius, arzobispo emérito de Kaunas, detenido en 1983 por publicar una revista en la que denunciaba la persecución soviética a la Iglesia en Lituania. «Estuve 8 meses detenido en la sede del KGB. Me sometieron a unos 60 interrogatorios que a veces duraban hasta 7 horas», recordaba ayer sin querer evocar los «recuerdos negativos» y quedándose con los positivos.

A Tamkevicius lo condenaron por distribuir propaganda antisoviética a 6 años de prisión y a 4 de trabajos forzados, que cumplió en los Urales y en Siberia. Fue liberado con la caída de la URSS. «Si llego a saber hace 35 años que un papa iba a visitar ese lugar, mi vida habría sido más fácil entonces».

Ejemplo de resistencia

Francisco presentó a Tamkevicius como un ejemplo de resistencia frente a los totalitarismos. Dijo que muchos eclesiásticos del país eran «hijos de mártires» y pidió que se mantenga fresca la memoria sobre los horrores vividos durante el siglo XX para evitar así repetir los errores del pasado.

Durante la misa ante más de 100.000 personas en Kaunas, la segunda ciudad del país, advirtió que había que estar atentos para que las nuevas generaciones no se dejen llevar por los «cantos de sirena» y simpaticen con los extremismos. Se refería al auge de las formaciones de ultraderecha en algunas naciones europeas. Constituye un peligro real, según Francisco, que pidió que se aleje de nuestras culturas «la posibilidad de aniquilar al otro, de marginar, de seguir descartando a quien nos molesta y amenaza nuestras comodidades».

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