Visegrado e Italia abocan al fracaso la cumbre de la Unión en Salzburgo

La reforma del asilo, las plataformas de desembarco y la policía de fronteras, en el aire


«Si algunos quieren resolver la crisis mientras otros la quieren utilizar, seguirá siendo irresoluble». Es la explícita advertencia que ha lanzado por carta el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, a los líderes de la Unión. Lo ha hecho horas antes del arranque de la cumbre que se celebra este miércoles en la ciudad austriaca de Salzburgo.

El polaco no apunta con el dedo, pero todos los ojos están puestos en los países de Visegrado (Polonia, Eslovaquia, República Checa y Hungría) y en el Gobierno italiano, empeñado en exprimir una crisis migratoria remitente para ganar músculo político ante su electorado. «Espero que pongamos fin al resentimiento mutuo y volvamos a un enfoque constructivo», insiste Tusk en la misiva solo seis días después de que el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, asegurase que su país «no está dispuesto a acoger inmigrantes de forma indiscriminada, supliendo la responsabilidad que le toca a la UE».

Roma no quiere más desembarcos ni inmigrantes en sus puertos. Tampoco los países centroeuropeos están dispuestos a arrimar el hombro. La gestión de la inmigración está bloqueada. «Las soluciones ad hoc no son el camino», advirtió la semana pasada el comisario Dimitris Avramopoulos. La UE necesita un plan coordinado que no acaba de cuajar. Italia no quiere plataformas de desembarco en su territorio, pero los países terceros del norte de África también se niegan a abrir campamentos para externalizar el trabajo de la UE y gestionar desde allí las demandas de asilo. El canciller austríaco, Sebastian Kurz, y la líder germana, Angela Merkel, acordaron emprender una ofensiva diplomática para convencerlos y está previsto que se celebre en el mes de diciembre una cumbre UE-África.

«No esperamos acuerdos», admiten con crudeza fuentes del Consejo. Tampoco se cerrarán filas en torno a la reforma del asilo, las plataformas de desembarco de inmigrantes ni la propuesta de Bruselas de crear un cuerpo de 10.000 policías fronterizos para controlar los accesos en los Estados miembro más expuestos a la presión migratoria. El primer ministro húngaro, Viktor Orban, ya avanzó esta semana que no le dará las llaves de su país a «mercenarios» europeos. A él se ha sumado el primer ministro checo, Andrej Babis, quien cree que el refuerzo de Frontex y la creación de la guardia de fronteras es una maniobra orquestada por Bruselas para crear «estructuras paralelas» de vigilancia. La cumbre está abocada al fracaso.

Evitar una «catástrofe»

Otro de los platos fuertes de la cumbre estará reservado para el brexit. Quedan seis meses para que el Reino Unido consume su divorcio con la UE (29 marzo del 2019) y las negociaciones enfilan hacia el precipicio. «Desafortunadamente, un escenario de no acuerdo sigue siendo bastante probable», admitió Tusk en su misiva en donde llama a todos los líderes a «actuar de forma responsable para evitar una catástrofe».

Londres sigue en sus trece. Theresa May se encuentra acorralada por sus detractores dentro del partido y su margen de maniobra para negociar es limitadísimo. «Nos hemos mostrado muy flexibles y hemos sido muy pragmáticos. La pelota está en el otro tejado», defendió su ministro para el brexit, Dominic Raab, quien advirtió a sus socios de que «la integridad económica y constitucional del Reino Unido tiene que ser respetada». Raab no quiere aceptar una solución de última instancia para evitar la frontera dura entre las dos Irlandas, condición que exige la UE para cerrar un acuerdo. «O el plan Chequers o el caos», es el dilema ante el que May ha puesto a los Veintisiete. No está dispuesta a mover más sus filas, a pesar de que el FMI ya le ha advertido de los «costes» que puede acarrear para el país la falta de acuerdo con la UE. La situación es extremadamente delicada. Tanto, que Tusk baraja la posibilidad de convocar una cumbre extraordinaria en noviembre para evitar que las negociaciones se precipiten hacia el desastre.

Orbán flirtea con Putin en venganza por el ataque europeo

Hungría se sigue alejando de la Unión Europea a marchas forzadas. Solo seis días después de que la Eurocámara solicitase la suspensión de su voto en la UE por la deriva antidemocrática del Gobierno magiar, su primer ministro, Viktor Orbán, decidió contraatacar ayer para vengarse de las críticas y acusaciones de corrupción y autoritarismo. Lo hizo abrazando al gran enemigo político de los Veintiocho: el presidente ruso Vladimir Putin.

Lejos de reprochar al líder del Kremlin sus injerencias en procesos electorales, el espionaje masivo perpetrado por su amplia red de agentes secretos o sus anexiones territoriales ilegales, el ultranacionalista le tendió la mano para demostrar a la UE que un socio despechado puede romper la unidad del bloque y que él tiene la llave para hacerlo. Como muestra de ello, Orbán se mostró muy interesado en algunas propuestas lanzadas por Putin. La primera sería hacer llegar el gasoducto Turkish Stream hasta Hungría. Bruselas tendrá muy difícil vetar el proyecto después de que Alemania hiciera lo suyo con el Nord Stream II.

Moscú también anunció el inicio de los trabajos para construir dos nuevos reactores nucleares en la planta húngara de Paks, a pesar de que la Comisión Europea los bloquea desde el 2015. Orbán está dispuesto a desafiar a la UE. «Es un proyecto bandera de la cooperación entre el este y el oeste y debemos llevarlo hasta el final. Lo haremos», anunció para satisfacción de Putin quien aseguró que Hungría «es un socio fiable». Es tanta la simpatía mutua que se despiertan que el propio Gobierno magiar extendió permisos de residencia a un nutrido grupo de miembros de la inteligencia rusa. Orbán también quiso distanciarse de la UE al lamentar la imposición de sanciones a Moscú a raíz de la invasión de Ucrania.

Suspensión de Polonia

El Ejecutivo húngaro no es el único que se niega a cumplir con las normas básicas de la UE y se enfrenta a la suspensión de su voto. El vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, advirtió este martes a los ministros europeos que sus preocupaciones en torno a la salud democrática de Polonia «no han hecho más que aumentar» después de que Varsovia sugiriese que no cumplirá con las sentencias del Tribunal de Justicia de la UE. «En vista de la gravedad de la situación, utilizaremos todos los instrumentos para corregir una coyuntura que no es justa», anunció el holandés.

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