El partido de las FARC se tambalea

Preocupación en Colombia por la división de la antigua guerrilla y la desaparición de nueve destacados jefes

Rodrigo Londoño estrecha la mano de un exguerrillero de las Farc
Rodrigo Londoño estrecha la mano de un exguerrillero de las Farc

Bogotá / la voz

Las FARC se enfrentan a una crisis como colectivo un año después de haber abandonado las armas y de constituirse como partido. El síntoma más evidente, y la mayor preocupación de los expertos en el proceso de paz colombiano, es la desaparición aparentemente voluntaria de nueve ex jefes de la antigua guerrilla.

Entre ellos destaca Luciano Marín, alias Iván Márquez, ex jefe negociador durante los diálogos de La Habana y número dos de la antigua insurgencia. Líder de un ala del partido que apuesta por el marxismo-leninismo más dogmático, Márquez decidió el pasado julio renunciar al asiento que el pacto de paz le garantizaba en el Senado. Dos meses antes, en abril, había fijado su residencia en la zona de reincorporación de ex guerrilleros conocida como Miravalle, situada en una área rural.

Lo hizo tras criticar duramente la detención del ex comandante Jesús Santrich, acusado por la DEA, la agencia antidroga de EE. UU., y por las autoridades colombianas, de delitos de narcotráfico posteriores a la firma del pacto de paz. Un sobrino de Márquez, Marlon Marín, se vio implicado en el caso y es ahora informante de la DEA. Según varios analistas, tanto Márquez como los también antiguos jefes El Paisa y Romaña temen ser extraditados a EE. UU.

Eso no quiere decir que se hayan unido a las disidencias, que ya operan en varias regiones del país, que podrían contar con más de 1.300 miembros entre antiguos guerrilleros y nuevos reclutas y que se dedican principalmente al narcotráfico. Romaña remitió esta semana una carta a la fiscalía en la que reafirmó su compromiso con la paz. Tampoco hay pruebas de que los otros ocho desaparecidos hayan vuelto a las armas.

Una comisión del Congreso viajó a Miravalle la pasada semana con el fin de conocer el paradero de Márquez, pero no consiguieron encontrarlo. Pablo Catatumbo, senador de las FARC y miembro de la comisión, pidió a Márquez que se pronuncie sobre su paradero pasa evitar «más incertidumbre jurídica» a los ex guerrilleros. Que ni los propios comandantes sepan dónde están sus compañeros inquieta a los colombianos.

Desunión

El caso Santrich no solo ha propiciado las huidas, sino también la desunión del partido. Su líder, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, fue duramente criticado esta semana por su forma de referirse a la detención. «¿Cómo es posible que se cometan incoherencias tales como la de Timo, al afirmar en un foro en Manizales que él pedía que al senador (Álvaro) Uribe se le respetara el debido proceso y el principio de inocencia, mientras que en el caso Santrich lo que dijo fue, palabras más, palabras menos, que Santrich debería demostrar su inocencia, o sea, que se partía del hecho de que era culpable?», criticaron a través de una misiva los ex jefes guerrilleros Joaquín Gómez y Bertulfo Álvarez.

El líder de las FARC, que pregona una visión pragmática del partido que repudian algunos compañeros, no lo va a tener fácil los próximos meses. Apenas alcanzaron 50.000 votos al Senado en las legislativas de marzo, una cantidad minúscula, aunque cuentan con 10 escaños en el Congreso gracias al acuerdo de paz. Por otro lado, el nuevo presidente, Iván Duque, tiene previsto modificar el acuerdo de paz, aunque por ahora ha optado por seguir adelante con él.

Pero lo más inmediato es que los ex comandantes desaparecidos den señales de vida. La Justicia Especial para la Paz (JEP), el tribunal que va a juzgar a los ex guerrilleros, dio el jueves un plazo de diez días a los ex jefes que se encuentran en paradero desconocido para que se reporten. De lo contrario podrían perder sus beneficios judiciales.

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