Lula da Silva tira la toalla y corona a Haddad como sucesor

Asume al fin que no será candidato a un mes de los comicios

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BRASILIA / CORRESPONSAL

La huida hacia adelante de Lula da Silva, iniciada cuando la expresidenta Dilma Rousseff quiso nombrarlo ministro en el 2016 en pleno apogeo de la operación Lava Jato, terminó ayer con una carta en la que el hasta ahora candidato del Partido de los Trabajadores (PT) coronó a su sucesor, Fernando Haddad. En la misiva -que iba a ser leída anoche a los partidarios que acampan desde hace cinco meses frente a la cárcel de Curitiba, donde cumple condena de 12 años por corrupción-, Lula pasa el testigo tras meses de incertidumbre.

Antes del anuncio oficial del gran padrino de la izquierda brasileña, la ejecutiva del PT, reunida en Curitiba, comunicaba la aprobación del cambio en la papeleta electoral, con la comunista Manuela D’Avila asumiendo el puesto de aspirante a vicepresidenta. Poco después confirmaba a Fernando Haddad como su candidato a presidente en las elecciones del 7 de octubre.

Acaba así un largo periplo criticado por algunos sectores de la izquierda (y el llamado a ser socio preferencial en las elecciones de octubre, Ciro Gomes), intentando un imposible: concurrir a las elecciones desde la prisión, agotando todos los recursos posibles tras la decisión de la justicia electoral brasileña de impedir su candidatura. Ya en una carta destinada a estudiantes de São Paulo, Lula dejó claro ayer que su voz «es la voz de Fernando Haddad, y la de todos los compañeros». Se consuma así una obligada transición para tratar de mantener la hegemonía del PT en Brasil, ganador de las últimas cuatro elecciones.

Líder indiscutible

Porque a pesar de todos los reveses procesales (tanto penales como electorales), Lula da Silva era líder indiscutible en todas las encuestas, y cada semana incluso un poco más. «Lula ganaría las elecciones en el primer turno. Desgraciadamente, se empeñan en impedir que se presente, contrariando a la ONU y la voluntad del pueblo brasileño», dijo Haddad.

Ahora, el partido se afana en conseguir que ese voto fiel al expresidente se traslade a Fernando Haddad, un político en las antípodas de Lula como figura carismática: exalcalde de São Paulo en contraposición al origen del expresidente en el humilde norte brasileño, académico formado en la mejor universidad del país en lugar de un obrero raso, elegante y fino en el discurso en vez de un irresistible apego entre las clases más populares.

Las últimas encuestas arrojan datos esperanzadores para el PT: en la última consulta de DataFolha, Haddad casi doblaba su perspectiva de voto (del 5 al 9 %) y presentaba una baja tasa de rechazo (cercana al 20 %, por más del 40 % de Jair Bolsonaro). El problema es que es el único candidato que no derrota al ultraconservador en un hipotético duelo en el segundo turno, al que parecen encaminarse las elecciones presidenciales de octubre.

El PT tiene apenas un mes para convencer al electorado (sobre todo al menos pasional) de que Haddad es un digno sucesor de Lula. Llegar al segundo turno es complicado, y si no lo logra deberá empezar a lanzar guiños a Ciro Gomes, el segundo en las encuestas (en torno al 16 % de intención de voto), crítico con el Partido de los Trabajadores, pero que considera injusto y sospechoso todo el proceso iniciado hace dos años para apartar a Dilma y Lula del poder.

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