La Eurocámara sentencia a Orbán por su deriva autoritaria en Hungría

El líder magiar se revuelve contra la UE y agrava la brecha con los conservadores


Bruselas / corresponsal

Víktor Orbán (Fidesz) ya tiene un pie dentro y otro fuera del Partido Popular Europeo (PPE). El primer ministro magiar firmó ayer su sentencia de muerte después de acudir a la Eurocámara con un discurso amenazante, acusador y negacionista. Compañeros de su misma familia política, opositores y otras fuerzas del hemiciclo le pidieron que diera marcha atrás a la deriva antidemocrática en Hungría, pero el ultranacionalista se negó, arrastrando consigo al país centroeuropeo, rehén de sus delirios autoritarios.

Una abrumadora mayoría del hemiciclo se mostró a favor de activar hoy el artículo 7 de los Tratados para iniciar el proceso de suspensión de voto de Hungría en el Consejo. ¿Por qué? Por poner en riesgo el Estado de derecho. Ni siquiera los eurodiputados de su familia política lo respaldan. Tras muchos debates internos, divisiones y advertencias, está previsto que le retiren su apoyo. El canciller austríaco, Sebastian Kurz, aseguró ayer que su partido votará a favor de seguir adelante con el expediente, a pesar de que gobierna en Austria con el apoyo de los ultraderechistas del FPÖ, formación próxima que ya le ha tendido la mano al Fidesz para las elecciones europeas de la primavera del 2019.

El líder de los populares en la Eurocámara, Manfred Weber, se desmarcó del líder húngaro: «Está en juego nuestro modelo de vida. Debemos defender nuestros valores en todas las familias políticas», le espetó como mensaje premonitorio de lo que puede pasar. El alemán no escondió su decepción después de escuchar el discurso de Orbán.

El húngaro rechazó todas las acusaciones vertidas por el informe de la ecologista Judith Sargentini, donde se denuncia la manipulación de los medios, el control de los centros académicos, el asalto al poder judicial para reemplazar a jueces incómodos, la imposición de obstáculos legales a las oenegés para impedir que asistan a los sintecho o inmigrantes (con la conocida como ley Stop Soros, por el multimillonario estadounidense de origen magiar George Soros), la discriminación de la comunidad romaní y la corrupción generalizada.

En línea con el victimismo de las formaciones ultras y eurófobas que pueblan el hemiciclo, el líder húngaro convirtió su causa en la causa de todos los húngaros: «No es una condena al Gobierno, es una condena a Hungría porque decidimos que nuestra patria no iba a ser un país de inmigrantes (...) No cederemos al chantaje». El vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, reprochó su discurso populista: «Hay gente que dice que criticar al Gobierno es criticar al pueblo, es la escapatoria del cobarde».

Los ultras lo cortejan

Quienes se frotan los manos con este último giro radical de Orbán son los ultras italianos de la Liga, los xenófobos del FPÖ austríaco y los euroescépticos británicos. Todos trataron de cortejar ayer al hombre fuerte del Fidesz. Su partido arrolló en las últimas elecciones y podría convertirse en un activo muy potente de cara a las europeas. «Únase al club del brexit porque seguro que le va a gustar», le sugirió el exlíder del UKIP Nigel Farage. «Usted tiene amigos en Italia, Austria, Polonia y muchos otros países. No flaquee. Es una llama de esperanza para nosotros», le dedicó el ultra del FPÖ Harald Vilimsky.

También desde la bancada de la Liga de Matteo Salvini lo invitaron a sumarse a la alianza: «Tenemos los mismos valores, queremos decir no a la invasión de inmigrantes, cambiaremos esta Europa de arriba a abajo en las elecciones del 2019». Una vez que se apruebe el informe para activar el artículo 7 de los Tratados será el Consejo el que debata la propuesta en octubre.

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