Un navajazo dispara al ultra Bolsonaro hacia la presidencia de Brasil

El navajazo recibido el pasado jueves en plena campaña electoral por Jair Messias Bolsonaro lo ha disparado hacia la presidencia de Brasil y le convertido en el virtual Trump brasileño. Solo un nuevo terremoto político en un país sumido en la mayor crisis de su historia puede frenarlo

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A CORUÑA

Con  la reciente inhabilitación judicial como candidato de Lula da Silva, preso por corrupción desde hace casi medio año, Jair Messias Bolsonaro, la versión tropical de la ultraderecha internacional, que se presenta por el partido Social Liberal, ya había pasado a ocupar el primer puesto en las preferencias electorales del mayor país de América Latina, donde la mayoría de sus 147 millones de ciudadanos con derecho a voto, aún sufren las consecuencias de la severa crisis de la potencia mundial emergente en las últimas décadas. Una potencia en la que el crecimiento económico generó una brutal corrupción y una inseguridad alarmante que derivaron en una crisis política sin precedentes.

La agresión sufrida en carne propia el pasado jueves por Bolsonaro en la ciudad de Juiz da Fora del estado de Minas Gerais, al sudeste del paìs le ha dado un vuelco a la campaña. Cuando era llevado a hombros por sus seguidores, fue apuñalado en el abdomen con un cuchillo de cocina. Trasladado de inmediato a un hospital, fue operado de urgencia y con éxito. La cosa no era grave, solo le habían cortado una vena y parte de su intestino grueso.

El agresor fue detenido casi de inmediato. La Policía brasileña  lo identificó como Adélio Bispo de Oliveira, de 40 años. Dijo haber actuado siguiendo «el mandato de Dios» y no haberlo hecho por motivos políticos o partidarios. Según declaraciones del coronel de la Policía Federal de Juiz de Fora a BBC Brasil, dijo que era «una cuestión personal en contra de Bolsonaro», sin especificar cuál.

Cuando despertó de la operación se enteró de los excelentes  efectos de la agresión sobre su campaña: los otros 12 candidatos habían interrumpido las suyas., las instituciones por el denostadas le deseaban lo mejor. Y él y Jair Messias Bolsonaro, estaba levantando más simpatías que casi en ningún otro momento de sus 62 años de vida, marcados por la polémica y el resentimiento y ya lidera todos los sondeos.

Desde  entonces la campaña en la calle corre por cuenta de sus hijos; Flavio y Eduardo,  candidatos al Senado y diputado, así como  del candidato a vicepresidente, el exmilitar Antonio Hamilton Mourao, un ardiente defensor -como él-, de la última dictadura militar. Jair Messias  se centrará en las redes sociales, donde tiene más de cinco millones de seguidores. Solo en las 24 horas siguientes, al ataque acaparó el 98% de las búsquedas en el Google brasileño y fue mencionado en Twitter 1,7 millones de veces.

Si bien en un primer momento el agresor fue presentado como un loco o  un lobo solitario, según clarin.com a medida que avanzan las investigaciones policiales sobre el ataque, van surgiendo datos que provocan dudas sobre esa imagen. Adelio Bispo de Oliveira, era inicialmente un individuo con estudios, es tan sólo un ayudante de albañil, que suele cambiar de empleo y de vivienda con mucha frecuencia. Ahora se sabe que alquiló, dos semanas antes, una habitación en una casa de dos pisos, en pleno centro de Juiz de Fora, ciudad donde fue herido el diputado. Y además pagó por adelantado 400 reales (100 dólares). Entre los seguidores de Bolsonaro se sabía, que el presidenciable iría en septiembre a la ciudad.

Según publicó el diario Estado de Sao Paulo, Adelio se comportó de forma muy reservada,  apenas lo vieron una vez comprando pan. El otro dato que transcendió fue que había cuatro celulares y una notebook en el cuarto del atacante. La pregunta que se hacen muchos en Brasil es cómo consiguió poseer tantos aparatos, y además pagar anticipadamente la pensión, cuando Oliveira tenía muy escasos ingresos.

Otro dato no menos sorprendente para algunos analistas es cómo una familia de escasos ingresos logra pagar la defensa del imputado, en la que participan nada menos que cuatro reputados profesionales. Según declaró uno de ellos, el grupo familiar decidió sostenerlo «por una cuestión de iglesia y de familia».

Para completar el escenario, la familia tuvo que mudarse de su lugar de residencia en Montes Claros, a unos 800 kilómetros de Juiz de Fora. La razón: evitar “represalias” por el atentado. Ellos dijeron que se habían mudado «al campo» pero mantuvieron en sigilo el lugar. Adelio, a su vez, fue trasladado a una prisión federal para garantizar su seguridad.

 Con antecedentes

Otros datos relevantes del perfil del agresor, procedentes de fuentes policiales apuntan que Bispo de Oliveira ya había sido arrestado en 2013 por lesiones corporales. Y a pesar de que negó que existieran razones políticas detrás del ataque, poco a poco se han conocido detalles curiosos sobre sus actividades políticas en los últimos años. Medios locales, recogen que en su página de Facebook se encontraron publicaciones de apoyo no solo a la izquierda de su país sino también a otros políticos extranjeros, como el presidente venezolano Nicolás Maduro.

Otras informaciones señalan que, desde 2014 hasta 2017,Oliveira había pertenecido al Partido de Socialismo y Libertad, PSOL -una escisión del PT de Lula-, pero que actualmente esa militancia estaba cancelada. El propio PSOL emitió un comunicado en el que confirmaba que la afiliación de Oliveira no estaba vigente y condenaba el ataque en contra de Bolsonaro.

Numerosos analistas coinciden en que el incidente, si no convierten a la víctima de Bispo de Oliveira en el candidato más votado el próximo siete de octubre, le  asegura el paso a la segunda vuelta, ya que refuerza uno de sus principales mensajes de campaña: Brasil está sumido en el caos y necesita una mano firme para guiarlo.

Ya antes del ataque, y una vez que la justicia dejó a Lula fuera de juego, Bolsonaro, un candidato agresivo  e intolerante, prometía gobernar con mano de hierro un país en el que solo 43% de la población prefiere todavía la democracia como forma de gobierno y apenas 7% dice confiar en los partidos políticos, comparado con 50% que confía en las Fuerzas Armadas.

Cuando se presentó sabía que contaba con el apoyo de sectores del empresariado, de los evangélicos y de los militares. Su discurso populista antisistema, con escaso eco en su dilatada carrera política como diputado raso, solo era objeto de atención por sus declaraciones ofensivas, en especial al glorificar la última dictadura militar brasileña. Su voto durante el impeachment de Dilma Rousseff causó un escándalo cuando se lo dedicó a uno de los más famosos torturadores de ese periodo. Casi dos años antes, Bolsonaro había generado indignación al declarar que no violaría a la diputada Maria do Rosário Nunes porque no valía la pena hacerlo.

Calcado a Donad Trump

Su discurso parece calcado del de Donald Trump, a quien considera su modelo. Despotrica contra los políticos corruptos e incompetentes y se presenta a sí mismo como la negación de la política tradicional «corrupta» que, según él, requiere de una «purga general». Ve amenazados los valores de la nación brasileña y sus cimientos cristianos por lo que él llama «el marxismo cultural» al que considera que es el responsable de infiltrar ideológicamente las escuelas, de subsidiar la improductividad y la inmadurez mediante la financiación pública de programas sociales y de una política de derechos humanos que solo protege los derechos de los delincuentes.

Fiel a su segundo nombre, «Messias», cree ser el salvador de la nación brasileña. Y en esta misión, confía en el apoyo de los militares. Lo que no dice este candidato antisistema es que lleva 27 años en el Parlamento. Ha cambiado repetidamente de partido y por momentos fue parte de algunos que estuvieron particularmente hundidos en escándalos de corrupción.

En su campaña nada es fruto de la improvisación. En las encuestas es el preferido de los electores con mayores niveles de renta y educación -un 30 % de la población que gana diez veces el salario mínimo-, a esos les promete poner de ministro de Asuntos Económicos  a Flavio Rocha, actual diputado y empresario del sector textil, fundador la tercera mayor empresa del sector en el país.

Su discurso también va especialmente dirigido a los seguidores de las iglesias evangélicas  que acogen al 30 % del electorado. En un paìs que en su día fue el más católico de las américas, hoy ya se habla del voto evangélico. Su discurso moralizante encaja a la perfección en el sistema de creencias evangélico en el que el Dios único se involucra en la lucha contra el mal en nombre de la buena ciudadanía.

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Licencia para matar

A diferencia de casi todos los demás políticos, presta especial atención al estado precario de la seguridad pública. Buena parte de la población, en especial entre la clase media baja, se ha convertido en un auténtico blanco de la inseguridad y se siente abandonada por la política tradicional y asistida por el discurso contundente de Jair Messias. Las cifras actuales hablan de más de 60.000 asesinatos en 2017, lo que equivale a 175 por día. Bolsonaro aboga por bajar la edad de imputabilidad, dar a los oficiales de policía licencia para matar y por un acceso más sencillo a las armas. Hasta ahora, los partidos progresistas se han quedado sin respuestas convincentes a estas cuestiones.

Finalmente Bolsonaro, según apunta Thomas Manz en un completo análisis publicado en el último número de la revista argentina  Nueva Sociedad, también puede confiar en el apoyo de los sectores más jóvenes del electorado. El apoyo que recibe en el grupo que va de los 16 a los 34 años duplica el que obtiene entre aquellos de más de 55, y la población más joven representará un tercio del voto total en las elecciones. En parte, la popularidad de Bolsonaro resulta de su fuerte presencia en las redes sociales. Con cinco millones de seguidores en Facebook, está mucho más presente que el resto de sus contrincantes.

Algún mal pensado se pregunta qué papel está jugando Steve Bannon, el estratega político  que fue clave en la llegada de Donald Trump a la Presidencia de EEUU, oficialmente «consejero eventual» de la campaña de Bolsonaro, en el lanzamiento  hacia el palacio presidencial de Planalto de un personaje parece la versión tropical del actual inquilino de la Casa Blanca.

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