¿Crisis política o constitucional?

La paranoia se instalan en la Casa Blanca tras salir a la luz una resistencia interna contra Trump


NUEVA York / corresponsal

El caos y la paranoia se han instalado en la Casa Blanca de Donald Trump. El libro del veterano periodista Bob Woodward Miedo: Trump en la Casa Blanca y el artículo anónimo en The New York Times muestran a altos cargos del Gobierno rebelándose contra el comandante en jefe y trabajando en la sombra para contenerle. Una nueva crisis que alimenta las dudas sobre la estabilidad de la democracia en EE.UU. ¿Se está gestando una crisis constitucional o es solo otra tormenta política? 

¿Qué revelan el libro de Woodward y el articulo?

El libro compara a la Administración Trump con un «manicomio» y describe al mandatario como un hombre «colérico», «inculto», «imprevisible» e «incapaz». Cuenta los insultos que se lanzan unos a otros: el jefe de Gabinete, John Kelly, tachando a Trump de «idiota», y este calificando de «sureño retrasado mental» al fiscal general Jeff Sessions. Incluye también cómo los asesores del ala oeste le esconden documentación por «seguridad nacional» cumpliendo así un patrón de conducta que Woodward definió como «golpe de Estado administrativo». El periodista no iba desacertado porque el artículo del Times lo confirma. Su autor se presentó como parte de la «resistencia interna» cuyo objetivo es boicotear los impulsos de Trump, porque es «dañino para la salud de la República». 

¿Por qué coinciden en los contenidos?

Porque ambos contenidos salen del ala oeste de la Casa Blanca. Woodward dejó claro que sus fuentes de información vienen de las más altas instancias del Estado y el autor de la columna confirmó ser un «alto funcionario». Es más, no sería desacertado pensar que el autor sea también una de las fuentes de Woodward y, por tanto, conozca al topo. 

¿Está funcionando esa resistencia interna?

Sí y no. Sí porque la resistencia evitó que EE.UU. saliese de un estratégico acuerdo comercial con Corea del Sur y del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Según Woodward, estas operaciones se consiguieron gracias a que el exasesor económico Gary Cohn y el exsecretario presidencial Rob Porter robaron los documentos del escritorio de Trump, antes de que este los firmase. Por otro lado, no está funcionando porque el mero hecho de que uno de sus miembros haya reconocido la existencia del boicot desde la primera línea, no hace más que reforzar el mensaje que tanto azuzó el neoyorquino en campaña y que tantos votos le dio. Aquel que habla de la existencia de un deep State (Estado profundo), es decir militares, funcionarios de inteligencia y de Gobierno que manipulan las políticas del Ejecutivo. 

¿Qué consecuencias tienen las revelaciones?

Pésimas en muchos sentidos. Woodward es uno de los periodistas más respetados, dos veces ganador del premio Pulitzer y el que destapó con Carl Bernstein el escándalo Watergate que provocó la dimisión de Nixon. Es decir, no caben dudas sobre el rigor de sus investigaciones. Lo que el veterano cronista destapa y que se confirma un día después, resulta sumamente dañino para el país porque aunque es cierto que tendrá poco impacto en las bases de Trump, seguirá socavando la confianza en su presidencia a nivel nacional e internacional. Las revelaciones dibujan una nación presidida por un hombre inestable e instalado en una paranoia continua. La debilidad proyectada es de tal magnitud, que podría hacer tambalearse el buen desarrollo de las elecciones legislativas de noviembre, motivando a las potencias enemigas a incrementar posibles ciberataques, como ya ocurrió en las presidenciales del 2016.

¿Es una maniobra demócrata?

Es una de las teorías que circula y que sostiene Trump tras insinuar que Woodward estaba al servicio de la oposición. La impecable trayectoria del periodista hace poco probable esta afirmación. El Partido Demócrata, eso sí, está aprovechando la tormenta para plantear que se invoque la enmienda 25, que permite la destitución de un presidente por su incapacidad para gobernar. 

¿Se está gestando una crisis constitucional?

El exsecretario de Estado de Obama, John Kerry, dijo que el artículo de opinión era una confirmación más de que la presidencia de Trump ha «descarrilado» y estamos ante «una genuina crisis constitucional». Para James Thurber, profesor de Gobierno en la American University de Washington «todavía no es una crisis constitucional», pero sí una «crisis política y de liderazgo continua».

Primera condena contra un exasesor por la trama rusa

George Papadopoulos, exasesor de la campaña electoral de Donald Trump, se ha convertido en el primer exmiembro del equipo del mandatario en ser condenado en el marco de la trama rusa. El viernes en un tribunal federal de Washington lo condenó a dos semanas de prisión por haber mentido al FBI, además de a un año de libertad vigilada, una multa de 9.500 dólares y 200 horas de trabajo comunitario.

«La gente me señala y se burla, Estoy terriblemente deprimido. (...) Esta investigación tiene implicaciones globales y la verdad importa», aseguró Papadopoulos ante el juez Randolph Moss. Su abogado apuntó que «el presidente ha hecho más por impedir esta investigación que lo que haya hecho» su defendido.

Tras la sentencia, Trump quitó en Twitter importancia a la condena y afirmó que «no hay coordinación [entre su campaña y el Kremlin]», por lo que consideró que era «un gran día para EE.UU.». Antes del fallo, se había desvinculado del condenado y había asegurado que no lo conocía.

Los abogados del fiscal especial Robert Mueller habían propuesto al tribunal una condena por debajo de los seis meses, después de que Papadopoulos acordara colaborar el pasado octubre con la fiscalía. Así, admitió que había mentido al FBI en enero del 2017 cuando no reconoció sus contactos con próximos al Kremlin y no reconoció su conservación en abril del 2016 con un profesor ruso que dijo tener material que comprometía a Hillary Clinton.

Paranoia en la Casa Blanca: Trump, a la caza del «traidor»

Adriana Rey

El autor de un artículo demoledor en el «New York Times» revela que existe una resistencia para frustrar los planes del presidente

La caza del topo ha comenzado en Washington y, esta vez, no hay intención de ocultarlo. Fue el propio Donald Trump, visiblemente furioso, quien exigió ayer nombre y apellidos del que consideró «un traidor a la patria» y «cobarde», e incluso pidió «que se lo entreguen de inmediato al Gobierno por motivos de seguridad nacional». La furia del presidente la desató el «alto funcionario de la Administración» autor de un demoledor artículo anónimo en The New York Times. El autor o autora confirmó que hay un pacto en la Casa Blanca para anular las políticas más nocivas del republicano. «Estamos tratando de hacer el bien, aunque Trump no quiera», escribió.

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