La Casa Blanca de Trump, un manicomio

El presidente considera el libro de Woodward una ficción y sugiere cambiar las leyes de difamación

Woodward
Woodward

NUEVA yORK / CORRESPONSAL

«¿No es una vergüenza que alguien pueda escribir un libro con historias inventadas, crear la imagen de una persona que es literalmente opuesta a la realidad y se vaya sin castigo o coste? No sé por qué los políticos de Washington no cambian las leyes de difamación». Fue su primera embestida contra Bob Woodward. Habían pasado casi doce horas desde que The Washington Post publicara un anticipo de Miedo: Trump en la Casa Blanca, un libro que describe la residencia presidencial como un crazytown (manicomio): funcionarios que roban cartas del escritorio del presidente para evitar una catástrofe nacional, militares que explican al republicano que de acatar sus órdenes se desataría la Tercera Guerra Mundial y exasesores que narran las burlas que el magnate hace de miembros de su equipo. «Soy duro como el infierno con la gente y si no fuera así, no se haría nada. Cuestiono todo y a todos ¡por eso me eligieron!», escribió Trump en Twitter.

Tras sus quejas, los desmentidos llegaron en cadena. Primero la portavoz Casa Blanca habló de «historias inventadas», luego el secretario de Defensa, James Mattis, negó haber desoído la órdenes del comandante en jefe y por último, el jefe de gabinete, John Kelly, refutó haber llamado «idiota» a Trump en un comunicado muy parecido al de mayo cuando ya había tenido que rebatir un insulto similar.

Los desmentidos contrastaron con una frase mítica de Woodward que devolvió a los más veteranos de Washington a los tiempos del Watergate: «Me reitero en todo lo escrito y publicado». Fuera de la Casa Blanca no hay debate sobre la credibilidad del cronista de 75 años. Saben cómo trabaja, lo cuidadoso que es con sus fuentes y la importancia que da a la ética. El simple hecho de que la obra vaya a ver la luz en cinco días ya es un aval de que tiene más que atada su información.

En 448 páginas revela una gestión temeraria en la que detalla cómo el exsecretario de gabinete Rob Porter y el exasesor económico Gary Cohn robaron cartas del escritorio del presidente para evitar que las firmara y detener así una debacle. Una de las misivas fue la que requería de la firma de Trump para sacar a EE.UU. del Tratado de Libre Comercio con México y Canadá. Lo mismo ocurrió con otra carta sustraída que, de haber sido rubricada, habría sacado al país de un estratégico acuerdo comercial con Corea del Sur. Pero si hay un capítulo siniestro es el del 19 de enero, cuando durante una reunión con el Consejo de Seguridad Nacional el presidente deslizó la posibilidad de sacar a las tropas estadounidenses de la península de Corea. De hecho preguntó por qué no dejaban de invertir en la región. «Señor presidente, queremos evitar la Tercera Guerra Mundial», le frenó el jefe del Pentágono. Anoche en el despacho oval junto al emir de Kuwait, Trump negó a haber dicho a Mattis que había que planear el asesinato de Bachar al Asad. «Esto nunca se ha discutido», dijo.

El tono sureño

El fiscal general Jeff Sessions, que ha sido objeto recurrente del desprecio presidencial. «Ese tipo es retrasado mental. Es un tonto sureño. Ni siquiera le permitirían ser abogado de tercera en Alabama», soltó Trump burlándose de su acento, algo que no ha gustado a los republicanos del sur.

Woodward también cuenta la desesperación en la Casa Blanca por contener los mensajes en Twitter del magnate. El exjefe de gabinete Reince Priebus denominó al dormitorio presidencial -donde Trump ve la televisión por cable y escribe sus tuits- como «el taller del diablo».

Más de cien entrevistas respaldan cada una de las citas del libro. «Me habría encantado hablar contigo Bob», lamentó Trump en una conversación telefónica con Woodward hace dos semanas, como desvela un audio difundido por el Post. En ella, le explica que intentó contactarle hasta en seis ocasiones y que el libro será duró con su Administración. «Bueno, ¿qué le vamos a hacer? Saldrá otro mal libro sobre mi», zanjó con desdén el multimillonario.

Mueller aceptará que el magnate conteste por escrito sobre el Rusiagate

El fiscal especial Robert Mueller ha suavizado sus demandas para interrogar a Trump en la investigación del Rusiagate, un cambio que se produce cuando los abogados intenta convencer al presidente de no declarar en persona. Mueller aceptará que Donald Trump conteste a sus preguntas por escrito en el marco de las pesquisas sobre la presunta injerencia rusa en las elecciones del 2016. Pero no así en la cuestión relativa a una posible obstrucción a la justicia. La oferta de Mueller queda recogida en una misiva que este ha enviado a los abogados del magnate neoyorquino, según contaron fuente del caso a «The New York Times».

Ayanna Pressley, el nuevo giro a la izquierda de los demócratas en Massachusetts

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Volvió a saltar la sorpresa en unas primarias del Partido Demócrata. La concejala afroamericana Ayanna Pressley ganó el martes el séptimo distrito en Massachusetts ante el veterano Michael Capuano, que lleva casi veinte años representando a su estado en el Congreso. A sus 44 años, Pressley tiene el escaño garantizado al no tener rival republicano en las legislativas del próximo noviembre. Se convertirá así en la primera mujer afroamericana en representar Massachusetts en la Cámara Baja.

Capuano reconoció la derrota frente a la demócrata que durante la campaña prometió ser una «activista», en sintonía con un distrito cada vez más diverso. Su circunscripción es un bastión demócrata conocido por ser uno de los más a la izquierda del partido y célebre porque tuvo como diputado a John F. Kennedy. «No se trata solo de que los demócratas vuelvan al poder, sino de quiénes son esos demócratas», dijo Pressley al insistir en la necesidad del cambio.

Su triunfo consolida dos tendencias en las primarias estatales demócratas: cómo el partido sigue escorándose hacia la izquierda y el fortalecimiento de las mujeres de cara a las legislativas.

La campaña a las elecciones de noviembre devolverá al expresidente Barack Obama a la contienda política en dos estados fundamentales para una victoria demócrata: California y Ohio. Su portavoz, Katie Hill, dijo que hará una campaña agresiva para atraer votantes. «Este momento en nuestro país es demasiado peligroso como para que los demócratas se queden sentados», sentenció.

 

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