Obama y Bush despiden a McCain, mientras Trump juega al golf

El funeral se convierte en un acto de reprobación al presidente

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washington / corresponsal

«Hoy estoy aquí ante ustedes diciendo las palabras que nunca quise decir», pronunció Meghan McCain. De esta manera, la hija de John McCain inició las intervenciones en el funeral de su padre ayer, en la Catedral Nacional de Washington.

Tras cuatro días de homenajes en Arizona y el Capitolio de Estados Unidos, centenares de amigos y políticos asistieron a la gran despedida del senador republicano fallecido a los 81 años, a causa de un cáncer cerebral.

Sin poder contener las lágrimas, el discurso de Meghan fue uno de los más destacados y seguido con atención por los expresidentes Barack Obama, George Bush y Bill Clinton, sentados en las primeras filas del templo con sus respectivas esposas. «La América de McCain no tiene que ser grande de nuevo porque siempre lo fue», dijo la hija del republicano entre aplausos y en clara alusión a Donald Trump. Justo cuando pronunciaba estas palabras, la caravana presidencial salió de la Casa Blanca para trasladar al presidente a su club de golf en Loudon County (Virginia).

McCain fue una figura icónica de la política estadounidense no solo por sus 30 años de servicio en el Congreso, sino porque vivió en sus propias carnes el horror de la guerra tras ser prisionero en Vietnam. La ausencia del magnate fue expreso deseo del senador, quien tras sufrir las burlas del neoyorquino buscó mandar un mensaje de unidad nacional en medio de un contexto político crispado. Es por ello por lo que cobró una enorme importancia la representación política de ayer, en la que los dos hombres que impidieron a McCain ocupar el despacho oval pronunciaron sendas elegías. «Nos hizo mejores presidentes [...] y, a pesar de nuestros desacuerdos, estábamos en el mismo equipo», aseguró Obama del también conocido como «Maverick» (inconformista). «¿Qué mejor manera de arrancarnos una última risa que hacer que George y yo digamos cosas buenas sobre él públicamente?», bromeó. Minutos antes fue Bush quien golpeó a Trump asegurando que el senador «respetaba la dignidad inherente en todos los seres humanos, una dignidad que no se detiene en las fronteras y no puede ser borrada por dictadores». El exsecretario de estado Henry Kissinger, el exsenador Joe Liberman y todos los líderes del Capitolio asistieron a la ceremonia. El exvicepresidente Joe Biden, el actor Warren Beatty y el activista Kara-Murza, que sobrevivió a dos intentos de envenenamiento por su oposición al gobierno de Putin, fueron portadores del féretro.

Entierro en privado

Los cuatro días de homenajes fueron coreografiados por el propio McCain desde que supo de la letalidad de su cáncer. En dichas ceremonias no faltó la banda sonora de su vida. Si en la despedida de Arizona las notas de Frank Sinatra acompañaron el féretro del senador, ayer fue el turno de la cantante de ópera Renee Fleming entonando la canción favorita de McCain, Danny Boy. Fue entonces cuando Cindy, la viuda del republicano, se cubrió la boca y apoyó la cabeza en el hombro de su hijo Jack. Las lágrimas empaparon sus mejillas hasta que la balada terminó de sonar y Cindy inclinó finalmente la cabeza en silencio.

Esta tarde, McCain será enterrado en una ceremonia privada en el cementerio de la Academia Naval de Estados Unidos, en Annapolis. Su cuerpo reposará junto al de su amigo, el almirante Charles R. Larson, cuya esposa, Sarah, dijo ayer con cariño: «Chuck ya tiene para siempre a su compañero del alma».

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