El éxodo venezolano, del drama a la tragedia

Miles de venezolanos huyen a diario de un país que se desmorona, arruinado por sus gobernantes, A esta migración masiva,sin precedentes en la historia del continente y al consiguiente problema humanitario, los países afectados de la región están respondiendo con mucha solidaridad pero también con algunos brotes de xenofobia.


A CORUÑA

De un censo de poco más de 30 millones, son ya cerca de cuatro millones y medio los ciudadanos venezolanos que han huido del país en los últimos años. Según Stephane Dujarri de la Riviere, portavoz del Secretario General de  Naciones Unidas, estamos ante el mayor movimiento migratorio de la historia reciente del continente.

La diáspora bolivariana no está provocada por ningún conflicto armado, como el que ha enfrentado durante más de medio siglo a otros gobiernos de la región con sus respectivas guerrillas, sino por el hambre, la escasez de todo tipo de productos básicos, la hiperinflación y la inseguridad que asolan un país que, antes de que cayese en manos de los actuales salvapatrias, fue tierra de acogida de personas llegadas  de otros países de la región y también  europeos, especialmente españoles, muchos de ellos gallegos.

El fenómeno migratorio venezolano no es nuevo. Ya empezó en 1983, tras el primer colapso de los precios del petróleo después de su nacionalización, cuando empezó la cuesta abajo de un bolívar. Entonces el dólar costaba 4,30 y  por ese mismo  dólar  habrá que desembolsar más de seis mil millones de bolívares de los de entonces.

El fenómeno rebrotó en 1998 con la llegada de Chávez al poder. Ese año solo 14 venezolanos pidieron y obtuvieron asilo en Estados Unidos, pero la cifra pasó del millar al año siguiente y se incrementó ostentosamente tras el golpe o autogolpe de estado del 2002, que supuso el despido a dedo de más de 15.000 trabajadores de PDVSA.

La creciente tensión social y la consiguiente inestabilidad política y económica  llevó a muchos profesionales cualificados de todos los sectores y a muchos inmigrantes, especialmente europeos y muchos de ellos españoles, a retornar a sus países de origen. En los diez primeros años de chavismo ya habían dejado el país más de un millón de venezolanos, muchos de los cuales habían hecho posible la llegada al poder del Comandante  por las urnas tras haber fracasado por las armas. El fenómeno migratorio, que hasta entonces había afectado a ciudadanos de las clases alta y media alta, se empezó a disparar y explosionó entre los años 2012 y 2015 con la llegada al poder de Maduro y el consiguiente  agravamiento de la crisis, creciendo un 2.889 %.

Estimaciones fiables ya cifraban en cerca de dos millones los venezolanos residentes fuera del país en 2015 y en 150.000 más los que habían regresado a sus países de origen en 2016. El gobierno de Colombia cifra en más de 100.000 los venezolanos que entraron en su país el año pasado y Cruz Roja en un millón los que lo hicieron en los últimos cuatro años. Los que están saliendo en estas últimas oleadas por tierra a pie o en autobuses, vía Colombia y Ecuador hacia Perú, Chile, Argentina y Uruguay -unos 4.000 diarios- presentan un perfil muy diferente a los que salieron en años anteriores. Son familias que  con la hiperinflación galopante ya no pueden subsistir con las limosnas del régimen -bolsas de comida, bonos y demás- o con el bachaqueo (reventa de productos subvencionados) y se van con los puesto.

Por eso uno de los destinos preferidos de los que están saliendo en los últimos meses es Perú, donde ya se encuentran cerca de 400.000 venezolanos.Solo en lo que va de año, según datos de ACNUR, el gobierno peruano ha recibido ya 90.000 solicitudes de asilo, atraídos por las facilidades legales que existen para radicarse en el país. Hasta ahora no se les exigía pasaporte -un documento del que carecen muchos venezolanos que quieren emigrar-, sino la presentación de la cédula, además del pago de un importe de 41 soles (12 dólares) y una declaración jurada de no tener antecedentes judiciales. Esto provocó un efecto llamada que desbordó todas las previsiones gubernamentales. Los que aún se sienten con fuerzas y medios económicos para seguir avanzando tratan de llegar a Chile y Argentina o Brasil.

De momento, la solidaridad de los países por donde pasan o a donde llegan está funcionado, En Cúcuta, ciudad fronteriza con Venezuela, un refugio gestionado por la iglesia católica, distribuye 8.000 comidas gratuitas cada día para los venezolanos que llegan a tierras colombianas. en otros  incluso les abre sus casas. La solidaridad llega a tal punto que incluso algunos brasileños han adoptado a venezolanos para ayudarles a iniciar una nueva vida.

Muchos venezolanos también huyen para obtener la ayuda médica de la que no disponen en su país. La han encontrado, por ejemplo, en el Hospital General de Roraima, en la ciudad de Boa Vista (Brasil), de apenas 320.000 habitantes a donde llegan unos 500 venezolanos cada día. Este hospital en 2017 brindó tratamiento a 1.815 venezolanos, una cifra que triplica la de 2016, según Human Rights Watch. Ahora están atendiendo un promedio de 300 pacientes venezolanos al día. En Colombia, según las autoridades sanitarias, los venezolanos hicieron casi 25.000 visitas a los hospitales colombianos el año pasado, en comparación con las 1.500 de 2016.

La Argentina de Macri es uno de los países que más está facilitando  los trámites a los venezolanos. En los dos años y medio que lleva al frente del gobierno las residencias legales aumentaron 1.600%. Subieron de 1.900 a casi 60.000 entre temporales y permanentes. En la actualidad ya hay unos 100.000 venezolanos en Argentina.

La dimensión humanitaria del problema está alcanzando cotas dramáticas, no solo para los que se ven forzados a irse, también para los países por donde pasan y a los que quieren llegar cuyos habitantes en muchos casos, tenían que emigrar a otros países incluida la propia Venezuela hace no mucho tiempo

Son muchos los analistas que sostienen que mientras no se resuelva políticamente, por las buenas o por las malas, la crisis venezolana, la situación no tardará en volverse insostenible.

Al actual gobierno venezolano el problema no le quita el sueño, más bien todo lo contrario.Según el analista Joaquín Villalobos, en esto, como en casi todo, está siguiendo el modelo cubano: cuantos más se vayan, menos bocas hay que alimentar y los que se quedan menos fuerzas van a tener para a incordiar.

Como sigue siendo válido el dicho popular de que no hay mal que cien años dure, cuando la biología acabe con los actuales responsables del drama o el sector de los uniformados que los sostienen recobren un mínimo  de dignidad, entonces podrá comenzar la reconstrucción de un país que en sus buenos tiempos fue lo más parecido al paraíso la tierra. Los que han decido quedarse para participar en su reconstrucción lo van a tener muy duro, porque el capital humano que se ha perdido va a ser más difícil de recuperar que el económico.

Son ya cerca de cuatro millones y medio, de una población de 30 millones de habitantes,  los ciudadanos venezolanos que han huido del país en los últimos años, según datos recientes ofrecidos por Stephane Dujarri de la Riviere, portavoz del Secretario General de  Naciones Unidas, que convierten este éxodo en el mayor movimiento migratorio de la historia reciente del continente.

La diáspora bolivariana no está provocada por ningún conflicto armado, como el que ha enfrentado durante más de medio siglo a otros gobiernos de la región con sus respectivas guerrillas, sino por el hambre, la escasez de todo tipo de productos básicos, la hiperinflación y la inseguridad que asolan un país que, antes de que cayese en manos de los actuales salvapatrias, fue tierra de acogida para los habitantes, no solo de otros países de la región, también  europeos, especialmente españoles.

El fenómeno migratorio venezolano no es nuevo. Ya empezó en 1983, tras el primer colapso de los precios del petróleo después de su nacionalización, cuando empezó la cuesta abajo de un bolívar que hasta entonces cotizaba a 4,30 por dólar, pero no tuvo especial incidencia en la vida del país. Hoy ese mismo dólar cotiza a más de seis mil millones de los de entonces.

El fenómeno rebrotó en 1998 con la llegada de Chávez al poder. Ese año solo 14 venezolanos pidieron y obtuvieron asilo en Estados Unidos, pero la cifra pasó del millar al año siguiente y se incrementó ostentosamente tras el golpe o autogolpe de estado del 2002, que supuso el despido a dedo de más de 15.000 trabajadores de PDVSA.

La creciente tensión social y la consiguiente inestabilidad política y económica  llevó a muchos profesionales cualificados de todos los sectores y a muchos inmigrantes, especialmente europeos y muchos de ellos españoles, a retornar a sus países de origen.

En los diez primeros años de chavismo ya habían dejado el país más de un millón de venezolanos, muchos de los cuales habían hecho posible la llegada al poder del Comandante  por las urnas tras haber fracasado por las armas. El fenómeno migratorio, que hasta entonces había afectado a ciudadanos de las clases alta y media alta, se empezó a disparar y explosionó entre los años 2012 y 2015 con la llegada al poder de Maduro y el consiguiente  agravamiento de la crisis, creciendo un 2.889 %.

Estimaciones fiables ya cifraban en cerca de dos millones los venezolanos residentes fuera del país en 2015 y en 150.000 más los que habían regresado a sus países de origen en 2016. El gobierno de Colombia cifra en más de 100.000 los venezolanos que entraron en su país el año pasado y Cruz Roja en un millón los que lo hicieron en los últimos cuatro años. Los que están saliendo en estas últimas oleadas por tierra a pié o en autobuses, vía Colombia y Ecuador hacia Perú, Chile, Argentina y Uruguay -unos 4.000 diarios- presentan un perfil muy diferente a los que salieron en años anteriores. Son familias que  con la hiperinflación galopante ya no pueden subsistir con las limosnas del régimen -bolsas de comida, bonos y demás- o con el bachaqueo (reventa de productos subvencionados) y se van con los puesto.

Por eso uno de los destinos preferidos de los que están saliendo en los últimos meses es Perú, donde ya se encuentran cerca de 400.000 venezolanos.Solo en lo que va de año, según datos de ACNUR, el gobierno peruano ha recibido ya 90.000 solicitudes de asilo, atraídos por las facilidades legales que existen para radicarse en el país. Hasta ahora no se les exigía pasaporte -un documento del que carecen muchos venezolanos que quieren emigrar-, sino la presentación de la cédula, además del pago de un importe de 41 soles (12 dólares) y una declaración jurada de no tener antecedentes judiciales. Esto provocó un efecto llamada que desbordó todas las previsiones gubernamentales. Los que aún se sienten con fuerzas y medios económicos para seguir avanzando tratan de llegar a Chile y Argentina o Brasil.

De momento, la solidaridad de los países por donde pasan o a donde llegan está funcionado, En Cúcuta, ciudad fronteriza con Venezuela, un refugio gestionado por la iglesia católica, distribuye 8.000 comidas gratuitas cada día para los venezolanos que llegan a tierras colombianas. en otros  incluso les abre sus casas. La solidaridad llega a tal punto que incluso algunos brasileños han “adoptado” a venezolanos para ayudarles a iniciar una nueva vida.

Muchos venezolanos también huyen para obtener la ayuda médica de la que no disponen en su país. La han encontrado, por ejemplo, en el Hospital General de Roraima, en la ciudad de Boa Vista (Brasil), de apenas 320.000 habitantes a donde llegan unos 500 venezolanos cad día. Este hospital en 2017 brindó tratamiento a 1.815 venezolanos, una cifra que triplica la de 2016, según Human Rights Watch. Ahora están atendiendo un promedio de 300 pacientes venezolanos al día. En Colombia, según las autoridades sanitarias, los venezolanos hicieron casi 25.000 visitas a los hospitales colombianos el año pasado, en comparación con las 1.500 de 2016.

La Argentina de Macri es uno de los países que más está facilitando  los trámites a los venezolanos. En los dos años y medio que lleva al frente del gobierno las residencias legales aumentaron 1.600%. Subieron de 1.900 a casi 60.000 entre temporales y permanentes. En la actualidad ya hay unos 100.000 venezolanos en Argentina.

La dimensión humanitaria del problema está alcanzando cotas dramáticas, no solo para los que se ven forzados a irse, también para los países por donde pasan y a los que quieren llegar cuyos habitantes en muchos casos, tenían que emigrar a otros países incluida la propia Venezuela hace no mucho tiempo

Son muchos los analistas que sostienen que mientras no se resuelva políticamente, por las buenas o por las malas, la crisis venezolana, la situación no tardará en volverse insostenible.

Al actual gobierno venezolano el problema no le quita el sueño, más bien todo lo contrario.Según el analista Joaquín Villalobos, en esto, como en casi todo, está siguiendo el modelo cubano: cuantos más se vayan, menos bocas hay que alimentar y los que se quedan menos fuerzas van a tener para a incordiar.

Como sigue siendo válido el dicho popular de que no hay mal que cien años dure, cuando la biología acabe con los actuales responsables del drama o el sector de los uniformados que los sostienen recobren un mínimo  de dignidad, entonces podrá comenzar la reconstrucción de un país que en sus buenos tiempos fue lo más parecido al paraíso la tierra. Los que han decido quedarse para participar en su reconstrucción lo van a tener muy duro, porque el capital humano que se ha perdido va a ser más difícil de recuperar que el económico.

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