Venezuela tiembla con la llegada del paquetazo económico de Maduro

Cuando aún no había agotado del todo el filón del supuesto magnicidio fallido, Maduro Moros volvió a copar las pantallas de los venezolanos para presentar su paquetazo económico. Las medidas anunciadas, según expertos independientes, tienen todos los visos de servir para conducir la economía del país de la crisis a la hecatombe

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A CORUÑA

En el contenido de ese paquetazo, cuya autoría intelectual se atribuye Maduro, destacan el aumento exponencial del salario mínimo y del Impuesto al Valor Añadido (IVA), el anclaje de el bolívar soberano al Petro y la ampliación del plazo para inscribirse el Censo Nacional de Transporte para controlar la gasolina a través del carné de la patria. Todo ello  con la intención de «erradicar» el dólar paralelo, convertido en el chivo expiatorio de la crisis, y «recuperar la producción nacional».

Las medidas anunciadas según los analistas, de aplicarse, van a suponer un cambio radical a la política económica de los últimos 20 años. Incluyen una dolarización de hecho y fuerte incremento de impuestos que no contribuirán a estabilizar la economía. Implican que la tasa de cambio oficial saltó en un día de 240.000 a 6 millones de bolívares, algo sin precedentes a nivel mundial, que supone un reconocimiento de facto del tann denostado dólar paralelo.

Todos coinciden en que estas medidas, lejos de servir para atajar una  hiperinflación, sin precedentes a nivel mundial, la va a incrementar y acentuarán el caos económico que padece el país. «Esto es como tratar de atajar un incendio con gasolina»,concluyen.

Tras un somero repaso de los cuatro ajustes económicos a que fue sometida la economía venezolana, desde el de Carlos Andrés Pérez en 1989 al de Maduro, pasando por los de Rafael Caldera en 1996  y el de Chávez en 2009, el de Maduro «es el más destructivo de la historia nacional», señala Orlando Zamora en en Konzapata.com. Este analista ofrece algunos datos muy ilustrativos: la inflación en 1989 era del 52,1 %, pero la de 2018, según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) rondará el 1.000.000 %. En 1989 también había corrupción. Se echaba en cara a los tres últimos gobiernos que habían dilapidado 200.000 millones de dólares, una cantidad que solo es la quinta parte de los que se esfumaron durante los gobiernos de Chávez y Maduro.

 Lo que nadie cuestiona es la necesidad de meter en la UVI a la economía venezolana porque los datos sobre su estado de salud son elocuentes: la inflación del pasado mes de julio fue 125%, lo cual representa un incremento de los precios en 2,65% diarios. La de Venezuela, en solo un mes, supera a la suma de la inflación de 2017 de todos los países de Suramérica (71,9%).

Por otra parte, un informe de la Asamblea Nacional sobre el Índice Nacional de Precios de al Consumidor señala que en los últimos doce meses la inflación acumulada fue de 82.682,03%. En Venezuela los precios se duplican cada 25,6 días. Si ese ritmo se anualiza, es decir, se mantiene durante 12 meses, 2018 cerraría con una inflación de 620.433,14% y el aumento de precios acumulado para julio de 2019 sería de más de 1.683.311%.

La repercusión de todo ello sobre la vida cotidiana de los venezolanos es alarmante. Un estudio sobre la evolución del consumo de alimentos en Venezuela desde 1998 a 2017, realizado por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello refleja el espectacular desplome sufrido en el período 2012-2017, con Maduro en el gobierno: el consumo de carne de pollo cayó un 48 %, el de pescado un 68 %  y el de leche líquida un 77 %.

 Cinco ceros menos

Con este panorama la receta que ofrece el paquetazo de Maduro incluye una nueva reconversión monetaria: se eliminan cinco ceros al bolívar fuerte que pasa a llamarse bolívar soberano y lo ancla al petro.

El salario mínimo se ajusta a la boyante economía del país y multiplica por 35 su importe, con lo que se pone  en 1.800 bolívares soberanos, o lo que es lo mismo, en 180.000.000 de bolívares fuertes.

El paquete se completa con la unificación de los tipos de cambio, el aumento del  IVA, reducción de la periodicidad de tributos al fisco y la instauración de un impuesto a “grandes” transacciones financieras.

La primera conclusión que  sacan los expertos, a la vista de la información disponible es obvia: estas las medidas anunciadas no resolverán el problema hiperinflacionario ya que, en  la práctica, ninguna de las medidas anunciadas garantiza atender de forma significativa las principales causas de la inflación: la expansión monetaria causada por la monetización del déficit fiscal, la pérdida de confianza en el bolívar como reserva de valor y medio de pago. «Casi todas las medidas -apunta Giorgio Cunto en Prodavinci.com- parecen atrapadas en una especie de lógica circular, en la que el mecanismo por el cual operan sólo conduce a afianzar el problema que buscan atender en primer lugar».

Déficit fiscal cero

Maduro dijo algo tan obvio como que se debía eliminar la emisión de dinero inorgánico en el financiamiento gubernamental y que las medidas estaban orientadas a imponer disciplina fiscal y llevar el déficit a cero. Si en algo existe unanimidad entre los economistas es que la emisión monetaria para cubrir el gasto público es la principal causa de la presión hiperinflacionaria en Venezuela y que una reforma fiscal creíble es imprescindible en cualquier plan antinflacionario exitoso.

Pero la cruda realidad de la economía venezolana es que su actual déficit fiscal ronda el 20 % del PIB y llevarlo a cero en medio de un entorno de depresión económica es poco realista. Máxime cuando el resto de las medidas terminan agravando el desbalance fiscal en vez de reducirlo.

Apuntan los expertos que cerrar un déficit fiscal tan grande  requiere no solo de grandes incrementos a los ingresos nacionales, sino también de una considerable reducción en el gasto público. «Un aspecto que el presidente no reconoció -precisan- es que la hiperinflación no es solo causada por la expansión monetaria, sino por la caída brusca en la demanda de dinero, o como en economía se conoce de otra forma: el aumento en la velocidad del dinero. En la medida en que las personas anticipan que los precios seguirán subiendo y que la política económica no detendrá la hiperinflación, se dedicarán a deshacerse de sus bolívares lo antes posible, puesto que saben que su pérdida de valor en el tiempo está garantizada. Este movimiento incide sobre los precios con tanta, o incluso más potencia que la emisión monetaria. En otras palabras, si las medidas no restauran la confianza en el bolívar como reserva de valor, entonces la hiperinflación no se detendrá».

El aumento de salario mínimo

Una de las medidas estrella del paquetazo  es el aumento del salario mínimo que se multiplicará por 35. Es el quinto en lo que va de año y representa un aumento de 5.900% en términos nominales, el más grande desde que se tiene registro. Adicionalmente, anunció un bono de reconversión por 600 bolívares soberanos -60.000.000 de bolívares fuertes- a los poseedores del carnet de la patria.

Los expertos entienden que los aumentos de salario en un entorno hiperinflacionario: tienden a no ser suficientes para mantener el poder adquisitivo de los trabajadores y alimentan la presión en el alza de los precios. Específicamente en Venezuela los salarios no pueden indexarse, es decir, crecer al mismo ritmo que la inflación, debido a la caída de la actividad productiva. Aumentos de remuneraciones no reflejadas en aumentos de productividad se traducen en  mayores costos, tanto para el sector público como el privado.

Advierten que el aumento que decretó el presidente, junto con el bono, vía carné de la patria, van en dirección contraria al objetivo de disciplina fiscal. Aunque los aumentos puedan mitigar parcial y temporalmente el efecto de la inflación para los trabajadores, pagarlos significa gastos considerables para el sector público. Gastos que en ausencia de fuentes de ingreso debe cubrir vía emisión monetaria, el mismo dinero inorgánico al que el presidente se refirió con deseos de detener.

Para el sector privado un aumento de salarios significa un incremento en la estructura de costos de las empresas. Si estas no pueden elevar precios debido a los controles impuestos por el gobierno, entonces se verán forzadas a despedir trabajadores o a quebrar. «El aumento decretado por el presidente puede ser fatal para la supervivencia financiera de las empresas, especialmente de las pequeñas y medianas, incluso si el presidente se compromete a asumir el diferencial salarial por 90 días, sería equivalente a incorporar temporalmente, a la nómina pública a casi todos los trabajadores en el país», explican los economistas

 La unificación cambiaria y el anclaje al Petro

Maduro anunció la unificación de los tipos de cambio y que este fluctuará según el Petro. Estableció el valor de esta criptomoneda que carece de reconocimiento internacional  en 3.600 bolívares soberanos. Su valor equivaldrá, nominalmente, a la cesta de petróleo venezolana. Con esos dos datos se puede determinar el tipo de cambio sobre el cual estarían convergiendo las tasas oficiales.

El valor del Petro registrado el 17 de agosto era de 64,42 dólares, lo que equivale a un tipo de cambio de 55,88 bolívares soberanos por dólar. Si se compara con la tasa oficial Dicom de 248.382 bolívares fuertes, el tipo de cambio aumentó 2.145%, o lo que es lo mismo:  el bolívar se devaluó un 95,55%. El tipo de cambio implícito en las cifras dadas por el presidente es bastante superior a cualquier otro marcador oficial, inclusive el de las remesas. Según el economista Asdrúbal Oliveros esto sería equivalente a «reconocer el mercado negro».

Precisan igualmente  los economistas que la debilidad del Petro como ancla corresponde a la opacidad con la cual la supuesta moneda funciona. En principio, todavía no están claras sus reglas de emisión, ni los mecanismos para obtener y transar con petros: elementos esenciales para generar un nivel mínimo de confianza en su uso.

A mayor abundamiento añaden que no se puede constatar con certeza el valor real del Petro. Pese a que el gobierno insiste en que su precio es equivalente a un barril de petróleo de la cesta venezolana, es dudoso que este sea su valor, o que esté realmente respaldado por reservas petroleras. Si un petro equivaliera a un barril de petróleo, existiría un mecanismo para cambiar petros por barriles, lo cual no es el caso; y aún si lo fuera, implicaría establecer un ancla a un mercado tan volátil como el petrolero. Si el Petro estuviese respaldado en reservas petroleras venezolanas, las más grandes del mundo, entonces su precio reflejaría el valor presente de esas reservas que en estos momentos es: cercano a cero, debido a la notable caída de la producción petrolera nacional que hace probable que esas reservas permanezcan en el subsuelo sin ser utilizadas.

Por otra parte,  el uso del Petro está incluido en las sanciones del Departamento del Tesoro estadounidense sobre emisiones del gobierno venezolano. Por lo cual el uso de petros en una porción significativa del mercado financiero mundial es técnicamente ilegal; esto hace muy difícil que la criptomoneda madurista pueda vincularse con el mercado global de divisas, debilitando aún más su utilidad como ancla.

El precio de la gasolina

La traca final del madurazo es el aumento de los precios de la gasolina que en dos años se tiene que poner a la altura del mercado internacional. Para curarse en salud frente a la reacción popular se sacó de la manga un sistema de pago en las gasolineras a través de su carné de la patria con el que, teóricamente al menos, sus poseedores podrán seguir llenando el depósito del vehículo a precios populares.

Para ello puso en marcha la creación de un censo de medios de transporte en el que habrán de inscribirse los que quieran beneficiarse del combustible subsidiado. Lo que no ha hecho, al menos hasta la fecha,  fue decir cuándo empezaría a elevarse el precio de la gasolina, ni cuál sería ese precio inicial.

Venezuela tiene la gasolina con el precio más bajo en el mundo. Utilizando el tipo de cambio implícito entre bolívar y petros, un litro de gasolina se vende en Venezuela por 0,000001 dólares. A efectos prácticos, el precio de la gasolina en Venezuela es cero. El diferencial que existe entre Venezuela y sus vecinos es la principal causa del contrabando del combustible, al generar incentivos para aprovechar el arbitraje con una diferencia de más de 75 millones por ciento si se compara con el precio en Colombia, por ejemplo.

Según el economista Douglas Barrios, el subsidio a la gasolina rondaba los  5.500 millones de dólares anuales el año. La eliminación progresiva del subsidio a la gasolina reduciría el contrabando de gasolina y representaría, potencialmente, la mayor cantidad de ganancias fiscales de todas las medidas que ha anunciado Maduro. El plan de subsidios directos que llevará a cabo el gobierno parece inspirado por el implementado por Irán en 2010. Sin embargo, para que la medida tenga éxito, se deben tener muy claras las dimensiones del ajuste, específicamente el precio internacional “objetivo” al que el gobierno espera converger, junto con la frecuencia y magnitud de los aumentos durante los próximos dos años. Elementos que, hasta el momento, el gobierno no ha precisado.

Lo que se cayó

El presidente no hizo mayor mención del desafío principal para el plan de ajuste económico: la restricción externa causada por el reducido acceso a divisas. Advierten los expertos que todo plan de estabilización económica  requiere de incrementar los ingresos que percibe en dólares. Y no sólo vía de exportaciones petroleras. Venezuela requiere de un paquete de financiamiento y asistencia financiera que puede llegar hasta los 80.000 millones de dólares.

Precisan que con una producción petrolera en caída libre y un precio muy por debajo del necesario para balancear cuentas fiscales, un perfil de deuda externa prácticamente insostenible, con barrera de entrada al mercado financiero internacional por demandas de default y sanciones, «es poco probable pensar que Venezuela pueda recuperar un flujo de caja en dólares lo bastante grande como para facilitar el ajuste y reducir el déficit fiscal».

Concluyen los expertos que el paquetazo de Maduro es «pura fantasía» porque se trata de aplicar en una economía improductiva y hay quien advierte que un nuevo caracazo como el de febrero de 1989 no es descartable 30 años después.

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