París reprocha a Bruselas las cesiones de Juncker a Trump

Se considera perjudicada para salvar a la industria alemana

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bruselas / corresponsal

«No negociaremos bajo presiones o amenazas», aseguraba la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström el pasado marzo. Donald Trump acababa de tomar a la industria europea del aluminio y el acero como rehenes para forzar unas negociaciones comerciales con los 28. Nadie cedió a sus presiones, hasta que levantó el dedo y apuntó al botón nuclear: los automóviles alemanes.

El movimiento provocó un terremoto en Berlín y réplicas en Bruselas. Tanto que el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, se desplazó a Washington para reconducir la situación. El «no cederemos a presiones» se convirtió en un «hemos eliminado el peligro de una guerra comercial mayor», reconocen fuentes europeas. Pero, ¿a qué coste? La UE está dispuesta a negociar a pesar de que los aranceles siguen en pie. Bruselas ha ofrecido avanzar hacia un comercio sin tarifas para todos los bienes, a excepción de los automóviles.

La industria alemana está a salvo. No pueden decir lo mismo los agricultores franceses y españoles. El acuerdo prevé aumentar las importaciones de soja y revisar los subsidios agrícolas. El ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, rechazó ayer esa opción. París quiere proteger a sus agricultores a toda costa. Es especialmente celoso de los estándares de control sanitario y medioambiental y, aunque no está prohibido, no quiere abrir las puertas a productos modificados genéticamente.

No ha sentado nada bien en París que Juncker haya hincado la rodilla «bajo presión» para tranquilizar a Berlín. Le Maire insistió ayer en dejar fuera de cualquier acuerdo a la agricultura para no ablandar los requisitos sanitarios y de control que impone la UE. Tampoco ve con buenos ojos que los aranceles al acero y el aluminio sigan en pie mientras se negocia. «No hay vínculo entre una cosa y otra. Pero mientras sigan los aranceles, extenderemos las contramedidas», trata de tranquilizar la Comisión.

A pesar de que el anuncio del acuerdo político hizo saltar el optimismo en las bolsas europeas y ha permitido a Trump salir victorioso ante la opinión pública, existen dudas sobre la solidez de los compromisos de la UE. «La UE quiere, pero no se compromete a importar más soja de EE.UU. Lo haremos si se dan las condiciones de mercado», aseguran sus expertos. Lo mismo ocurre con la promesa de importar gas natural licuado. La UE tendrá que hacer un enorme esfuerzo de inversión para habilitar instalaciones. «Corresponde a EE.UU. ofrecer precios competitivos», insisten.

Qué pasa con la aceituna española? La gran damnificada. No se librará del hambre proteccionista de Trump. EE.UU. impondrá un arancel del 34.75% a su importación sin que Bruselas de la batalla.

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