Trump y Putin se resisten a desvelar los pactos de Helsinki

Aumenta la presión a la Casa Blanca para que desvele la charla de los presidentes y podrían llamar a declarar a la traductora


redacción / la voz

Ni un día de tregua en Washington. Las sombras de la extraña relación entre Vladimir Putin y Donald Trump se multiplican y demócratas y republicanos parecen conjurarse como aliados para frenar los posibles pactos ocultos entre ambos.

Cuatro días después de la cumbre de Helsinki, nada se sabe de lo que pactaron ambos líderes. El nivel de secretismo es tal que ya no solo los demócratas han puesto el grito en el cielo. Numerosos republicanos se han sumado también a la protesta y un buen número de senadores y congresistas exigen a la Casa Blanca que desvelen el contenido de la conversación privada de ambos mandatarios ante el temor de que pudieran materializar alguna traición.

Antes de tomar posesión, el magnate recibió «informes abrumadores» de la injerencia rusa El detonante de la reacción republicana fue la intención de Trump de analizar una petición de Putin de extraditar a Rusia a un exembajador en la época de Obama y a un financiero a los que el Kremlin sitúa en el centro de una conspiración contra el Gobierno ruso y como parte de una red de captación de fondos para las arcas demócratas a cambio de que el fiscal que investiga el Rusiagate pudiera viajar a Moscú para interrogar a los doce agentes a los que implicó en el caso.

Marco Rubio, senador por Florida y uno de los representantes del ala más ultraderechista de los republicanos, encabezó la negativa de su partido. «En ningún caso se puede ni siquiera considerar esa petición», dijo Rubio, secundado luego por una cascada de altos cargos de su partido.

Horas antes, el exembajador Michael McFaul y el empresario (ahora nacionalizado inglés) Bill Browder dijeron que «si nos mandan a Moscú, es como una condena muerte». Por eso, a mediodía, la Casa Blanca tuvo que salir a autodesmentirse de nuevo y negar que fueran a ser enviados a Rusia.

Pero es que Trump, además recibió ayer otro varapalo al filtrarse que estaba «plenamente advertido» desde antes de tomar posesión de la existencia de «pruebas abrumadoras» que demostrarían, a criterio de las agencias de seguridad, la injerencia rusa en las elecciones presidenciales en las que derrota a Hillary Clinton. «Lo sabía, pero nunca quiso creérselo del todo. Por eso ha ido variando su discurso de forma habitual», indicaron fuentes de la Casa Blanca.

Segunda cumbre en marcha

En medio de la tormenta, Donald Trump sorprendió al anunciar que, «tras los importantes avances» de la reunión de Helsinki, impulsará un segundo encuentro con Putin. «La Cumbre con Rusia fue un gran éxito, excepto para el verdadero enemigo del pueblo, los medios de noticias falsas. Estoy deseando celebrar nuestro segundo encuentro de modo que podamos empezar a implementar algunas de las muchas cosas discutidas», tuiteó Trump. El mandatario citó entre ellas la lucha contra el terrorismo, la seguridad en Israel, la proliferación nuclear, Ucrania, los ciberataques y Corea del Norte. «Hay muchas respuestas a estos problemas, algunas fáciles y otras difíciles, pero todos pueden ser solucionados», agregó el magnate.

Fue Putin el que dio más detalles, como el de impulsar las negociaciones del tratado contra la proliferación de armas nucleares (Start) que finaliza en el 2021. Pero también contó algunas amenazas que dejan en mal lugar a Trump y aumentaron la tensión en el Pentágono y la Casa Blanca. Entre esas exigencias planteadas por el ruso estaría el veto a la entrada en la OTAN de Ucrania y Georgia, así como la amenaza de represalias contra EE.UU. y la Alianza Atlántica si se creaban nuevas bases militares cerca de la frontera rusa.

Las dudas sobre esas negociaciones secretas son tales que republicanos y demócratas se plantean seriamente llamar a declarar a la traductora del encuentro para conocer la conversación entre ambos líderes. ««Hay fuerzas dispuestas a sacrificar con facilidad las relaciones rusoestadounidenses en el altar de sus ambiciones» políticas. Se trata de gente muy poderosa y fuerte, capaz de meter en la cabeza de millones de ciudadanos historias que no responden a ninguna lógica», indicó Putin para defenderse de las críticas sobre su papel en la victoria del neoyorquino.

Al margen de esos problemas, el presidente de EE.UU. generó otro incendio diplomático innecesario. Esta vez, la víctima de su incontinencia verbal fue Montenegro. Un periodista le preguntó por qué Estados Unidos debía socorrer a un pequeño país como Montenegro si fuera atacado. «Yo también me lo pregunto. Montenegro es un pequeño país con gente muy fuerte. Son gente muy agresiva. Puede que se vuelvan agresivos y, felicidades, ya estamos en la Tercera Guerra Mundial», respondió. Y estalló el lío.

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