Sexo, armas y Google Translate: así actuaba la agente rusa detenida en EE.UU.

Maria Butina accedió al presidente en Las Vegas en el 2015, cuando era todavía un candidato


nueva york / COLpisa

El arresto el pasado fin de semana de una mujer rusa, imputada por operar como agente secreto del Kremlin, ha abierto en EE.UU. un nuevo escándalo que rodea a Donald Trump. María Butina, nombre con el que se ha identificado a la mujer, de 29 años, contactó por primera vez con el presidente en una convención en Las Vegas en el 2015, cuando el entonces candidato acababa de anunciar su campaña. Butina atrajo la atención del republicano, a quien le preguntó qué planeaba hacer con las relaciones entre Washington y Moscú. Se había abierto paso en el encuentro con la excusa de que quería saber más para divulgar la información en su país.

Para entonces, el interés patrio de Butina, a quien los jueces decidieron ayer mantener en prisión por riesgo de fuga, era ya el principio de una conspiración criminal para crear canales secretos de comunicación con políticos que pudieran penetrar «el aparato de decisión» de EE.UU. y avanzar la agenda de Rusia. Acusada de infiltrarse en la Asociación Nacional del Rifle (NRA) y en círculos conservadores para influir en el Gobierno, los cargos han abierto un nuevo frente de investigación del Departamento de Justicia para desarticular la infiltración de Moscú. La Casa Blanca señaló que sigue de cerca el caso.

Crecida en Siberia, donde su padre la enseñó a usar las armas, Butina, que podría enfrentarse a cinco años de cárcel, tenía la coartada perfecta para abrirse camino en el intrincado universo conservador. Según ella, trataba de fundar el equivalente del NRA en Rusia. Para tal supuesto fin dedicó años a cultivar relaciones con republicanos, defensores de las armas y líderes religiosos.

La mujer, de cabello pelirrojo, causaba sensación en el mundo republicano, dominado por hombres maduros de pelo gris. En el 2014 la revista GQ Rusia le dedicó un reportaje en el que posaba con pistolas en ropa interior. De acuerdo a un memorándum presentado por el Departamento de Justicia, la presunta espía rusa había tejido una red de influyentes contactos en Estados Unidos para beneficiar al Kremlin, una tarea por la que inició una relación sentimental con uno de sus contactos estadounidenses, con quien vivía.

Los investigadores constataron que el romance era solo un trámite dentro de la supuesta operación de Butina, quien en intercambios de mensajes con otros sujetos había hablado su desidia por tener que vivir con esa persona, contexto en el que la imputada llegó a ofrecer servicios sexuales a otro individuo a cambio de un puesto en una organización con influencia.

De este documento también se extrae que la acusada comenzó a hablar desde Rusia con este estadounidense en el 2013. Posteriormente, se sirvió de una herramienta del gigante tecnológico Google, concretamente su traductor, para entablar conversaciones en inglés y presentarle una «propuesta de proyecto» ante las elecciones del 2016.

Su mentor, Alexander Torshin, oficial del Banco Central ruso, está acusado de dirigir las operaciones de Butina, a quien a veces acompañaba en convenciones del NRA y de los candidatos presidenciales.

En abril del 2014, Butina se presentó en la Convención del NRA en Indianápolis, donde se hizo fotos con el vicepresidente Wayne LaPierre y pesos pesados republicanos como el exsenador y candidato presidencial Rick Santorum. Y en septiembre invitó al conservador Paul Erickson a hablar en el grupo de derechos de armas en Moscú. Seis meses después, Butina enviaba un correo a un político, al parecer Erickson, para iniciar el proyecto Diplomacia. En él, la joven declaraba con 20 meses de antelación que el partido conservador se haría con el Gobierno en las elecciones del 2016, en un momento en que todas las encuestas daban a Hillary Clinton una clara ventaja. En el correo señalaba su deseo de incrementar las relaciones con halcones republicanos y con el NRA, y declaraba que necesitaba 125.000 dólares (107.000 euros) para ir a las conferencias. Semanas después, de vuelta en EE.UU., estaba en la convención del NRA del 2015 en Nashville, donde accedió a las principales figuras conservadoras.

A medida que la campaña de Trump se intensificaba, la joven intentó infiltrarse en el círculo del magnate, para lo cual obtuvo un visado de estudiante para un programa de relaciones internacionales en una universidad de Washington. En contacto con un segundo asociado americano, no identificado, Butina le dijo que el Kremlin respaldaba sus esfuerzos para establecer un canal secreto de comunicaciones y solo faltaba el sí de Putin. El acercamiento al círculo de Trump estaba en marcha, entretejido por medio de cenas de amigos y conversaciones en Washington y Nueva York para las que Butina y Torshin utilizaron intermediarios americanos.

La estancia del magnate en su hotel de Escocia costó casi 59.000 euros

La estancia privada de Donald Trump y Melania el pasado fin de semana en el hotel que posee en Turnberry, Escocia, costó al Gobierno estadounidense 52.500 libras (casi 59.000 euros). La documentación consultada no aporta un desglose de los gastos en el establecimiento, donde el coste medio de una habitación es de 132 libras la noche (148 euros), pero puede aumentar hasta las 7.000 libras (7.800 euros) si se elige la suite de dos habitaciones del faro, la más lujosa. La factura fue asumida por el Departamento de Estado, que se la abonó a la empresa SLC Turnberry Limited que gestiona el complejo hotelero. Su matriz, Golf Recreation Scotland, sigue siendo propiedad exclusiva de Trump, a través de Donald J. Trump Revocable Trust, con sede en Nueva York.

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