Agua de lluvia para sobrevivir 9 días

Los niños tailandeses rescatados en Tham Luang recibieron ayer el alta y sueñan con ser futbolistas o soldados de élite

Los doce niños rescatados en la cueva saludan al público presente en su salida del hospital tras una semana ingresados
Los doce niños rescatados en la cueva saludan al público presente en su salida del hospital tras una semana ingresados

redacción / la voz

Uniformados con la camiseta de los Wild Boars [Jabalíes Salvajes], con las manos unidas y en alto, una gran sonrisa y enorme alivio, los doce niños tailandeses y su entrenador que permanecieron atrapados casi dos semanas en una cueva turística de Tham Luang recibieron ayer por fin el alta médica en el hospital de Mae Sai. Las pruebas revelan que los niños apenas tienen secuelas físicas ni psicológicas, pero las autoridades decidieron realizar un acto público controlado para satisfacer la curiosidad de los casi mil periodistas de todo el mundo que se acercaron hasta esa recóndita urbe situada en la frontera entre Tailandia, Birmania y Laos. «A partir de hoy, esperemos que les dejen tener una vida normal, sin acosarlos», pidieron las autoridades tailandesas a los periodistas allí desplazadas.

Dudas no aclararon muchas los protagonistas de la odisea. «El entrenador no quería, pero le convencimos para entrar una hora a la cueva y explorarla para celebrar el cumpleaños de Night. Nos sorprendió la lluvia y no pudimos salir», relató uno de los menores con rostro serio.

Eckaphol Chantawong, el entrenador, de 25 años, conocía la cueva de otras ocasiones y enseguida se dio cuenta de que tendrían que esperar a que bajara el nivel del agua para poder salir. «Buscamos posibles alternativas, cavamos entre las rocas ayudándonos con piedras... Pero pronto vimos que tendríamos que esperar a que alguien se diera cuenta de nuestra falta», dijo Ake, el mote por el que se conoce al entrenador de los Jabalíes Salvajes.

La primera noche, la del 23 de junio, fue de llantos y quejas en el interior de la cueva. Los mayores pronto se dieron cuenta de que tenían que evitar el desánimo. «Nos alimentamos durante los nueve días que estuvimos solos del agua que caía por las paredes procedente de las lluvias. Parecía que estaba limpia y así llenábamos el estómago para evitar sentir hambre. Para tener las mentes ocupadas, organizamos turnos de trabajo para excavar en busca de posibles salidas. Luego rezábamos todos juntos», relató el mayor del grupo. Llegaron a avanzar unos cuatro metros en ese túnel, pero a partir del tercer día el hambre y el cansancio empezaron a hacer mella en el colectivo.

«Fue un milagro»

«Fue un milagro que nos encontraran. Yo no podía creerme que estuvieran allí los buzos que nos encontraron», relató Dul, el joven con conocimientos de inglés que pudo entenderse con los rescatadores después de nueve días encerrados bajo tierra.

Los chicos se ordenarán novicios budistas unas semanas para honrar al buzo muerto Todos ellos se disculparon por el susto ocasionado. «Pido perdón a mi padre y a mi madre», dijo Bew ante el asentimiento general. Y no faltó un recuero emotivo para Saman Kunam, el buzo que murió en el rescate. Por él, los trece miembros de los Jabalíes Salvajes se ordenarán novicios en el convento budista de la zona para rezar, honrar su memoria y hacer obras de caridad.

Sobre la experiencia vivida en el interior, uno de los niños ha dicho que estaba «preocupado» por los deberes del colegio que no podía hacer durante el cautiverio y otro llamado Adul ha contado que lo que ha aprendido es que no se puede vivir sin prestar atención a las cosas. «A partir de ahora, viviré mi vida atentamente», añadió.

Titán, el más pequeño de los jugadores, destacó que la experiencia en la gruta le ha enseñado a «valorar la vida». «Me siento más fuerte y ahora tengo más paciencia y resistencia», indicó.

Sobre su futuro, varios niños quieren ser futbolistas profesionales y otros, prefieren convertirse en militares de la unidad de élite SEAL de la Marina tailandesa, los especialistas militares que han liderado la parte tailandesa del rescate.

De volver a la cueva, por ahora, no quieren saber nada. «Yo ya había estado y, a lo mejor, más adelante, con un guía, quizá pueda volver», resumió el entrenador.

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