bruselas / corresponsal

«Esto prueba claramente que en Chequers hubo una única visión dentro del Ejecutivo británico», deslizó est lunes con su particular ironía el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, tras conocer la dimisión del negociador británico del brexit, David Davis, y del ministro de Exteriores, Boris Johnson. Dos pesos pesados de la facción defensora del divorcio duro con la UE.

Nadie en Bruselas es ajeno a los problemas de alcoba que se cuecen en el número 10 de Downing Street. El caos político que se ha desatado en el Ejecutivo de Theresa May no ha cogido por sorpresa a los líderes europeos que asisten, entre frustrados e impacientes, a la batalla. Fuentes comunitarias admiten que la inestabilidad del Gobierno británico es un problema para conseguir relanzar unas negociaciones que llevan meses encalladas por las tiranteces entre los miembros del gabinete de May.

El futuro de la premier no está ni mucho menos garantizado, así que las conversaciones sobre el brexit están en el aire. «Los políticos van y vienen, pero los problemas que han generado a la gente permanecen. Seguimos estando muy lejos de resolver el brexit, con o sin Davis», indicó este lunes con resignación el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. El polaco lamentó que Londres insista en abrir la puerta de salida. «Desafortunadamente la idea del brexit no se ha ido con él», deslizó.

Al negociador europeo, Michel Barnier, la dimisión de su homólogo británico no le trastoca gravemente los planes. La comunicación entre el francés y Davis nunca ha sido fluida y las negociaciones no estaban ni mucho menos encaminadas. El galo lleva meses repitiendo una y otra vez que la UE necesita conocer «con claridad» qué quieren los británicos. Esa claridad podría llegar el próximo jueves, fecha en la que, si no ocurre nada más, May tiene previsto dar a conocer su libro blanco, una hoja de ruta para revitalizar el proceso, hoy en punto muerto a solo nueve meses de que termine el plazo para dar carpetazo al divorcio.

En Bruselas ya nadie espera nada. El portavoz de la Comisión Europea, Margaritis Schinas, eludió valorar ayer este nuevo giro dramático de los acontecimientos en Londres. «Evitamos posicionarnos en términos psicológicos: preocupación, entusiasmo, decepción y demás. Estamos aquí para trabajar, el tiempo es escaso, todo el mundo lo sabe», explicó el griego.

El tiempo corre, es lo único cierto de este proceso, y nadie confía en que se llegue a tiempo al 29 de marzo del 2019, fecha de salida. ¿Podría la UE prorrogar las negociaciones para evitar que el Reino Unido se despeñe por el precipicio? Es posible, pero dependerá de la voluntad política de los Veintisiete. «En lo que concierne a una posible prolongación de las negociaciones, el artículo 50 dice claramente que son los Estados miembro los que deciden por unanimidad sobre su extensión. La cuestión es que no hay tal demanda», indicó Schinas.

Todos los escenarios que maneja ahora Bruselas son hipotéticos. ¿Seguirá Theresa May al frente del Gobierno? ¿Habrá elecciones anticipadas? ¿Podrá el nuevo negociador, Dominic Raab, desatascar las negociaciones y traspasar ciertas líneas rojas que su predecesor se negó a cruzar?

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La UE muestra su frustración con los dramas del Ejecutivo británico