Trump reitera los ataques a los simpapeles porque le dan rédito

Exige que se lleven a cabo deportaciones extrajudiciales

Una niña hondureña y su madre en la frontera con EE.UU.
Una niña hondureña y su madre en la frontera con EE.UU.

nueva york / colpisa

Furioso con la rectificación a la que se vio forzado para contener la crisis de imagen creada por la separación de familias inmigrantes, el presidente de EE.UU., Donald Trump, ha vuelto a la carga pidiendo desde el domingo deportaciones extrajudiciales de simpapeles. Según fuentes de la Casa Blanca, el mandatario lamenta no poder firmar un decreto «definitivo» para resolver el problema a su manera y de una vez por todas. Varios de sus consejeros tuvieron que explicarle que tal acción excede sus poderes ejecutivos.

Tras la avalancha de críticas recibidas por la separación de menores de sus padres, las agencias de inmigración y de seguridad nacional se han movilizado para reunir a las familias de inmigrantes, en una situación complicada y que ellos mismos crearon. A la confusión general se añaden denuncias de abusos en los centros de detención, que incluyen menores esposados a los que, para calmarles, se suministran medicaciones con el señuelo de que son «vitaminas».

Según los últimos datos, 538 niños se reunieron ya con sus padres aunque más de 2.000 continúan separados de sus familias, repartidos por todo el país en diferentes situaciones según los Estados. Los destinos incluyen lugares tan dispares como centros de acogida en California, albergues para huérfanos en Virginia o campamentos en instalaciones militares. Las familias no saben dónde están sus hijos, algunos de muy corta edad que no pueden contar de dónde vienen o quiénes son sus padres.

Denuncian niños esposados a los que dan calmantes con el señuelo de que son vitaminas Los congresistas que visitaron los centros de detención describen como «horribles» las condiciones de los inmigrantes, comparables a las de una prisión. Según sus testimonios, a los niños se les clasifica como «en una perrera», se les hacina en celdas con rejas y duermen en el suelo de cemento con sábanas especiales de aluminio separados apenas por una mampara de los baños. Las condiciones de trato varían también en el plano emocional, desde los fríos centros institucionales donde a los adultos no se les permite tocar a los menores o con padres de acogida que no hablan español pero les abrazan cuando lloran.

La Cámara de Representantes llevará esta semana a votación una legislación de compromiso sobre inmigración. Cuenta con el apoyo de la Casa Blanca, aunque Trump ya advirtió de que la considera una pérdida de tiempo. De hecho, el presidente sugirió esperar al otoño para abordar una reforma después de las cruciales elecciones de noviembre donde se renueva un tercio de la asamblea. Una pérdida de la mayoría republicana sería fatal para la presidencia de Trump.

Por ello, la Casa Blanca se concentra en la campaña de apoyo a los candidatos republicanos y planea seguir usando la inmigración para electrizar a las bases de votantes sobre todo en distritos con elecciones muy competidas. A pesar del revés de imagen por la separación de familias y la subsiguiente rectificación del presidente, la estrategia antiinmigrantes da buenos resultados en las zonas ultratrumpistas, donde los votantes jalean al mandatario.

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