Crece el clamor contra Trump por separar a los inmigrantes de sus hijos

El presidente se defiende atacando a Europa: «EE.UU. no será un campo de migrantes»


Nueva York / Colpisa

La tormenta que ha desatado la política de separación de padres e hijos en la frontera engulló ayer al Gobierno de Trump, que reaccionó al ataque, como mejor sabe, armado de mentiras, y con una nueva embestida contra Angela Merkel. El presidente de EE.UU. acusó a los demócratas de la dinámica que su propio fiscal general anunció el 7 de mayo. Desde ese día, más de 2.000 niños han sido separados de sus familias por la fuerza.

«No queremos que lo que está pasando en Europa nos pase a nosotros», añadió Trump. Antes se había despachado a gusto en Twitter con la «débil» coalición de Gobierno germano. «La criminalidad en Alemania está subiendo», tuiteó, pese a que las cifras oficiales dicen lo contrario. En un informe publicado ene mayo, el propio ministro del Interior, Horst Seehofer, se congratulaba de que en el 2017 se registró en Alemania el nivel más bajo de criminalidad desde 1992.

La indignación que han generado los testimonios de congresistas que han visitado a las madres dolientes culminó ayer con la voz serena de la ex primera dama Laura Bush, a la que los estadounidenses no están acostumbrados a oír hablar de política. Solo que, como dijo ayer mismo Hillary Clinton, no hace falta ser padre o haber tenido alguna vez un niño en brazos para dolerse. «Cualquier ser humano con un mínimo de compasión y decencia debería estar indignado», añadió.

Las historias de horror en los centros de detención no tienen fin. Madres a las que le arrebataron sus bebés por la fuerza mientras les daban el pecho. Padres que se han colgado en su celda, impotentes por haber perdido a sus hijos después de mantenerlos a salvo durante la peligrosa travesía por todo México y Centroamérica. Madres que les dejaron ir para que les dieran un baño, pero no volvieron a verlos ni después de ser deportadas. El drama es dantesco. «Espantoso», en palabras de Clinton. «Inmoral», en las de Bush.

La voz de Clinton era necesaria, sobre todo en el descabellado momento en el que el presidente de la posverdad culpa de esta crueldad a una supuesta ley de los demócratas que no existe, como puntualizó la ex primera dama, pero no pudo competir con el impacto de su sucesora. Es Laura Bush quien se ha alzado como la voz de la conciencia dentro de su propio partido, un día después de que las arbitrarias detenciones salpicaran el Día del Padre en EE.UU. con historias para no dormir. La esposa de George W. Bush, madre y abuela, se ubicó entre los «millones» de estadounidenses que ven con horror las imágenes de niños separados de sus padres. «Una auténtica crueldad», escribió en una columna de opinión publicada en The Washington Post, el periódico más combativo de la era Trump. «Me rompe el corazón», confesó. 

En su búsqueda de excusas, mentiras y desmentidos, el Gobierno ha llegado a apoyarse en la Biblia para aplicar estas políticas. Algo que el sacerdote jesuita James Martin, director de la revista católica America Magazine, considera «demente».

A Trump no le importa .Con esta ola de clamor intenta forzar a la oposición a aceptar una reforma migratoria que le aporte fondos para construir el muro que ha prometido a sus bases. Los demócratas se niegan a aceptar cualquier ley que deje fuera a los 700.000 jóvenes conocidos como «soñadores» a los que Barack Obama ofreció una residencia legal. Sin retroceder un paso, el presidente juró ayer que bajo su mandado «EE.UU. no será un campamento de migrantes ni instalaciones para refugiados».

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