España se enfrenta ya a la mayor crisis migratoria de la última década

La llegada de 1.290 inmigrantes en 48 horas a Andalucía y Canarias no tiene precedentes


madrid / colpisa

España se enfrenta ya a la mayor oleada migratoria desde la conocida como crisis de los cayucos vivida en las islas Canarias hace doce años. La llegada de 1.290 inmigrantes a las costas andaluzas (1.138) y canarias (152) a bordo de 73 pateras en apenas 48 horas no tiene precedentes y hay que remontarse a mediados de agosto del 2006 para encontrar una avalancha similar en territorio nacional, cuando arribaron a las costas del archipiélago 1.268 subsaharianos procedentes de Mauritania y Senegal en poco más de un fin de semana. Detrás de estas cifras, según fuentes del Gobierno y de las fuerzas de seguridad, hay muchos factores. Pero Marruecos, como en otras crisis migratorias marítimas y terrestres (en las vallas de Ceuta y Melilla), está en el centro de todas las miradas.

El Ejecutivo negó ayer cualquier efecto llamada por las decisiones de España de acoger a los inmigrantes del Aquarius, anunciar la supresión de las concertinas de las vallas de las ciudades autónomas o devolver la sanidad universal a los simpapeles. «No hay que unir el Aquarius a la llegada de pateras al sur de España, que es algo que está sucediendo con mucha asiduidad», apuntó la ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio. Los analistas de la Policía y la Guardia Civil que trabajan en el Estrecho y en las costas de Andalucía Oriental también rechazaron ayer que los gestos del nuevo Ejecutivo de Pedro Sánchez hayan podido tener en tan poco tiempo efecto en las mafias que controlan la inmigración clandestina y en sus flujos.

Valerio negó también ayer que Marruecos esté intentando un «pulso» con España en estos días. La ministra no quiso ir más allá. La consigna oficial del Ejecutivo es que no hay ningún problema con las autoridades de Rabat. Las órdenes son no polemizar desde el Gobierno con el país vecino.

«La tormenta perfecta»

Pero los técnicos de Exteriores e Interior describen una realidad mucho más compleja estos días, con una «conjunción de factores» que han desatado la «tormenta perfecta» y en la que Marruecos -donde la actual crisis migratoria está siendo silenciada en los medios oficiales- tiene un papel clave.

Según los especialistas de la Policía y la Guardia Civil, en la actual crisis solo hay dos elementos que no tienen que ver con el país vecino. El primero es la evidente llegada del buen tiempo después de meses de temporales en el Mediterráneo occidental. Y la segunda, la situación cada vez más violenta e inestable en Libia, punto de partida de las embarcaciones con destino a Italia.

Cae la ruta italiana

El deterioro radical de la seguridad en este país en los últimos meses ha hecho que los propios inmigrantes rechacen escoger esa vía. El flujo en el Mediterráneo central se ha reducido en un 80 % en los primeros meses del año, de acuerdo con los datos que maneja la Administración española. Italia, según diversas estimaciones, ha recibido este año algo más de 15.500 inmigrantes por mar mientras que en España ya han entrado en los cinco primeros meses y medio casi 14.000 simpapeles por tierra (Ceuta y Melilla) y mar.

Pesca, nuevo Gobierno y ramadán hacen más permeable el paso marroquí

Marruecos siempre ha empleado el grifo de la inmigración clandestina en sus relaciones con la UE. Y en este momento hay tres factores que podrían estar interfiriendo en el flujo migratorio desde el país magrebí. Uno es el proceso de negociación que la UE y Rabat mantienen para renovar el pacto pesquero, que expira el 14 de julio. La pesca siempre ha sido una baza de negociación muy potente de Rabat, pero esta vez más, porque Marruecos quiere que la UE reconozca de alguna forma su soberanía sobre las aguas del Sáhara.

Para complicar la situación, España tiene nuevo Gobierno, al que Rabat quiere recordar la importancia del vecino de sur y su colaboración clave para la estabilidad de la frontera sur. A esos factores se suma que las fuerzas de seguridad marroquíes han bajado la guardia durante el ramadán. La fiesta que pone fin al mes sagrado musulmán fue el viernes, día en el que se lanzaron al mar decenas de pateras.

«Hace tiempo que nadie me abrazaba así»

La frase, dicha por una niña de 12 años a un voluntario, resume la emoción de los inmigrantes de la flotilla del Aquarius que llegaron ayer exhaustos a Valencia

i. domingo/ i. herrero

Silencio, solo roto por el graznido de las gaviotas que sobrevuelan el muelle de cruceros del puerto de Valencia. Son las 06.25 horas, comienza a amanecer, y el Dattilo, el primero de los barcos de la flotilla del Aquarius con 630 inmigrantes a bordo, enfila por la bocana portuaria. Escoltado por embarcaciones de Salvamento Marítimo, Guardia Civil, Cruz Roja y el práctico del puerto, su avance es observado por miles de ojos, los del amplio dispositivo preparado en tierra para su desembarco. Los 20 minutos que transcurren entre su entrada a la bocana y el atraque en el muelle transcurren en un silencio respetuoso, expectante, que se rompe con el ir y venir del personal portuario y con el helicóptero que sobrevuela el perímetro de seguridad.

Atrás quedan 9 días de odisea desde que los inmigrantes fueron rescatados por SOS Mediterranée y Médicos Sin Fronteras frente a la costa italiana y 6 desde que iniciaron el viaje hacia Valencia tras el ofrecimiento del Gobierno español por la negativa de Italia y Malta a su acogida. Jornadas en las que también ha ido variando la situación jurídica de los náufragos, que pasaron de la condición inicial de refugiados para todos al análisis de caso por caso.

En este sentido, el Gobierno decidió ampliar el «permiso de entrada extraordinaria» a España hasta los 45 días en vez de los 30 iniciales, que el sábado detallaba el ministro de Fomento, José Luis Abalos, al tiempo que recordaba que los inmigrantes serán tratados conforme a la ley española.

En pleno proceso de desembarco, el inspector jefe de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras de Madrid, Bernardo Alonso, detalló que estas personas quedaron tuteladas por diferentes oenegés y por el Ministerio de Trabajo. «Nadie sale de la zona de seguridad perimetrada sin que esté identificado», señaló el también responsable de la identificación y documentación de los náufragos. Transcurridos los 45 días, se analizará si procede su asilo (en España o Francia) o se inicia expediente de expulsión. «Se estudiará caso por caso su petición, no se puede hacer de manera general», indicó.

Diez horas

El desembarco, escalonado, se prolongó durante diez horas, hasta las 17.40 que se dio por concluido, con todo el pasaje en tierra.

En cada llegada, el mismo operativo. Los primeros en subir a las naves fueron el personal de Sanidad Exterior y de la Consejería de Sanidad para un primer triaje, equipados con mono blanco, guantes y mascarilla. Tras intercambiar información con el coordinador sanitario de cada buque y realizar la revisión, se iniciaba el desembarco, que en el caso del Dattilo se prolongó por espacio de cuatro horas, lo que provocó el retraso de la entrada del Aquarius al puerto.

Nueve personas fueron las primeras en pisar tierra valenciana. Vestidas de oscuro y con una mochila con sus pertenencias, eran conducidas hacia el puesto de atención sanitaria y, posteriormente, al de filiación. A las 20.50 horas, 583 estaban ya identificadas. La contención de los primeros pasajeros se convirtió en una explosión de júbilo en el caso del Aquarius, cuyos pasajeros ya entraron entre cánticos a bordo (como el When the Saints are marching in) y con los aplausos de todo el dispositivo. Minutos antes de las doce y media, comenzaron a bajar en pequeños grupos, entre saludos y aplausos, fruto de una emoción compartida por el personal sanitario, impresionado por la entereza de los migrantes y las muestras de resiliencia de los niños. 123 había a bordo.

Llegada a España del Aquarius entre canciones y aplausos: así terminó una pesadilla y empezó un sueño Cansados pero muy ilusionados. Así han visto a los migrantes rescatados por el Aquarius los más de mil voluntarios de la Cruz Roja que se movilizaron desde toda España para darles apoyo este domingo en Valencia

«Hace mucho tiempo que nadie me daba un abrazo así», dijo a Fernando Justa, voluntario de Cruz Roja, una niña de doce años cuando trató con un peluche de calmar su miedo. Lo contó visiblemente emocionado a los medios, entre otras vivencias narradas por los 630 rescatados.

Como Justa, decenas de voluntarios atendieron a los recién llegados. Pedro, Juan Ignacio, Gabriel o Martín, que canceló su plan playero con María Ángeles y sus tres hijos de 17, ocho y cinco años para aportar su granito de arena. Todos renunciaron con gusto a su libranza, y a la paella del domingo, «por humanidad».

Finalmente se recurrió a autobuses privados para los traslados de los inmigrantes, una vez completado el proceso de atención sanitaria y filiación. Varios partieron del recinto portuario en dirección al complejo educativo de Cheste, habilitado para acoger a los inmigrantes, mientras que los menores fueron llevados a Alicante. El balance sanitario final fue de 150 rescatados trasladados a centros de salud y seis de ellos ingresados.

La guardia costera italiana se hizo cargo de los 41 rescatados por el Trenton

Pocas horas antes de que el Aquarius hiciese su entrada en el puerto de Valencia, el Diciotti, un barco de la Guardia Costera italiana, se hacía cargo de las 41 personas rescatadas el martes pasado frente a las costas de Libia por el USNS Trenton, perteneciente a la Sexta Flota estadounidense. El trasvase se realizó sobre las ocho de la mañana al sur de la isla de Lampedusa, según informaron a Efe fuentes de los guardacostas.

Los 41 supervivientes del naufragio recogidos por el Trenton elevan a 523 los migrantes a bordo del buque italiano, que ya había recogido a otros 482 en distintas operaciones el viernes. El Diciotti traslada también un cadáver recuperado por un mercante. El barco permanecerá todavía en aguas internacionales dando servicios en el Mediterráneo a la espera de que se le asigne el puerto en el que atracar.

Mientras, un bloqueo como el que Italia impuso al Aquarius se extendió el sábado a otros dos barcos operados por organizaciones no gubernamentales, a los que negó la entrada en cualquier puerto del país. El Gobierno de Roma solo acepta recibir inmigrantes que hayan sido salvados por sus navíos, aunque ha hecho una excepción con EE. UU.

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