La UE se conjura para mantener a raya los arrebatos de Trump

Cierra filas con Trudeau tras los ataques del magnate contra él


bruselas / corresponsal

«Deshonesto» y «débil», fueron los improperios más suaves que le dedicó el presidente estadounidense, Donald Trump, a su homólogo canadiense, Justin Trudeau, tras la cumbre del G 7 en Quebec. El magnate salió de la cita encolerizado, con la sensación de haber perdido una batalla. ¿Por qué motivo? No le gustó que sus socios aireasen detalles de las conversaciones tras la firma de la declaración final. Un intercambio de opiniones que habría dejado a Trump en muy mal lugar. Sus errores de cálculo, la falta de lógica en sus argumentos y su dogma proteccionista quedaron al desnudo, algo imperdonable para el multimillonario, quien cuida mucho la imagen de líder fuerte y seguro.

Su actitud caprichosa e impulsiva fue duramente criticada en las cancillerías europeas. El portavoz de la Comisión, Margaritis Schinas, cerró ayer filas con Trudeau: «La UE respalda completamente lo acordado en la declaración. Refleja los valores y políticas que defendemos y que seguiremos defendiendo con nuestros socios», aseguró antes de agradecer al canadiense «la excelente preparación de una cumbre desafiante». Todos los líderes occidentales tienen claro que habrá un antes y un después de la cita. Será fundamental tejer alianzas más estrechas para defender las reglas del comercio internacional y el multilateralismo. Este es un debate que mantendrán hoy los comisarios europeos.

Los gestos también cuentan, por eso la UE sopesa responder a Trump con la misma agresividad de la que hace gala el estadounidense. Ya está todo previsto para imponer a partir del 1 de julio aranceles del 25 % a los productos estadounidenses más emblemáticos (vaqueros, whisky, motos, crema de cacahuete) como represalia por la guerra comercial desatada por Washington contra el acero y el aluminio europeos. Una decisión que enerva especialmente a Trump, quien siempre ha sacado pecho por imponer su voluntad al resto de socios comerciales.

Las cuentas se le tuercen al estadounidense, quien creía que sus rivales se mostrarían mucho más débiles. Lejos de fragmentarse, la UE y socios como Japón y Canadá tratan de mantener cohesionado el núcleo duro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para evitar que el «huracán Trump» arrase con los lazos comerciales que tanto tiempo tardaron en forjarse.

Ni siquiera el Reino Unido apoya su estrategia incendiaria. La primera ministra británica, Theresa May, reconoció ante la Cámara de los Comunes su «profunda decepción» por la actitud del magnate y la decisión injustificada de los Estados Unidos de imponer tarifas a las importaciones europeas.

La reforma del asilo europeo, tocada y casi hundida

CRISTINA PORTEIRO

La Unión Europea no logra articular una respuesta ante las distintas visiones de los países miembro

«¡Victoria!», clamó ayer el flamante y xenófobo ministro del Interior italiano, Matteo Salvini (Liga Norte), después de saber que España abriría sus puertas al Aquarius. Tanto ha cambiado la Unión Europea en estos años que un triunfo político se mide hoy en el número de migrantes que un Gobierno consigue repeler de sus costas. La ultraderecha se ha adueñado del debate. Ni la economía, ni el clima ni la corrupción tienen tanto peso como la inmigración en la decisión de voto de los europeos. Azuzar el miedo, perfilar un clima de inseguridad y encender las pulsiones identitarias han sido una receta eficaz para alcanzar el poder en cancillerías europeas de peso y hundir desde dentro la reforma del asilo que propugna Bruselas

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