«Volveré en cuanto pueda caminar»

Cientos de heridos llenan los hospitales Gaza con la mente puesta en seguir las protestas


Gaza / Colpisa

Complicado dar un paso. Hay que esperar en pasillos y escaleras. Familiares, médicos, enfermeras, periodistas, personal de organismos humanitarios. Y heridos, heridos por todas partes. El hospital Al Shifa, principal centro de referencia de Gaza, está colapsado. Ibrahim Said está roto de dolor en la cama. Los calmantes ya no le alivian, pero los quirófanos están ocupados y tiene que esperar. «No aguanto más, la verdad es que no aguanto más, pero ¿qué puedo hacer? Hay gente más grave que yo y a la que deben atender antes», exclama este joven de 30 años herido de bala en las dos piernas.

La sangre ha empapado el vendaje y cubre parte del colchón. Su madre le sonríe, «es fuerte, come mucho, se pondrá bien pronto», asegura. Su padre entona eslóganes de la primera intifada y se consuela diciendo en voz alta que «ya tenemos intifadas para todas las generaciones, esta es la que le toca a mi hijo». Era la primera protesta de Said, pero los francotiradores de Israel apenas le dieron tiempo de dar unos pasos tras dejar el autobús y le dispararon en una zona próxima a Shojaie, el barrio que quedó arrasado en la guerra del verano del 2014. Los gazatíes que se acercan a los hospitales de la Franja reviven las imágenes de aquella contienda que dejó 2.500 muertos. La apertura de la Embajada de EE.UU. en Jerusalén exacerbó las protestas de las que Gaza era testigo desde el 30 de marzo en el marco de la Marcha del Retorno. Hubo 60 muertos, entre ellos la bebé Laila al Ghandur, y miles de heridos.

La Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos denunció que Israel «mata de una forma que parece indiscriminada» y recordó que querer saltar o dañar una valla fronteriza no justifica el uso de munición letal. «Parece que cualquiera puede ser asesinado o herido; mujeres, niños, reporteros, personal de primeros auxilios, si se acercan a más de 700 metros de la valla. Dispararon a un amputado doble, ¿qué amenaza es un amputado?», afirmó su portavoz en Ginebra, Rupert Colville. Unas palabras ante las que los israelíes repiten una y otra vez que Hamás es el culpable de la situación y que se limitan a defender su frontera. 

Turnos de 24 horas

La situación es extrema para los servicios sanitarios de la Franja, azotados por una década de bloqueo. «Los turnos de los médicos, especialmente en quirófano, son de 24 horas. Nadie se ha ido a su casa y lo peor es que no sabemos hasta cuándo se puede alargar esto», explica el doctor Shabani, que informa de que «solo en Al Shifa tenemos 500 heridos de bala, la mayoría registran los impactos en las piernas, cerca de la rodilla, y por el tipo de lesión muchos van a tener graves secuelas para toda la vida y mutilaciones por las complicaciones que surgen». La Agencia de la ONU para los Refugiados de Palestina alertó de que los hospitales de la Franja «tienen menos de una semana de reservas para continuar con sus operaciones» y desde Egipto abrieron la frontera para poder recibir heridos.

Frente a la cama de Said descansa Bassem Carera, de 23 años. Ha tenido más suerte. Ya le han practicado una primera operación, aunque posiblemente necesita alguna más. Su esposa no se separa de su lecho. «Estaba con un amigo bombero cuando le llamaron para que acudiera a socorrer a un herido, me pidió ayuda y le seguí, pero cuando estábamos llegando me dispararon», recuerda este joven . Piensa «volver en cuanto pueda caminar y no dejaré de protestas hasta recuperar mi tierra y liberar Al-Aqsa». Bassem es descendiente de palestinos expulsados de Ashkelon, localidad próxima a Gaza. La conmemoración ayer de la Nakba, invitaba a pensar en una nuevo día de movilizaciones, pero no fue así. Hasta la próxima.

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