Irak acude a las urnas bajo la amenaza del Estado Islámico

El país está atrapado en la tensión de sus aliados, EE.UU. e Irán

Milicianas peshmergas hacen cola para votar en la jornada que fue asignada a los kurdos
Milicianas peshmergas hacen cola para votar en la jornada que fue asignada a los kurdos

jerusalén / colpisa

Los iraquíes acuden hoy a las urnas para elegir un nuevo Parlamento y lo hacen, como en cada proceso electoral desde 2003, bajo la amenaza del terror. Pese al colapso del califato, el Estado Islámico (EI) mantiene su capacidad de amenaza y tiene estos comicios en el punto de mira. Son las primeras elecciones desde la derrota militar del EI y dos de los máximos favoritos confían en que su papel en esta batalla les sirva para ganar votos. El actual primer ministro, Haider al-Abadi, lidera la coalición Al Nasr (La Victoria), y Hadi al-Ameri, secretario general de la Organización Badr, una de la milicias chiíes más activa en la guerra contra el grupo yihadista, es la cabeza visible de la coalición de Al Fath (La Conquista).

El tercer candidato importante en el proceso, según los analistas locales, es el ex primer ministro Nuri al-Maliki, quien lidera la lista de Daulat al-Qanun (Estado de Derecho). En su caso se puede decir que es una víctima del EI ya que perdió su puesto en 2014 tras la entrada del grupo en escena, después de que Bagdad entregara el control de ciudades tan importantes como Mosul y Tikrit en apenas 48 horas. Los tres políticos favoritos son chiíes, la secta mayoritaria en el país que desde la invasión de Estados Unidos y el final de la dictadura de Sadam Huseín controla el Gobierno en Bagdad.

El sistema político iraquí contempla un reparto confesional y étnico de los principales cargos: el primer ministro está reservado para los chiíes, la presidencia del Parlamento a los suníes y la presidencia del Estado, que tiene un carácter simbólico, a los kurdos. Este último grupo también tomará parte en los comicios después de su frustrado intento de independencia. La consulta organizada hace seis meses solo contó con el apoyo internacional de Israel y ahora los dos grandes partidos de la región autónoma, KDP y UKP, vuelven a pedir el voto para estar en presentes en la cámara de Bagdad.

El nuevo Gobierno se enfrenta al reto de intentar reconstruir el país después de quince años de guerra, los cuatro últimos contra el EI. Pero además debe ocuparse de lograr que se superen las diferencias sectarias y de guardar el equilibrio entre sus dos grandes aliados internacionales, que son Estados Unidos e Irán. Del resultado de las urnas puede depender el futuro de la presencia de fuerzas estadounidenses en el país ya que Maliki fue uno de los máximos defensores de su salida durante su etapa de primer ministro. Desde la llegada de Donald Trump la tensión se ha disparado entre Teherán y Washington y esto complica aun más las cosas para las autoridades de Bagdad, presas en mitad de este choque.

El sistema iraquí hace que sea muy complicado que una de las listas obtenga la mayoría de los 329 escaños, por lo que los pactos volverán a ser fundamentales. En elecciones pasadas se ha comprobado lo complejo que ha sido negociar y en 2013 llegó a estar 289 días sin gobierno.

Del zapatazo a Bush a buscar un escaño

«La principal razón es acabar con la corrupción y echar a los estadounidenses de nuestro país», Así explica Muntazer al Zaidi, el periodista iraquí que lanzó sus zapatos al entonces presidente de EE.UU., George W. Bush, su decisión de concurrir a las elecciones.

Muntazer al Zaidi, autor del lanzamiento de un zapato a Bush, quiere echar a EE.UU de Irak
Muntazer al Zaidi, autor del lanzamiento de un zapato a Bush, quiere echar a EE.UU de Irak

Aunque no reniega de su acto del pasado, Muntazer ha optado por no utilizar la potente imagen de su ataque a Bush en la campaña electoral. «Confío en el presente, en lo que puedo aportar a los iraquíes. No quiero un voto emocional», sostiene.

Pero puede que exista otra razón. El gesto que protagonizó fue muy polémico en Irak, donde unos lo vieron como una defensa de la soberanía nacional y otros como una falta de respeto impropia del pueblo iraquí. Los vecinos de Tikrit erigieron una estatua en su honor a las puertas de un orfanato que fue derribada al día siguiente por las autoridades municipales.

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