Los desertores que Corea del Sur no deja regresar al Norte

Los servicios de inteligencia de Seúl temen que puedan ser espías o que Kim los use como propaganda


SEÚL / E. LA VOZ

La historia de Kim Ryon-hui se interrumpe entre sollozos cada vez que menciona a su familia y su deseo de volver a su país, Corea del Norte. Con buenas palabras hacia el régimen de Kim Jong-un, su determinación para regresar al hogar del que huyó hace años sorprende porque la suya, asegura, fue una deserción no intencionada. Desde hace siete años impulsa recogidas de firmas y diversas protestas ante Naciones Unidas para pedir que las autoridades surcoreanas le permitan volver atrás.

Su empeño es extraño entre los más de 30.000 desertores norcoreanos que hay en Corea del Sur. La mayoría llegó hasta aquí arriesgando sus vidas para escapar de un sufrimiento de miseria, represión y aislamiento. Kim, de 48 años, siguió la misma ruta que gran parte de ellos cuando en el 2011 cruzó la frontera con China. Asegura a La Voz que quería recibir un tratamiento médico y luego volver a su país, pero un traficante la convenció para viajar a Seúl, donde podría ganar más dinero y pagar antes las facturas del hospital.

«Cuando llegué, me llevaron a una oficina de investigación (del Servicio Nacional de Inteligencia de Corea del Sur) y allí estuve durante un mes. Después, firmé un documento en el que rechazaba cualquier apoyo al Norte. Lo hice porque creía que así todo sería más rápido y podría volver antes a ver a mi familia», argumenta Kim. «Desde el momento en el que pisé el Sur, supe que quería volver al Norte, pero no me dejan. Corea del Sur teme que yo revele información importante», añade.

Esta modista pretendía lograr un pasaporte para poder regresar a su país, pero las autoridades se lo denegaron cuando vieron que su destino era Piongyang. Entonces, intentó conseguir uno falso y su osadía la llevó diez meses a la cárcel en el 2015. Su caso también es especial, porque procede de una familia acomodada según los estándares norcoreanos ya que su marido es cirujano militar en Piongyang.

Una adaptación difícil

«No quiero que mi hija viva en una sociedad como esta. Aquí siempre seremos ciudadanos de segunda categoría», explica Kim entre lágrimas. La mitad de los norcoreanos que vive en el Sur asegura haber sufrido discriminación por parte de sus empleados, compañeros de trabajo e incluso extraños en la calle. Esther Um, que desertó en el 2006, reconoce que ella misma tuvo esa sensación cuando llegó a Seúl con 22 años.

«Cuando llegué a Corea del Sur me di cuenta de que a los jóvenes de aquí no les interesaba la reunificación. Para mí es importante porque yo tengo a mi familia en el Norte y sueño con reunirme con ellos pero para los surcoreanos la reunificación significa pagar más impuestos para equiparar el atraso del Norte», explica Esther a La Voz. Ella es la directora de la oenegé Uni Seed, que ayuda a mendigos en Seúl y también a otros desertores, como ella misma.

«Decidí dedicarme al voluntariado para cambiar mis impresiones y mi manera de pensar. Yo estaba frustrada y me sentía discriminada, pero cuando empecé a encontrar el sentido de mi nueva vida, ayudando a otras personas, cambié de opinión», afirma.

Presiones

Por eso, a Esther Um no le cabe en la cabeza que alguien quiera regresar a Corea del Norte después de haber logrado salir. «Los que se plantean volver será porque están recibiendo amenazas y presiones que podrían sufrir los familiares que dejaron atrás», dice convencida.

«Los que se plantean volver lo hacen por temor a las amenazas hacia sus familiares»

Ambas mujeres confían en que el progreso de las negociaciones, especialmente tras la cumbre entre los dos líderes coreanos, Kim Jong-un y Moon Jae-in, les permitan reunirse con sus familias. «Realmente creo que la unificación está cerca», afirma Esther convencida y añade que confía en que, «aunque no será rápido, gradualmente llegarán a acuerdos» que le permitan un día visitar a su familia en el Norte.

Tokio busca el apoyo de Seúl y Pekín para vigilar el desarme de Piongyang

Japón aspira a que Pekín y Seúl respalden mantener la presión sobre Piongyang hasta que el régimen dé pasos concretos hacia una desnuclearización completa, verificable e irreversible, dijeron este sábado fuentes del Ejecutivo nipón.

El Gobierno del primer ministro nipón, Shinzo Abe, busca que su homólogo chino, Li Keqiang, y el presidente surcoreano, Moon Jae-in, firmen una declaración conjunta con un mensaje contundente hacia Corea del Norte, en la cumbre que celebrarán el próximo día 9 en Tokio.

El borrador propuesto por Tokio incluye un compromiso sobre la cooperación entre los tres países vecinos para lograr la desnuclearización del Norte de forma «completa, verificable e irreversible», así como mantener las sanciones y otras medidas de presión sobre Piongyang.

Divergencias

Abe ha sido un firme defensor de una postura más dura hacia Piongyang y se ha mostrado reticente con la vía de diálogo con el régimen impulsada por Moon, y es partidario de aplicar la «presión máxima» sobre Corea del Norte, en línea con Donald Trump. Pekín, el principal aliado de Kim Jong-un, sería por su parte más favorable a ofrecer incentivos al Norte para su desnuclearización.

La de la semana que viene será la primera cumbre trilateral regional desde 2015, ante el clima de empeoramiento de los lazos interterritoriales en los últimos años, especialmente de Seúl y Pekín con Tokio, al que se acusa de minimizar atrocidades del Japón Imperial durante la colonización de ambos vecinos en el siglo XX.

Los viajes de Moon y Li a Tokio supondrán además el primero que realizan máximos mandatarios de Corea del Sur y China a Japón en más de siete años.

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