El Líbano busca la estabilidad en sus primeros comicios en 9 años

Todo pendiente de los inciertos efectos de la nueva ley electoral

Los carteles de los candidatos a las legislativas cuelgan de las fachadas de un barrio de Trípoli
Los carteles de los candidatos a las legislativas cuelgan de las fachadas de un barrio de Trípoli

Redacción / La Voz

El Líbano está inmerso en una frenética campaña electoral con una inusitada profusión de carteles en las calles y debates en los medios. No es para menos. El domingo celebra sus primeras legislativas en nueve años. El país de los cedros es el centro de los delicados equilibrios de Oriente Medio y, como tal, de las tensiones entre las potencias regionales y las consecuencias de la guerra en la vecina Siria (acoge a más de 1,2 millones de refugiados). Hay mucho en juego en la cita con las urnas. Lo más importante: recobrar la estabilidad en estos convulsos tiempos.

Para superar la parálisis política -los 128 diputados han prorrogado tres veces sus mandatos desde junio del 2009-, se estrena una nueva ley electoral, adoptada en el 2017 tras años de negociaciones entre las fuerzas políticas y cuyos efectos son inciertos. Las nuevas reglas establecen un sistema proporcional, lo que permitirá a candidatos independientes o de partidos pequeños y ajenos a la política tradicional acceder el Legislativo, como pretende la escritora Jumana Hadad, de la lista Libaladi (Por mi país). A esto hay que sumar que, por primera vez, la gran diáspora libanesa puede votar.

No hay consenso entre los analistas. Para algunos el nuevo sistema electoral podría romper la bipolaridad del paisaje político, dividido entre el bando proiraní, liderado por el partido-milicia chií de Hezbolá, y el bloque prosaudí, al mando de Saad Hariri. Para otros, la división del electorado según su religión, garantiza la supervivencia de las familias políticas que gobiernan desde hace lustros el Líbano. Lo único claro es que «hay mucho en juego debido al delicado equilibrio entre los diferentes grupos confesionales», como apuntó a la agencia AFP Imad Salamey, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Beirut.

El Líbano, de 4 millones de habitantes y con 18 confesiones religiosas reconocidas, se rige por un sistema de reparto de poder entre musulmanes (chiíes, suníes y alauíes ) y cristianos (drusos y maronitas) exigida por la Constitución, tras la guerra civil de 1975 a 1990. Los 128 escaños del Parlamento se reparten a la mitad entre cristianos y musulmanes. Mientras la Presidencia recae en un cristiano maronita, la jefatura del Gobierno debe caer en manos de un musulmán suní y la y la del Legislativo, en un chií.

Las legislativas son el siguiente paso en el proceso de estabilización, tras estar más de dos años sin jefe de Estado hasta que en octubre del 2016 se eligiera a Michel Aoun. Las urnas deciden el futuro del actual primer ministro Saad Hariri, de capa caída no solo por el ascenso de su rival político, sino también por la crisis abierta a finales de año cuando anunció desde Riad su dimisión y semanas más tarde dio marcha atrás a su regreso a Beirut. El reino saudí fue acusado de retenerlo y obligarlo a renunciar en desafío a Irán.

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