Trump ficha al abogado que defendió a Bill Clinton frente al «impeachment»

Crece el temor en el entorno del presidente a su careo con el fiscal del Rusiagate

La defensa de Trump quiere evitar el interrogatorio de Mueller
La defensa de Trump quiere evitar el interrogatorio de Mueller

NUEVA YORK / E. LA VOZ

En plenas tensiones internas por los avances de Robert Mueller en la investigación del Rusiagate, Washington sufrió ayer un nuevo terremoto. Según The New York Times, Donald Trump reemplazará a su principal abogado, Ty Cobb, por Emmet T. Flood, un veterano letrado que representó a Bill Clinton durante su impeachment (juicio político) por el escándalo derivado de las mentiras en el caso de la becaria Monica Lewinsky.

La marcha de uno de los rostros que más veces trató con Mueller se produce en plenas negociaciones para que Trump testifique sobre la trama rusa. En este conflicto, el enfoque de Cobb es mucho menos agresivo que el que se espera que pueda traer Flood, un conocido tiburón de los tribunales que se hizo cargo de otras polémicas judiciales, como por ejemplo las filtraciones de Dick Cheney en el caso de Valerie Plame. «La gente va a pensar que esto significa que vamos a la guerra, pero yo no haría esa lectura», manifestó Cobb en un intento de calmar los ánimos y tras confirmar que su salida del equipo jurídico de la Casa Blanca tendrá lugar finales de mayo.

Hasta el momento, los abogados del presidente, liderados por el exalcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, continúan analizando las posibilidades que tiene el multimillonario para afrontar un careo con Mueller. A pesar de que Trump suele repetir que está ansioso por prestar declaración ante el fiscal especial, la realidad que trasladan desde su entorno es bien distinta. Todos los letrados del mandatario son conscientes de que una entrevista sería un campo de minas para el magnate, no solo por el largo historial de falsedades que tiene Trump, sino también por el nivel de detalle del propio cuestionario que maneja Mueller.

Dudas sobre el interrogatorio

Tras la filtración a la prensa de las 44 preguntas que el fiscal especial pretende hacer al presidente, quedó en evidencia que, para salir victorioso del interrogatorio, el presidente necesitaría un control de la información tan detallado que hasta su propio equipo duda de que lo fuese a conseguir. Es por ello que, según varios expertos legales, «el juego es parecer interesado y cooperar sin hacerlo».

Esta estrategia no llegará más allá del medio plazo tras difundirse la advertencia que el propio Mueller hizo a los abogados del presidente el pasado 5 de marzo. Según The Washington Post, todo sucedió en el marco de una reunión que el fiscal especial mantuvo con el equipo legal de Trump para abordar el posible interrogatorio. Ante la negativa de los letrados de la Casa Blanca, Robert Mueller los amenazó con una citación ante el gran jurado, un escenario que sería nefasto para el presidente teniendo en cuenta que, primero, el republicano no podría rechazarla y, segundo, que tampoco podría recibir en sala las recomendaciones de sus abogados. «Esto no es un juego. Estás jodiendo con el trabajo del presidente de Estados Unidos», le respondió nervioso el exletrado del republicano John Dowd, según cuatro personas que hablaron con el Post en condición de anonimato.

Peligra Rosenstein

La inquietud también se ha dejado notar en el Congreso, donde varios republicanos tratan de que el vicefiscal general y supervisor del caso que investiga la injerencia rusa y los vínculos entre el Kremlin y los responsables de la campaña electoral que llevó a Trump a la Casa Blanca, Rod Rosenstein, sea destituido. «Hay gente que me ha amenazado en público y en privado y deberían haber entendido ya que el departamento de Justicia no va a ser extorsionado», advirtió ayer Rosenstein. Su aviso fue desoído por el propio Trump que, sin pelos en la lengua y en relación a las pesquisas, clamó sin mesura en Twitter: «En algún momento no tendré otra opción que usar los poderes otorgados a la presidencia e involucrarme».

«Donald me dictó el certificado sobre su salud», afirma el exmédico del neoyorquino

«Él dictó el certificado. Yo no lo escribí». Con estas palabras el doctor Harold Bornstein, exmédico personal de Donald Trump, confirmó que el entonces candidato republicano le dijo palabra por palabra lo que el facultativo debía poner en su certificado médico. Fue en el 2015 cuando el magnate, en plena contienda electoral, quiso expedir el informe para después presionar a la demócrata Hillary Clinton para que esta también presentase su historial de salud. En el caso del de Trump, el texto no pudo ser más polémico, ya que Bornstein, con un lenguaje muy similar al estilo preferido de su paciente, sostuvo afirmaciones como que el multimillonario era «la persona más sana elegida hasta ahora para la presidencia» o que su fortaleza física y resistencia eran «extraordinarias». «Es una carta de humor negro», reveló el médico en una entrevista tras concretar, además, que Trump le dictó el contenido del certificado mientras el médico y su esposa paseaban por Central Park, en Nueva York.

Robo de los registros

Por si el esperpento no fuera suficiente, Bornstein denunció además el robo de todos los registros de la salud del mandatario estadounidense por parte del ex guardaespaldas de Trump Keith Schiller y otras dos personas. «Debieron estar aquí 25 o 30 minutos. Crearon mucho caos», dijo tras confesar haberse sentido «violado, asustado y triste», durante lo que describió como «un saqueo» a su oficina.

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