Lula deja huérfana a la izquierda brasileña

Así son las primeras horas en prisión del ex presidente brasileño condenado por corrupción


BRASILIA / CORRESPONSAL

Lula da Silva pasó sus primeras horas en la cárcel de Curitiba viendo en la televisión que encargó la final del campeonato paulista, que el Corinthians de sus amores ganó en los penaltis al Palmeiras. Una agónica victoria como la del llamado equipo del pueblo es lo que anhela el ungido como candidato del pueblo, ya que ni él ni el Partido de los Trabajadores renuncian a concurrir a las elecciones del próximo octubre. Por más que pese una condena de 12 años de prisión por corrupción y que, en teoría, la legislación le impida figurar en una candidatura. Los abogados de Lula siguen buscando cómo anular la prisión en segunda instancia del favorito según todas las encuestas para ocupar el Palácio do Planalto, mientras el partido pospone el debate sobre a quién apoyar si no fuera posible.

Fue significativo que Lula, en el masivo y efectista acto de entrega a la policía del sábado, cerrase su último discurso señalando a dos jóvenes políticos (por debajo de los 40 años) que no militan en el PT: Manuela D’Ávila (Partido Comunista do Brasil) y Guilherme Boulos (Partido Socialismo e Liberdade, PSOL). Ambos representan la savia nueva de una izquierda más ideológica y movilizada en un país enconado en posiciones antagónicas desde el impeachment de Dilma Rousseff.

Puede que Lula viese en D’Ávila y Boulos la posibilidad de mantener el pulso en la calle hasta las elecciones y también a dos políticos limpios de la sombra de corrupción que lanzó sobre el PT la operación Lava Jato. O quizás la falta de un nombre con gancho dentro del partido para aglutinar el voto popular bajo indicación del expresidente. En el PT, el que más suena como plan B es el exalcalde de São Paulo Fernando Haddad integrante de la cúpula de la formación y encargado de coordinar el programa político de cara a los comicios.

Lula dejó huérfana a la izquierda para enfrentar a la derecha oficialista y al ultra Bolsonaro. La mejor opción para recibir buena parte de sus votos es Ciro Gomes (Partido Democrático Trabalhista), exministro de Lula, pero fue muy comentada su ausencia en los días que el expresidente pasó atrincherado. La otra candidata progresista confirmada es Marina Silva (Rede Sustentabilidade). Mujer, negra y criada en las bases del PT, quedó sin embargo estigmatizada por su postura a favor del derechista Aécio Neves en la segunda vuelta de las elecciones del 2014, que ganó Dilma Rousseff.

En capilla está también Joaquim Barbosa, expresidente del Tribunal Supremo, el primer negro en ocupar ese cargo, eterno aspirante a la presidencia del gobierno. Acaba de afiliarse al Partido Socialista Brasileiro y como juez llevó la famosa causa del mensalão durante el mandato Lula, pero considera absurdos los procesos contra el exmandatario y su sucesora Rousseff.

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