Ambiente de guerra civil para unos, el fin de la impunidad para otros


La previa, el durante y el después de la encarcelación de Lula fue retransmitida 24 horas en directo por Globo, el gigante mediático brasileño al que la izquierda considera cooperador necesario en el proceso que intenta acabar con la carrera política del expresidente. El espectáculo televisivo fue seguido por cientos de millones de personas en un país donde las salas de espera de las consultas médicas tienen sintonizada el canal. La profunda división de Brasil entre partidarios y detractores de Lula se encona con cada minuto de televisión y con cada acontecimiento.

De un lado, voces como la del filósofo Vladimir Safatle, en la revista Carta Capital, apuntó a que Brasil vive «una fase cada vez más explícita de guerra civil», después de que la izquierda considerase ilegítimas medidas como el impeachment de Dilma Rousseff y ahora la condena y detención de Lula. De otro, la oposición al PT y también los desencantados con el partido, que consideran una buena noticia ver al expresidente entre rejas.

«El fin de la impunidad» es la frase en la boca de líderes de la derecha, como Geraldo Alckmin o João Doria, los grandes dirigentes del PSDB en São Paulo. Pero también de buena parte de la población, cansada de los casos de corrupción en todos los partidos y la sensación de que los políticos escapan o no cumplen sus penas de cárcel.

A pesar de la ola de violencia que afectó a la caravana de Lula por el sur del país semanas atrás, no se registraron grandes incidentes tras la decisión del Supremo y el anuncio de encarcelación de Lula. Miembros del Movimiento de los Sin Tierra cortaron carreteras en cinco estados, y se produjo un herido que se encaró a defensores del expresidente ante la sede del Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo, donde Lula se atrincheró en los últimos días.

Dimisión de Meirelles

En la mejor tradición de la política brasileña, no hay cierre de filas ni siquiera en un tema tan candente. El senador Roberto Requião, del PMDB (el mismo partido del presidente Temer), espetó en la Cámara Alta el mismo día de la detención de Lula: «el juez Sergio Moro cometió una ilegalidad y está al servicio del exterior», en alusión a EE.UU. Oliendo que tiene una oportunidad, el influyente ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, renunció al cargo para postularse en las elecciones, aunque no aclaró si pretende disputar la presidencia.

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