Máxima presión en Brasil sobre los jueces que deciden el futuro de Lula

El Supremo decide si los condenados en segunda instancia deben ir a prisión o si tienen derecho a agotar todos los recursos posibles


brasilia / corresponsal

En Brasil, donde la vida política está tan judicializada que no se entiende sin el Tribunal Supremo Federal (STF), los nombres de los jueces son más habituales que los de los ministros. Y, de esos magistrados, ninguno tan mediático ni controvertido como Gilmar Mendes. Considerado por la izquierda como el engrasador en el Supremo del impeachment de Dilma Rousseff, en la víspera de la decisión fundamental para el futuro político de Brasil (si el STF le concede a Lula da Silva un habeas corpus que le permita escapar de la cárcel) Mendes declaró: «Tener a un activo de Brasil como Lula en prisión daría una imagen negativa del país».

El Supremo decide hoy si los condenados en segunda instancia deben ir a prisión o si tienen derecho a agotar todos los recursos posibles (a ser posible hasta octubre, cuando se celebren las elecciones), contradiciendo una norma que la misma sala sancionó en el 2016. El propio Mendes ya votó a favor y en contra de la medida en dos casos distintos. Se intuye que volverá a cambiar su parecer una tercera para darle aire a Lula, porque además avisó: «Si animas para que A vaya a la cárcel, tienes que saber que detrás de él van B y C».

La presión sobre los jueces del STF es máxima, en la calle y en la prensa. La portada de la revista Isto é recoge, como el cartel de un wéstern, las fichas policiales y las condenas de Lula y destacados nombres de la política brasileña. «El STF decide si delinquir en Brasil sale más barato», titula. Su compañera de quiosco Veja fue un poco más allá: «O el STF mete a Lula en la cárcel, o acaba con la Lava Jato», ilustrando cada disyuntiva con una horca. O Globo afirma en su editorial: «El habeas corpus es un instrumento a a disposición de jueces del Supremo que quieren acabar con la prisión en segunda instancia. Para alivio de Lula y una gran bancada, en crecimiento, de políticos que temen ser condenados y sufrir la cárcel. El propio Michel Temer ve crecer esta amenaza».

Asociaciones de jueces y abogados han presentado firmas y escritos ante el Supremo en favor y en contra de la concesión a Lula de una medida que impediría su inmediata entrada en prisión para cumplir 12 años de cárcel. Pocos focos más calientes que el puesto sobre Rosa Weber, jueza del STF cuyo voto se antoja decisivo para deshacer un empate técnico en la sala, y que, de repente, es vista como figura clave en el futuro del país. Lula se dio el lunes un baño de masas en Río de Janeiro antes de que la capital Brasília se convierta en centro de manifestaciones a favor y en contra del líder acorralado de la izquierda.

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