Madre de la nación con claroscuros

Winnie Mandela fallecía ayer a los 81 años. Los casos de torturas, asesinatos y corrupción oscurecen el legado del símbolo de la lucha contra el «apartheid»


Redacción / La Voz

La carismática Winnie Madikizela-Mandela, fallecida ayer a los 81 años, fue símbolo de la lucha contra el apartheid de Sudáfrica durante casi cuatro décadas como esposa de Nelson Mandela, pero su tumultuosa vida está marcada por los claroscuros. De heroína por su valentía y activismo inquebrantable durante los 27 años que estuvo el primer presidente negro de Sudáfrica entre rejas pasó a ser demonizada por su presunta implicación en secuestros, torturas e incluso asesinatos, sin olvidar sus casos de corrupción. Aclamada por sus admiradores como uMama Wethu (madre de la nación) o vilipendiada por sus detractores como una mamba negra (una serpiente muy venenosa). Aunque su figura ha polarizado el país, su popularidad se mantuvo casi intacta hasta la vejez.

Nomzamo Winifred Zanyiwe Madikizela nació el 26 de septiembre de 1936 en Bizana, en la provincia de Cabo Oriental, al igual que Nelson. En 1955 fue la primera trabajadora social negra en un hospital de Soweto. Se casó con 21 años en junio de 1958 con Mandela, un abogado de 40 años, divorciado y con hijos. El activismo marcó al vida del matrimonio. «En realidad nunca hicimos vida de familia no podías arrancar a Nelson de su pueblo. La lucha contra el apartheid, la nación, llegaban siempre primero», escribió en sus memorias.

En los primeros años de los 38 que estuvieron casados, el líder del Congreso Nacional Africano (CNA) se vio obligado a entrar en la clandestinidad. En agosto de 1962, fue arrestado y Winnie se quedó sola con sus dos hijas Zenani y Zinzi. Fue acosada e intimidada por el régimen (estuvo varias veces en prisión y su casa sufrió varios atentados), pero nunca dejó de desafiar al aparato represor blanco. Esto le granjeó el aplauso internacional y la convirtieron en una las figuras de la lucha contra el segregacionismo.

No llegó a primera dama

El 11 de febrero de 1990, cuando escoltó hacia la libertad a su marido muchos vieron en ella a su primera dama negra. No fue posible. Se separaron dos años después de la salida de Madiba de la cárcel y dos años antes de que él se convirtiera en el primer presidente negro. Su divorcio fue efectivo en 1996.

«Era una gran figura de la lucha, un icono de la liberación, pero algo se torció de manera terrible», dijo de ella el premio nobel de la paz Desmond Tutu, amigo de Mandela y miembro de la Comisión Verdad y Reconciliación (TRC, por sus siglas en inglés).

Ese cambio se inició con la creación de su guardia personal, la Mandela United Football Club (MUFC), y sus métodos brutales. Sus turbios asuntos y su arrogancia destruyeron su matrimonio y la convirtieron en un estorbo para el ANC. El movimiento vivió con estupor su defensa de librarse de los traidores con «nuestras cajas de fósforos y nuestros collares», cuando informantes eran quemados vivos colocándoles neumático alrededor del cuello y rociándolos de gasolina). En 1998, la TRC declaró a Winnie «culpable políticamente y moralmente de violaciones de los derechos humanos» cometidas por sus guardaespaldas, después de que en 1991 eludiera con una multa la pena de seis años de prisión por complicidad en las agresiones a cuatro jóvenes.

También se cuestionó su modo de vida dado su tren de lujo desmesurado y sus gestiones financieras que terminaron en los tribunales( aunque consiguió suspender una condena por fraude). Nelson Mandela no le dejó nada en herencia y Winnie llevó el caso a los tribunales para recuperar, sin éxito, la casa familiar.

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