El voto conservador no logró colocar al pastor evangelista en la presidencia de Costa Rica

Los costarricenses, que en la primera vuelta de las presidenciales del pasado febrero dejaron fuera del juego político a los principales partidos tradicionales, el domingo de resurrección volvieron a romper los pronósticos de las encuestas: Carlos Alvarado, el candidato oficialista de centro-izquierda, derrotó de forma contundente al ultraconservador Fabricio Alvarado.


A CORUÑA

El pastor evangelista Fabricio Alvarado Muñoz, un predicador con escasa experiencia política que hace un año estaba en el quinto lugar de las preferencias de los electores, llegó a la segunda vuelta con una intención de voto de algo más del 43 %. Con un punto menos, Carlos Alvarado Quesada se impuso el domingo por más de 20 de diferencia, gracias a la participación masiva del electorado urbano que, en contra de lo que solía ser habitual, superó a la da la primera vuelta.

La campaña estuvo marcada por el debate religioso después de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), con sede en San José, emitiese una opinión consultiva en la que establecía que la nación centroamericana debía reconocer el matrimonio igualitario. En un país con un 67 % de católicos y un 22 % de evangelistas, que se localizan fundamentalmente en las zonas menos desarrolladas del país, donde las encuestas registraban un alto porcentaje de indecisos, el predicador evangelista prometía dar marcha atrás en las cuestiones suscitadas por el inoportuno pronunciamiento del CIDH, solo tres semanas antes del comienzo de la campaña electoral y su intención de voto creció como la espuma.

Alvarado Quesada ex titular de las carteras ministeriales de Trabajo y de Desarrollo Social, sostuvo sin titubeos en su campaña el mantenimiento del matrimonio igualitario, con lo que logró llegar a un sector del electorado que en unos comicios, sin cuestiones religiosas por medio, habría apostado por la abstención. «Somos un país que necesita cerrar las brechas históricas que hay entre hombres y mujeres, estamos comprometidos con una agenda de igualdad, un país que debe dar igualdad a las personas con discapacidad, a las personas adultas mayores, una fuerte mejora para nuestra niñez, dijo en sus primeras declaraciones tras conocerse los resultados el que el próximo ocho de mayo, a sus 38 años, se convertirá en el presidente más joven de la historia del país.

Entierro del bipartidismo

Estas elecciones presidenciales pasarán a la historia del país con la democracia más longeva de Centroamérica como las del entierro del biparitidismo. Por primera, ni el Partido de Liberación Nacional (PLN) ni el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), que hasta hace apenas un par de décadas concentraban el 90% de los votos, lograron superar el umbral del 40% de los sufragios y se quedaron fuera de la contienda, al igual que otros nueve partidos que presentaron candidatos. Contra todo pronóstico quedaron como finalistas Gerardo Fabricio Alvarado Muñoz, candidato del Partido de Restauración Nacional (PRN), que en los sondeos de finales del año pasado ocupaba el quinto, y Carlos Andrés Alvarado Quesada, del Partido Acción Ciudadana (PAC), pasó del cuarto puesto que le asignaban las encuestas a ser segundo en las urnas, con apenas 66.000 votos de diferencia entre ambos candidatos.

Algunos analistas, como Kevin Casas en nytimes.com advertían que «en el rutilante ascenso de Fabricio Alvarado en Costa Rica hay una señal de los caminos a los que puede conducir el desencanto político en América Latina: en una situación de pérdida de credibilidad de la élite política tradicional, los electores han encontrado atractiva una figura religiosa que proponga el retorno a las certezas morales que se han diluido en tiempos de relativismo, ambigüedad ideológica y oportunismo, que hoy definen la política democrática en todas partes».

 Los Alvarado

Los protagonistas de los nuevos tiempos de Costa Rica son Carlos Alvarado Quesada, un político nacido en 1980 que apenas cuenta con cuatro años de experiencia en cargos públicos. Periodista de formación, trabajó como jefe de prensa del grupo parlamentario mayoritario del PAC, en la Asamblea Legislativa en 2004. También fue asesor de la campaña presidencial de Ottón Solís y ocupó un cargo de gerencia con Procter & Gamble Latinoamérica en Panamá, desde donde regresó para dirigir la campaña del ahora presidente saliente, Luis Guillermo Solís. Fue Solís quien le dio la oportunidad de estrenarse como funcionario público al designarle presidente ejecutivo de Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS).

También fue ministro de Desarrollo Humano e Inclusión Social y dos años después tuvo a su cargo la cartera de Trabajo, puesto que dejó a inicios de 2017 para inscribirse como precandidato en la convención interna de su partido y ganar con holgura.

En sus tiempos de estudiante fue vocalista de diversas bandas costarricenses de rock progresivo, entre ellas Por Partes y Dramática, sabe tocar la guitarra y dice que la música «le cambió la vida». Aún le queda tiempo para la literatura. Ya ha escrito tres novelas, «La historia de Cornelius Brown» (2006) premio joven creación de la Editorial Costa Rica; «Las posesiones» (2011) y «Temporada en Brighton» (2015).

Gerardo Fabricio Muñoz, el otro Alvarado, de 43 años, a pesar de una advertencia del Tribunal Supremo de Elecciones para que dejase de utilizar la religión en la búsqueda de votos, pues es algo prohibido por la Constitución Política y el Código Electoral hizo de ese tema la bandera de su furibunda campaña. Las redes sociales, su principal soporte, se llenaron de comentarios de sus seguidores con alusiones a versículos de la Biblia y hay quienes afirman que Dios lo puso ahí para gobernar.

Su experiencia política se reduce a los 4 años como diputado en el actual periodo 2014-2018. Antes de ser diputado, Alvarado ejerció como periodista de la cadena de televisión Repretel y posteriormente se ha dedicado a su carrera como cantante de música cristiana y predicador, lo que le hace ser un buen orador y generar cercanía con la gente.

En su etapa como cantante hizo giras por todo el país llevando su música a templos evangélicos, una religión que profesa alrededor del 20 % de la población costarricense, según algunas encuestas. El plan de Gobierno del evangélico, elaborado en conjunto con figuras de otros partidos políticos que le dieron su adhesión tras la primera vuelta, contiene numerosas referencias a los valores cristianos y a la moral y promete «erradicar cualquier vestigio de la ideología de genero» en el sistema educativo. También ha anunciado la transformación del Instituto Nacional de las Mujeres en un Instituto de La Familia.

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