La «Marcha del Retorno» en Gaza desemboca en un baño de sangre

La represión israelí deja 15 muertos y 1.400 heridos, muchos manifestantes pacíficos

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Jerusalén / Colpisa

Gaza es una olla a presión y la «Marcha del Retorno» organizada el viernes para conmemorar el Día de la Tierra se convirtió un año más en una jornada sangrienta, la más trágica en la franja desde la guerra del 2014, en la que Israel mató a más de 2.500 personas, la mayoría civiles, según la ONU. Si aquella vez la ofensiva duró 40 días, esta vez los soldados tuvieron menos de 24 horas para abrir fuego contra los manifestantes que se acercaron a la verja de separación. Mataron a 15 y hubo 1.400 heridos.

El Ejército aseguró que se enfrentó a «una protesta violenta y terrorista en seis puntos a lo largo de la frontera» y que usó «fuego dirigido» donde había intentos por dañar o vulnerar la valla de seguridad. La versión oficial contrasta con las imágenes de jóvenes heridos de bala mientras rezaban o incluso a los que se disparó por la espalda, como Abed el-Fatah Abed e-Nabi, muerto cuando corría en dirección contraria a la verja en la zona de Yabalia, según las imágenes difundidas por los organizadores de una movilización que planean mantener en la frontera durante las próximas seis semanas.

En diciembre los militares también mataron de un disparo a Abú Thuraya, un palestino de 29 años con las dos piernas amputadas que protestaba sentado en su silla de ruedas y, debido al clamor internacional, se abrió una investigación para aclarar lo sucedido. Ayer, el día después la gran marcha, en la que participaron entre 30.000 y 40.000 personas, según las cifras que ofrecen israelíes y palestinos, fue una jornada de luto nacional en Palestina, tal y como decretó el presidente, Mahmud Abás, que responsabilizó a Israel de las muertes de los manifestantes.

«El gran número de mártires y de personas heridas en estas manifestaciones populares y pacíficas demuestra que la comunidad internacional debe intervenir para asegurar la protección de nuestro pueblo», señaló el veterano dirigente. Tras despedir a los quince fallecidos, cientos de personas se acercaron a dos puntos de la valla y se registraron nuevos choques con los soldados en los que hubo trece heridos, según fuentes médicas de la franja. Fue una movilización mucho menor que la de la víspera, pero se mantienen las tiendas de campaña y los organizadores seguirán llamando a los gazatíes a secundar las movilizaciones.

Más mano dura

Varias oenegés de derechos humanos, como la israelí Betselem, recordaron a los militares que «disparar contra manifestantes desarmados es ilegal y que la orden que lo permite también lo es». Esta agrupación advirtió ya antes de los incidentes que no se debe tratar las zonas de concentraciones como áreas de combate ni disparar con fuego real sobre los convocados. «Soldados armados y manifestantes desarmados no están en guerra», expresó en un comunicado.

Israel culpa de la situación a Hamás, facción islamista que desde hace una década está al frente de Gaza. Desde su llegada al poder, la franja está bloqueada tanto por israelíes, como por egipcios y la situación humanitaria se ha ido deteriorando con el paso de los años hasta hacerse insostenible. El portavoz del Ejército hebreo, Ronen Manelis, amenazó con incrementar la mano dura «si Hamás pretende seguir así y convertir la valla en un lugar de eventos violentos diarios hasta el 15 de mayo». «No vamos a permitir ese juego de ping-pong, ellos cometiendo actos terroristas camuflados de protestas y nosotros reaccionando: iremos más allá para acabar con la violencia», advirtió.

El grupo islamista solo admitió la muerte de cinco de sus milicianos durante la protesta del viernes.

La ONU reclama una investigación independiente

La gran marcha por el derecho de retorno, que pide el regreso de los refugiados palestinos a las tierras de las que les expulsaron tras la creación del Estado judío, coincidió este año con el Día de la Tierra, un homenaje que se rinde anualmente cada 30 de marzo a seis árabes israelíes muertos en 1976 en manifestaciones contra la confiscación de tierras por Israel.

Mientras grupos de jóvenes se acercaron a la valla con neumáticos ardiendo y piedras, la inmensa mayoría de los asistentes, familias enteras con ancianos y niños, se quedaron a una distancia prudencial. Los organizadores pretenden mantener la tensión en los 65 kilómetros de frontera hasta el 15 de mayo, día de la «nakba» en el que los palestinos conmemoran «el desastre» que supuso para ellos la creación de Israel. Un día antes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tiene previsto acudir a Jerusalén para inaugurar su Embajada, una medida que seguro provocará nuevos choques como ya ocurrió cuando el presidente estadounidense comunicó su decisión de trasladar la legación de Tel Aviv a la ciudad santa.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, pidió una «investigación independiente y transparente» sobre los mortíferos enfrentamientos. El Consejo de Seguridad se reunió de urgencia ya el mismo día de los enfrentamientos, pero no llegó a un acuerdo sobre una declaración conjunta.

La reunión, solicitada por Kuwait, se encontró con las resistencias de EE. UU. y el Reino Unido, que expresaron su inquietud por el calendario de la reunión, ya que la Pascua judía empezó el viernes por la noche, lo que entrañaba la ausencia de responsables israelíes, y los embajadores de varios miembros del Consejo enviaron a sus adjuntos.

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