El fracaso europeo con los refugiados: 500 muertos en el Mediterráneo en 2018

Se cumplen dos años del acuerdo migratorio entre Turquía y la UE. España ha realojado a solo un 14,5% de los migrantes que había comprometido


Redacción

La foto de Aylan Kurdi tendido bocabajo junto a la orilla despertó a Bruselas. Los países de la Unión intentaron reaccionar entonces ante la avalancha de personas que se jugaban la vida para pisar suelo europeo. A las costas mediterráneas habían llegado 1,4 millones de migrantes en 2015 y 2016 huyendo del hambre y la guerra. Los países miembros trazaron en septiembre de ese primer año un plan conjunto: por primera vez, los estados gestionarían de forma conjunta el desembarco de exiliados.

Se fijó el realojo de 160.000 personas llegadas a Italia y Grecia entre los países miembro, aunque con el paso de los meses acabó rebajándose el número a menos de 100.000. Según los datos de la Comisión Europea publicados el 14 de marzo, 33.864 han encontrado cobijo en un nuevo país. El porcentaje es menor en España, después de asumir un 14,5% de los refugiados que había comprometido. Le superan todos los países de la zona Euro salvo Eslovaquia y Austria. Incluso Rumanía, cuyo gobierno votó contra del sistema de reparto a diferencia del español.

Los ministros Alfonso Dastis y Juan Ignacio Zoido ya advirtieron de que las cuotas pactadas eran poco realistas. El ministro de Interior justificó que el bajo índice de realojos en España se debía al «complejo sistema» establecido por la Unión Europea y predijo que el resto de países no superaría el 10% de cupo.

Bruselas terminó por añadir más filtros al reasentamiento y decidió trasladar solo a aquellos con altas probabilidades de recibir el estatus de refugiado, elevando su adjudicación al 75% de reconocimiento. Ciudadanos de países como Siria, Eritrea o Irak se encontraron así con nuevos problemas para quedarse en suelo europeo.

El reparto de cuotas no fue la única solución que encontraron los países miembro. Este martes se cumplieron dos años de la entrada en vigor de un acuerdo entre la UE y Turquía que tenía la intención de aliviar la carga migratoria en Grecia. Los llegados a las islas helénicas serían deportados posteriormente al país otomano. A cambio, el Gobierno de Erdogan recibió una partida de 3.000 millones de euros a la que se sumará otra de similar importe.

«El número de llegadas por mar había comenzado a disminuir de forma drástica en noviembre de 2015 y no se vio impactado de forma significativa por el acuerdo de marzo de 2016», aseguró Raphael Shilhav, asesor de política migratoria de la UE en Oxfam, a la agencia Europa Press. «Actualmente, unas 13.000 personas permanecen en las islas en alojamientos que están preparados para albergar a la mitad de esa cifra», subraya el asesor de Oxfam.

El Mediterráneo sigue siendo escenario de una de las mayores crisis humanitarias vividas en el continente tres años después de la primera oleada de refugiados. Y, sin embargo, Europa ofrece gestos con los que parece virarle la espalda. La negativa de los países del Este a alojar inmigrantes irregulares, el ascenso de la ultraderecha en las recientes elecciones de Austria y Alemania o el discurso xenófobo de Viktor Orbán, presidente de Hungría, son muestras de ello. Se suma desde el lunes la inmovilización del barco de Proactiva Open Arms, dedicado al salvamento de refugiados, ordenada por las autoridades italianas tras «promover la inmigración irregular» en el Mediterráneo. Entre enero y marzo de 2018, 495 perecieron o se encuentran desaparecidos en ese mar.

Los llegados a España

A España han llegado más de 2.000 personas de forma irregular en lo que va de año. Los datos de la Organización Internacional para las Migraciones señalan que unos 1.400 lo hicieron a través del mar, principalmente en pateras o cayucos, mientras que 782 lo hicieron a pie. Este último duplica el número de migrantes que lo hicieron por vía terrestre a Grecia (393) o Bulgaria (152), los países que más sufrieron la avalancha de 2015 por su proximidad a Turquía y el Este del Mediterráneo.

Más de 28.000 lo hicieron a lo largo de 2017. La mayoría por mar y un 22% saltando las vallas de Ceuta y Melilla, por lo que la nacionalidad más común de los recién llegados es la marroquí.

Una vez en España les espera un largo proceso para quedarse o ser de nuevo deportados a sus países. La Cruz Roja es el primer organismo en atenderles hasta ser trasladados a las fuerzas de seguridad del lugar de recogida para su identificación. Una vez realizada, son enviados a los CIEs repartidos por el país, donde permanecen un máximo de 60 días.

En caso de que no se produzca una orden de expulsión, los inmigrantes son transferidos a los centros de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR, con capacidad para 2.354 beneficiarios). Los que lo hacen por tierra, cruzando la frontera de Ceuta y Melilla, ingresan en los CETI previamente.

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