Los eurófobos aplauden el sabotaje de Trump al «brexit» y la unidad europea

La magnitud del desafío proteccionista de EE.UU. pone contra las cuerdas a la UE


bruselas / corresponsal

Primero fueron las aceitunas negras españolas y ahora el acero y el aluminio. El presidente estadounidense, Donald Trump, sigue adelante con su ofensiva comercial contra la Unión Europea. La imposición de aranceles a las importaciones de estos metales ha puesto en pie de guerra a sus socios europeos. Más allá del impacto económico limitado que supone para algunas economías de la zona euro (Alemania solo vende al país norteamericano un 4,4 % del total de sus exportaciones), el gesto político, desafiante y provocador, es de primera magnitud.

La Administración Trump ha dado un paso más en la lucha sin cuartel que ha declarado a sus históricos aliados atlánticos. Cree que «las guerras comerciales son buenas» y como en toda contienda, la división entre las filas del rival es la estrategia acertada. A eso se está dedicando el magnate, quien no ha desaprovechado la oportunidad que le brinda el brexit para generar discordia al otro lado del Atlántico. Lo hizo al ofrecer un trato privilegiado al Reino Unido, al que quiere eximir de la obligación de pagar aranceles. Siguiendo el rebufo de Trump, los eurófobos británicos insistieron ayer en sabotear el brexit y se lanzaron a la yugular de la premier Theresa May para forzarla a seguir la vía dura, sin transiciones ni cesiones políticas a los 27.

El populista del UKIP, Nigel Farage, arremetió contra las «presiones» de la Comisión Europea en las negociaciones del divorcio y abanderó ayer en la Eurocámara a los partidarios de recoger la cuerda tendida por Trump. «Ahora estamos en disputa con EE.UU. Atrapados sin poder actuar y por eso tenemos que liberarnos, tomar nuestras propias decisiones para tratar con ellos en 48 horas. Ayer mismo Trump nos definía como su mejor aliado en el mundo», subrayó antes de exigir a May que «haga como Trump» y se mantenga «firme» frente a Bruselas.

La premier asegura que seguirá alineada con los socios europeos, pero ¿por cuánto tiempo? Las presiones son enormes. Ayer se llegó a calificar la posición del Reino Unido respecto a la UE como de «vasallaje».

La euroescéptica Janice Atkinson se sumó a la ofensiva: «El secretario de Comercio de EE.UU. nos dijo que no tomásemos la píldora venenosa de la UE. Podemos llegar a un acuerdo con ellos en 48 horas. Es verdad», recordó antes de acusar a los líderes europeos de ser «proteccionistas».

La maniobra de Washington puede sentar un precedente muy peligroso, no solo para los intereses comerciales, también para los políticos y el transcurso de las negociaciones con el Reino Unido. Todavía hay que cerrar el acuerdo de salida y el de la futura relación con los británicos. Las señales de alarma se han encendido en Bruselas. «El señor Trump ha anunciado aranceles contra la producción siderúrgica de la UE. Necesitamos unidad. También entre los británicos y nosotros. La supervivencia de Europa va en ello», admitió con una franqueza inusual el alemán conservador, Elmar Brok.

La industria germana presiona para que el acuerdo de relación futura con el Reino Unido sea lo más flexible y abierto posible. Pero May está encontrando mucha resistencia en casa con los euroescépticos de la oposición y una parte de su partido apoyando la estrategia de Trump para dinamitar la unidad de la UE y sabotear el brexit. Prueba de ello fue su renuncia a la unión aduanera y al acceso al mercado de la Unión.

La Eurocámara insiste en que un mal acuerdo con Londres es mejor que el caos

La tensa y delicada situación que ha propiciado la irrupción del inquilino de la Casa Blanca en la pugna entre la Unión Europea y el Reino Unido aboca a los Veintisiete, creen los eurodiputados, a adoptar un enfoque más suave en las negociaciones para evitar lo que todos temen: que el 29 de marzo del 2019, cuando termine el plazo, los británicos se vayan del bloque sin un acuerdo y dejando la impresión al resto de socios europeos de que sale más a cuenta estar fuera que dentro de la UE.

«Si llega el brexit, que no sea duro, que se traduzca en un divorcio entre amigos, que impere el sentido común», pidió ayer el eurodiputado holandés Peter Van Dalen. También el popular español, Esteban González Pons, trató de persuadir a los negociadores británicos. «La UE se quedará incompleta sin el Reino Unido. Reino Unido estará perdido. El caos y el pensamiento mágico no es una política», sostuvo.

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