Catástrofe al volver del paraíso

Mueren ocho amigas de la «jet set» turca al caer un avión en la cordillera Zagros, donde hace un mes se estrelló otra nave


redacción / la voz

El 2017 no registró ningún accidente mortal de aviones con pasajeros, convirtiéndose así en el año más seguro desde que existen vuelos comerciales. Nada que ver con el arranque del 2018. Solo en el primer trimestre del año la cordillera Zagros (entre Irak e Irán) se ha convertido en un punto negro donde dos accidentes de aviación han dejado más de setenta víctimas mortales. Uno de ellos hace solo dos días, cuando un jet privado se estrellaba por causas desconocidas en esta cadena montañosa, arrasando con la vida de las ocho pasajeras y los tres miembros de la tripulación que iban abordo.

La noticia, más allá de señalar esta zona como enclave catastrófico, ha provocado el estupor generalizado debido a que las pasajeras son un grupo de jóvenes amigas que regresaban a Estambul procedentes de Dubái, donde habían pasado unos días rodeadas de lujo y exclusividad celebrando la despedida de soltera de Mina Basaran, famosa instagramer de 28 años e hija de un conocido empresario turco.

Precisamente en esta red social, donde contaba con más de 85.000 seguidores, Basaran fue desgranando lo bien que se lo pasaba con sus amigas, que también perecieron en el accidente -dos de nacionalidad española aunque de origen turco- en el concierto que la cantante Rita Ora ofreció en la ciudad emiratí o en una sesión de spa en el hotel en el que se alojaban. La desgracia acechaba, pero ellas eran inmunes a lo que el destino les tenía preparado. Un final con demasiadas interrogantes que sus familiares esperan poder resolver con la información que se extraiga de las cajas negras.

Por el momento reina la confusión en torno a lo ocurrido. Aunque testigos del siniestro afirman que el avión comenzó a arder antes de tocar tierra. Por otro lado, los datos del FlightRadar24 muestran que unos 80 minutos después de despegar la nave, esta rápidamente ganó altitud y después cayó más de 3.050 metros antes de desaparecer del radar. El avión, un Bombardier Challenger 604, pertenecía al grupo Basaron Holding, del padre de la prometida.

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