Revuelta contra Renzi en su partido por no querer pactar con 5 Estrellas

Gentiloni se enfada con él por acusarlo de que lo obligó a hacer una campaña técnica


Roma / Corresponsal

Se ha declarado la guerra dentro del Partido Democrático (PD) tras la clamorosa derrota que sufrió el domingo, con el peor resultado de su historia, tan solo el 19,5 % de los votos, y es una guerra que tiene mala pinta. La dimisión aplazada del secretario general, Matteo Renzi, así como su anuncio de pasar a la oposición cerrando la puerta a cualquier negociación con Luigi Di Maio, del Movimiento 5 Estrellas (M5E), con el fin de favorecer un gobierno, ha exasperado los ánimos de algunos de los pesos pesados del partido.

Una de las voces más críticas hasta el momento es la del presidente de Piamonte, Sergio Chiamparino, quien a la pregunta sobre un eventual apoyo de su formación a un Ejecutivo con los populistas respondió: «no se puede decir que no hablaremos con ellos, nunca decir jamás. Yo hablo todos los días con la alcaldesa Appendino (de M5E). No es ningún tabú». Chiamparino, quien dijo estar dispuesto a presentarse al cargo de secretario, no se encuentra solo. Entre los que también están dispuestos a una alianza con M5E está el gobernador de la Apulia, Michele Emiliano, antiguo rival de Renzi por el control del PD.

Curiosamente, desde el Movimiento 5 Estrellas se abre la puerta hacia una posible alianza con el PD a condición de que prescinda del concurso de Renzi. Entre los de Di Maio hay muchos partidarios de abrir vías de diálogo con la izquierda y, en este sentido, preparan una lista con 10 puntos programáticos que presentarán a los otros partidos.

Mientras tanto, las dimisiones entre los fidelísimos de Renzi se suceden. Hasta ahora la han presentado la gobernadora del Friuli, Debora Serracchiani, que ha dejado su puesto en la secretaria nacional al igual que los secretarios regionales de Campania, Las Marcas y Umbria. Y mientras estos abandonan, el ministro de Desarrollo Económico en funciones, Carlos Calenda, anuncia su intención de inscribirse en el partido porque «no es necesario hacer otro partido sino trabajar para levantar el que ya existe», unas palabras que han sido muy bien acogidas en las filas progresistas, incluso entre los más fieles a Renzi.

Entre los más dolidos con el ex secretario se encuentra el jefe del Gobierno, Paolo Gentiloni, que se ha sentido «sorprendido» y «enfadado» por las palabras de Renzi en la rueda de prensa en la que anunció su renuncia, en el sentido de que le había obligado a «hacer una campaña técnica». Así lo afirma el diario La Repubblica que asegura que el sector del partido anti-Renzi está tanteando a Gentiloni para que lidere el cambio.

La reacción de Matteo Renzi no se ha hecho esperar y, si primero había anunciado que no estaría presente en las tradicionales consultas que el presidente de la República hace con todos los partidos porque «se iba a esquiar», más tarde cambió de idea retando a sus compañeros a que acudan a la reunión de dirección del partido el próximo lunes para «decir si quieren sostener a la derecha o a 5 Estrellas». Insistió en su tesis de que «para mí el PD tiene que estar donde lo han puesto los ciudadanos, en la oposición».

El sistema se abre ya a los antisistema 

Los antisistema del Movimiento 5 Estrellas no asustan al sistema porque «son democráticos». Con gran dosis de pragmatismo, Confindustria, la potente asociación de empresarios de Italia, dio de esta manera su visto bueno a la posibilidad de un Gobierno con Luigi Di Maio al frente. Su presidente Vincenzo Boccia fue claro sobre lo que esperar del próximo Ejecutivo. «Creemos que algunas medidas han sido efectivas en la economía real y desmontarlas significaría frenar. En cambio, tenemos que acelerar para aumentar la ocupación en el país». En la misma línea se manifestó el administrador delegado de Fiat, Sergio Marchionne. «A Salvini y Di Maio no los conozco pero no me asustan. Hemos tenido cosas peores», dijo en Ginebra añadiendo además que tenía «una gran confianza en el país».

Las dos fuerzas ganadores toman posiciones para negociar apoyos que les permitan formar acuerdos de gobierno. Luigi di Maio ultima con sus colaboradores del M5E una lista de 10 puntos programáticos que propondrá a los demás partidos de manera «transparente y sin extraños acuerdos secretos». Preguntado Beppe Grillo con quién se aliará el Movimiento, su respuesta fue nítida: «hay un jefe político» en referencia a Di Maio y al intento del cómico de alejarse cada vez más de su «criatura», a la que definió como «un poco de derechas, un poco de izquierdas y un poco de centro».

La desilusión de Berlusconi

No se esperaba Silvio Berlusconi que la Liga superase a Forza Italia. Estaba convencido que su carisma era suficiente para atraer a los votantes de derecha y por esto se sintió desilusionado y, sobre todo, sorprendido con los resultados. Tras este primer momento, el ex Cavaliere, después de haberse reunido con Matteo Salvini, se ha puesto manos a la obra para encontrar los apoyos parlamentarios que le faltan a la coalición para formar gobierno. «Seré el regidor del centro derecha y el garante de una coalición compacta», declaró ayer.

Por su parte el líder de la Liga se mostró «muy contento por el centro derecha compacto. Iremos juntos al Quirinal (sede del presidente de la República). Somos la primera coalición y la esperanza para los italianos». Añadió que aceptarán a «quién quiera apoyar nuestro programa pero no haremos acuerdos de partido». En un guiño al PD explicó que «hay una tradición de izquierda que mira a la Liga e intentaremos recoger estas fuerzas que algún otro ha perdido».

Otro peldaño más hacia la irrelevancia en Europa

cristina porteiro

Los resultados de las elecciones italianas ahondan en la prolongada crisis de la socialdemocracia

Los socialdemócratas queman los últimos cartuchos. Las urnas certifcaron el domingo el último y puede que definitivo batacazo de la familia progresista europea. Con los nefastos resultados italianos, se quedarán fuera del gobierno en cuatro (Reino Unido, Francia, España e Italia) de las cinco grandes potencias de la UE.

 ¿Es el naufragio de Italia una excepción?

No. Es la guinda a una década en caída libre en toda la UE. La hemorragia de votos no ha hecho más que agravarse en los últimos años. El Pasok griego ya es historia. Los helenos optaron por los radicales de Syriza para evitar que su país volviese a doblar las rodillas ante la troika. En Francia no llegaron a pasar de la primera vuelta de las presidenciales. Benoît Hamon tuvo que conformarse con la quinta posición. Sus votos se fueron a la izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon y al liberal Emmanuel Macron. Peor suerte corrió la socialdemocracia en Holanda. El partido del expresidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, ha pasado a ser una fuerza residual. Solo lograron una séptima posición. En Austria la ultraderecha progresa apoyada en los conservadores, quienes no han querido arriesgar pactando con la socialdemocracia el pasado octubre. Prefirieron optar por los xenófobos del FPÖ. Dinamarca es uno de los pocos escenarios donde los progresistas todavía ganan elecciones, pero no gobiernan. La falta de entendimiento entre la izquierda y la falta de escrúpulos de los liberales empujaron al bloque de la derecha al poder. En Bélgica han quedado totalmente arrinconados de la coalición cuatripartita. Al Gobierno eslovaco de socialdemócrata solo le queda el nombre tras su giro populista y anti inmigración. En los países del este de Europa se han convertido en un recuerdo, a excepción de Rumanía.

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