Otro peldaño más hacia la irrelevancia en Europa

Los resultados de las elecciones italianas ahondan en la prolongada crisis de la socialdemocracia


bruselas / corresponsal

Los socialdemócratas queman los últimos cartuchos. Las urnas certifcaron el domingo el último y puede que definitivo batacazo de la familia progresista europea. Con los nefastos resultados italianos, se quedarán fuera del gobierno en cuatro (Reino Unido, Francia, España e Italia) de las cinco grandes potencias de la UE.

 ¿Es el naufragio de Italia una excepción?

No. Es la guinda a una década en caída libre en toda la UE. La hemorragia de votos no ha hecho más que agravarse en los últimos años. El Pasok griego ya es historia. Los helenos optaron por los radicales de Syriza para evitar que su país volviese a doblar las rodillas ante la troika. En Francia no llegaron a pasar de la primera vuelta de las presidenciales. Benoît Hamon tuvo que conformarse con la quinta posición. Sus votos se fueron a la izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon y al liberal Emmanuel Macron. Peor suerte corrió la socialdemocracia en Holanda. El partido del expresidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, ha pasado a ser una fuerza residual. Solo lograron una séptima posición. En Austria la ultraderecha progresa apoyada en los conservadores, quienes no han querido arriesgar pactando con la socialdemocracia el pasado octubre. Prefirieron optar por los xenófobos del FPÖ. Dinamarca es uno de los pocos escenarios donde los progresistas todavía ganan elecciones, pero no gobiernan. La falta de entendimiento entre la izquierda y la falta de escrúpulos de los liberales empujaron al bloque de la derecha al poder. En Bélgica han quedado totalmente arrinconados de la coalición cuatripartita. Al Gobierno eslovaco de socialdemócrata solo le queda el nombre tras su giro populista y anti inmigración. En los países del este de Europa se han convertido en un recuerdo, a excepción de Rumanía.

 ¿Dónde sobrevive?

Portugal ha encontrado una fórmula exitosa: la coalición entre la socialdemocracia y la izquierda. A pesar del fin del bipartidismo, en España consiguieron frenar el anunciado sorpasso de Podemos. En Suecia todavía conservan el control del Ejecutivo y en Alemania se han visto obligados a pactar con los conservadores de Merkel para garantizar la gobernabilidad, una decisión que deja todo el espacio de la oposición a los euroescépticos del AfD.

 ¿Por qué está en crisis?

«Los socialdemócratas representaban la reconciliación entre el Estado y el mercado desde la izquierda», señalaba el pasado octubre el investigador del Elcano, Andrés Ortega. Izquierda y centro derecha siempre han mantenido las distancias ideológicas entre ellas, respetando una piedra angular: «la democracia liberal, capitalista». Pero eso ha saltado por los aires con la globalización. El electorado de izquierda ha sufrido en sus carnes la deslocalización y asumido el grueso de la crisis mientras se disparaban los movimientos migratorios hacia el Viejo Continente. La señal es clara. Su electorado quiere más protección. Ese deseo ha sido explotado por otras fuerzas en forma de ultranacionalismo y proteccionismo.

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