Holanda lidera una rebelión contra las reformas de Macron para Europa

Los países del norte bloquean la ruta del galo y se niegan a compartir riesgos con el sur


Bruselas / Corresponsal

El «nein» alemán deja paso al «nee» holandés. El pacto de gobierno de la canciller Angela Merkel con los socialdemócratas ha obligado a los halcones y fieles escuderos del país germano a salir de la cómoda retaguardia para reivindicar la ortodoxia fiscal y presupuestaria en la zona euro.

Ámsterdam ya no puede confiar en que Berlín siga bloqueando el apetito reformador de París, Bruselas y los países del sur, así que se ha lanzado a la búsqueda de aliados para frenar los avances en la mutualización de riesgos y en la creación de un presupuesto para abordar crisis soberanas, dos promesas pos crisis que todavía no se han cumplido.

A la cruzada se han sumado los países nórdicos (Dinamarca, Suecia y Finlandia), los bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) y el tigre celta, Irlanda. El primer ministro holandés, Mark Rutte, ya se mostró en la última cumbre europea beligerante contra todo lo que sonase a transferencias al sur. «Pueden estar seguros de que haré todo lo que esté en mi mano para evitarlo (un aumento del presupuesto europeo). Y ese parece ser el camino que va a adoptar en los debates sobre el futuro de la zona euro.

En un comunicado conjunto, las siete capitales detallan todas las líneas rojas que no van a cruzar, o lo que es más fácil, las que están dispuestas a traspasar: culminar la unión bancaria y convertir el actual Mecanismo Europeo de Estabilidad (Mede) en un Fondo Monetario Europeo. Y ya. Ni presidente del Eurogrupo ni presupuesto de la eurozona, ni transferencias, ni compartir riesgos, como demandaban Macron y Bruselas.

No contentos con sabotear la hoja de ruta de los países del sur, a los que se les prometieron reformas una vez que salieran de la crisis y cumpliesen a rajatabla las exigencias del Pacto de Estabilidad, los siete socios mandan un recado a España, Italia, Portugal y Grecia. «Una Unión Económica y Monetaria fuerte requiere en primer lugar más acciones decisivas a nivel nacional y pleno cumplimiento de las normas comunes. Eso comienza por aplicar las reformas estructurales», deslizan antes de sugerir a sus vecinos que ahorren y gestionen sus propias huchas para tiempos de crisis.

No se queda ahí el rapapolvo. Con un discurso a medio camino entre el topicazo y el desprecio, los siete exigen al resto de países «responsabilidad» y compromiso para aplicar reformas estructurales so pena de perder los fondos europeos. La obsesión de una parte de los mal llamados «contribuyentes netos» por vincular el desembolso de ayudas al cumplimiento de las normas sigue concentrada en los países menos ricos. Nada se dice sobre la posibilidad de congelar esos mismos fondos a los países que, como Irlanda, Holanda o Luxemburgo, se enriquecen a costa de la competencia fiscal desleal a sus vecinos, cuyas haciendas pierden cada año miles de millones de euros por la fiscalidad a la carta que ofrecen a las multinacionales.

Con Italia fuera de juego, España ensimismada en sus problemas territoriales y un eje francoalemán débil, la zona euro sigue condenada a permanecer en un callejón sin salida, a medio terminar y con el miedo de que aparezca una nueva crisis que acabe con el proyecto común.

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