Irlanda del Norte lleva la negociación sobre el Brexit al borde del colapso

May rechaza de plano el borrador del acuerdo de salida divulgado por Bruselas

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bruselas / corresponsal

Irlanda del Norte. En ese pequeño enclave insular es donde han acabado encallando las negociaciones del brexit. El proceso de desconexión del Reino Unido de la UE está al borde del colapso después de que el negociador europeo, Michel Barnier, presentase ayer un borrador del acuerdo de salida. Un testamento de 118 páginas en el que se detallan los términos del divorcio que el Gobierno británico rechaza de plano.

El futuro de la frontera hoy invisible entre las dos Irlandas ha sembrado la discordia entre Londres y Bruselas. El francés dejó claro ayer que, a falta de propuestas británicas, Irlanda del Norte tendrá que integrarse en la unión aduanera y cumplir con toda la normativa de la UE tras el brexit para evitar una «frontera dura» y perturbaciones en el funcionamiento del mercado único. La primera ministra británica, Theresa May, no tardó en salir al paso para rechazar una maniobra que «amenaza la integridad constitucional del Reino Unido» y que «ningún primer ministro consentiría jamás».

En la práctica, la propuesta de Barnier supondría un alineamiento normativo de Irlanda del Norte con la UE. Una ruptura que May no está dispuesta a aceptar, al menos mientras su frágil Gobierno dependa del apoyo de los unionistas del DUP. El abanico de posibilidades solo le deja otra alternativa a la premier: conducir a su país hacia la unión aduanera para evitar fragmentaciones en su territorio, la opción que defiende el laborista, Jeremy Corbyn. No lo tendrá fácil. May se resiste con la intención de contentar al ala dura de su partido, partidaria de romper todos los vínculos con la UE y encaminar al país al brexit duro, su único salvoconducto para evitar un derrocamiento.

Barnier niega haber movido ficha para provocar una crisis en Reino Unido y forzar la caída del Gobierno británico, pero lo cierto es que ha acorralado a May. El galo no cede. La extensión de la prórroga deberá ser limitada y Londres tendrá que respetar las normas que apruebe la UE durante ese período transitorio. Su presencia en las instituciones europeas será historia. Tampoco podrán restringir los derechos a los europeos que aterricen en el país durante la desconexión. Además la jurisdicción del Tribunal de Justicia de la UE deberá prolongarse ocho años tras la consumación del brexit. «No deberían sorprenderse. No quiero provocar convulsiones, pero sigue habiendo importantes y excesivas divergencias», reconoció ayer. Además pide más ritmo en las negociaciones. «Hay que acelerar. En 13 meses dejarán de ser un Estado miembro de la UE, que es lo que han querido».

El tiempo corre y Londres insiste, desesperada, en tantear un acuerdo de divorcio a la carta. Restringiendo derechos a los europeos y reservándose el libre acceso al mercado único sin rendir cuentas de posibles incumplimientos del Tratado de salida. Barnier despachó el tema con un portazo. «Sería una ilusión pensar que la UE aceptará una lista de compra con todos sus caprichos».

Aún quedan citas importantes por tachar en el calendario. Este mes está previsto que el Consejo Europeo apruebe directrices para empezar a perfilar la futura relación comercial. Los trabajos podrían sufrir retrasos si May sigue caminando en círculos en torno al acuerdo de salida. Para el otoño deberá estar todo listo para que la Eurocámara y los parlamentos nacionales voten el acuerdo de divorcio.

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